Celebremos y vivamos la Pascua

Mons. Francesc Pardo i Artigas           La noche de Pascua, durante la vigilia, tras bendecir el fuego nuevo, encender el cirio pascual y, con su llama, los cirios de los fieles, se proclama el pregón pascual o el anuncio de la Pascua. Es un canto de una gran belleza y profundidad que, con imágenes elocuentes y contenidos bíblicos, proclama la resurrección de Cristo y las consecuencias de este hecho para cada persona y para la humanidad.

Anoto algunos fragmentos de este pregón:

Esta es la noche

en que, rotas las cadenas de la muerte,

Cristo asciende victorioso del abismo.

 

¿De qué nos serviría haber nacido

si no hubiéramos sido rescatados?

 

Y así, esta noche santa

ahuyenta los pecados,

lava las culpas,

devuelve la inocencia a los caídos,

la alegría a los tristes,

expulsa el odio,

trae la concordia,

doblega a los poderosos,

convierte a las naciones.

¡Qué noche tan dichosa

en que se une el cielo con la tierra,

lo humano y lo divino!

Sirvan estas expresiones como una primera muestra de lo que celebramos en la Pascua y, de una manera intensa, durante la vigilia pascual.

Si hemos contemplado a Cristo en su despedida, en su pasión y en la cruz, en las celebraciones, con más motivo nos corresponde participar en su resurrección.

No podemos olvidar nunca que creemos en Cristo, muerto y resucitado. La resurrección es la piedra de toque o cimiento de nuestra fe.

Con frecuenta nos sucede, incluso de forma inconsciente, que nuestra fe en Jesucristo se detiene en el hecho de su muerte, tras admirar su vida, pero no alcanza a asumir su resurrección y lo que significa para nuestra existencia concreta, para la humanidad y para su historia.

Nos es necesario experimentar con certeza que en Cristo se han unido el cielo la tierra, que el hombre reencuentra a Dios, que hay redención, que las culpas nos son perdonadas, que a los caídos les es retornada la inocencia y la alegría es devuelta a los tristes, que el odio ha sido expulsado y recuperada la concordia.

El pregón se inicia con estas palabras:

Exulten por fin los coros de los ángeles,

Exulten las jerarquías del cielo,

Y, por la victoria de Rey tan poderoso,

que las trompetas anuncien la salvación.

Podemos actualizar esta exultación: que exulten de alegría las personas mayores que han vivido intensamente muchos momentos de alegría y de dolor, de ilusiones y fracasos. Conscientes que vivimos la última singladura de la vida, con mayores o menores fuerzas y salud, la resurrección ha de llenarnos de esperanza porque nos espera una existencia futura en plenitud. La debilidad física y la decadencia vital no son ni el final ni la última palabra, ya que participamos de la resurrección de Cristo.

Que exulten de alegría los padres y madres de familia. Asumid la responsabilidad de vuestra propia vida y la de todos los vuestros. Dedicáis muchas horas de trabajo a conseguir el pan de cada día, y muchas horas de atención a los hijos, a las tareas domésticas… La resurrección de Jesús asegura que Él estará presente junto con sus dones en vuestro quehacer diario.

Que exulten los jóvenes. Puede que no hayan descubierto a Jesús resucitado. Tienen ante sí muchos años de plenitud, de fuerzas para emprender nuevas experiencias ¿Qué sentido puede tener la resurrección de Cristo en su vida? Precisamente les garantiza que su propuesta sea portadora de felicidad y de sentido.

Exulten los sacerdotes y diáconos, los que habéis consagrado la vida a Dios; los agentes de pastoral, los cristianos, hoy testigos de la Resurrección.

¡Cristo ha resucitado! ¡Creemos en ello, lo celebramos y lo vivimos!

¡Feliz Pascua de Resurrección!

 

+ Francesc Pardo i Artigas

 Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 424 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.