Una Semana Santa en salida de muerte hacia la Resurrección

Mons. Francisco Cerro           La Semana Santa es una llamada a vivir con los sentimientos de Cristo, con el mismo amor que le llevó a Jesús a entregar la vida para que “la tengamos en abundancia”.

Esta Semana Santa que nos visita la Cruz de Lampedusa, enviada por el papa Francisco como memoria del sufrimiento de nuestros hermanos que mueren y sufren atravesando el mar embravecido de la vida, es una llamada continua a que la conversión nos lance a no olvidar nunca a los empobrecidos.

¿Cómo debemos vivir nuestra Semana Santa, el Triduo Pascual? Del Viernes Santo por Tierra Santa. No olvidemos a nuestros hermanos de los lugares donde vivió Jesús y que necesitan nuestra solidaridad.

Quiero recordaros a todos la colecta:

  1. Como preparación cuaresmal escribí mi carta pastoral “Tú me sondeas y me conoces” y decía que estos cuarenta días de Cuaresma son para que vivamos lo que dice el prefacio de Cuaresma, que lleguemos a la Pascua libres de todo afecto desordenado y podamos “compartir con los necesitados, imitando así tu generosidad”. La primera clave de este tiempo, como asignatura siempre pendiente de nuestra vida, es vivir amando al Padre, viviendo como hijos y creando fraternidad en un mundo donde no es fácil construir la Paz. Muchos corazones humanos albergan tantos conflictos, tantos deseos de poder, de aplastar a los que no piensan como nosotros, de venganza, de terrorismo, de lucha armada.
  2. Vivir la fe y vivir de fe. Como recordaba en mi carta pastoral hay que crecer por dentro para despertar y vivir la fe. Participemos en las celebraciones del Triduo Pascual, en todo lo que nos ayude a vivir la fe y de fe: las celebraciones parroquiales, las meditaciones, Vía crucis, retiros pascuales… celebraciones en la catedral y en la concatedral, en los cultos de las cofradías. Participar en las procesiones, auténticas catequesis en la calle, con respeto, silencio y testimonio de amor, que nos ofrecen nuestras cofradías, preparadas con esmero y con un sentido de fe y belleza. Decía Dostoyevski: “Cristo es la Belleza que salva”. Que todos los pueblos, parroquias y ciudades no se queden sin dejarse impregnar por lo que la liturgia de estos días nos ofrece como una auténtica vivencia interior y exterior, en el misterio central de nuestra fe, Cristo muerto y resucitado, nuestro Redentor.
  3. Salida hacia los pobres y necesitados. En el corazón del Triduo Pascual de la Semana Santa nos lanza a la solidaridad, a compartir con los más necesitados.

Ante la visita de la cruz de Lampedusa nos lanzamos con el papa Francisco a una Iglesia que sale a ser Buena Noticia para los que sufren, a compartir, a vivir cerca de los que viven en todas las intemperies y periferias de la vida. Vivir por dentro para servir por fuera.

La Delegación Episcopal de Pastoral Social y de Migración tiene organizados distintos encuentros con la cruz de Lampedusa como una sensibilidad y colaboración con nuestros hermanos. Nos lanza a compartir nuestra fe en el Triduo Pascual con los empobrecidos, los emigrantes, los refugiados, los que sufren y viven sin ninguna esperanza. Son una llamada a cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón como el de Cristo que vive para los demás.

¿TE ATREVES A VIVIR EL TRIDUO PASCUAL EN CLAVE DE UNA CONVERSIÓN QUE NOS LLEVE A LA SANTIDAD Y A LA POBREZA?

+ Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 87 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.