Burgos: Una Semana Santa con futuro

Casi todas las cofradías cuentan con niños en sus filas y todas ellas estudian el modo de salvaguardar la tradición para el futuro. Las bandas y otras iniciativas buscan renovar la cantera.

No existe un censo exacto de niños en las cofradías de Burgos, pero prácticamente todas cuentan con un buen puñado de ellos (entre diez y veinte, la mayor parte de ellas), aunque su participación no sea siempre visible. Y es que algunos son cofrades prácticamente desde que nacen, puesto que la tradición familiar sigue siendo el principal motor para que los más pequeños se integren en sus filas.

Es el caso de Jimena (11 años) y Mencía Díez (9 años), de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santiago. Ambas fueron presentadas a la Virgen con muy pocos meses (los niños son aspirantes hasta que reciben la Primera Comunión, solo a partir de ese momento pueden recibir la insignia y ser considerados oficialmente cofrades) porque la tradición les viene ya desde sus abuelos. El actual mayordomo de esta cofradía, Alfonso, tío de las pequeñas, cuenta que ya su madre era camarera, su hermano director de banda…

A Jimena le cuesta expresar qué supone la Semana Santa para ella: «Me parece inexplicable. Es un tiempo en el que podemos pensar y sentir mucho. Estoy mucho más feliz viviendo la Semana Santa en Burgos que si me fuera de vacaciones a cualquier parte». Prácticamente desde que pudo caminar sola empezó a salir en las tres procesiones en que participa la cofradía. Su preferida: la de Nuestra Señora de la Soledad, el Sábado Santo.

Ser cofrade no le exige mucho esfuerzo. Solo ensayan los miembros de la banda, entre los cuales hay varios adolescentes de entre 12 y 17 años, y los costaleros. A los niños les basta con presentarse quince minutos antes de la procesión, momento en que se les recuerdan «los modales» que exige el acto.

Para su hermana menor, aún aspirante hasta el próximo año (hace la comunión en mayo y espera con impaciencia el momento de llegar a ser oficialmente cofrade), su procesión favorita es la más esperada por casi todos los chiquillos, la del Domingo de Ramos o de La Borriquilla. «Lo que me hace mucha ilusión es que todos los años me encuentro con mi profe y mis compañeros del cole», cuenta con espontaneidad.

Algunos son cofrades prácticamente desde que nacen, puesto que la tradición familiar sigue siendo el principal motor para que los más pequeños se integren en sus filas. También supone un gran tirón el auge de las bandas de música en los últimos años.

La participación de los niños en esta cofradía viene de lejos, explica Alfonso. Consta que a finales del siglo XIX y principios del XX los pequeños salían en las procesiones vestidos de nazarenos e incluso de ángeles. «Hoy salen no como cofrades de hábito, sino luciendo vestimentas antiguas de monaguillo con los colores de la cofradía, dalmáticas de diácono, de pajes… y siempre con la cabeza descubierta». En su opinión, el futuro de la Semana Santa está garantizado y hay razones para el optimismo: de los más de 300 miembros de su cofradía, alrededor del 25% son niños, apunta.

En la cofradía de las Siete Palabras y del Santísimo Cristo de Burgos, que cuenta con 17 cofrades infantiles de entre 1 y 16 años, los niños cobran un especial protagonismo en la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, donde suelen llevar diversos elementos representativos de la Pasión y dos de ellos, vestidos con trajes especiales, abren la comitiva portado el guión y estandarte de la cofradía. Y representan también un papel muy especial en el acto del Desenclavo, ya que son dos pequeños quienes recogen los clavos y la corona de espinas y los presentan después a la Virgen.

Por su parte, el prior de la Cofradía de Jesús Crucificado y del Santísimo Sacramento, Alberto Terradillos, señala que la participación de los niños cofrades (en la suya hay actualmente una docena) es similar a la de los adultos y no se limita a las procesiones, sino que asisten igualmente a las misas, oficios y demás actividades. Algunos de ellos, además, forman parte de la agrupación musical y acuden a ensayar cada fin de semana.

En otras cofradías, como la de El Descendimiento de la Cruz «Señor de mi Esperanza», lo habitual es que los niños participen únicamente en la Semana de Pasión, Muerte y Resurrección, explica el prior, Víctor Cámara. En su cofradía hay actualmente 17 niños, la mayoría hijos de cofrades. Víctor, que es también vicepresidente y portavoz de la Junta de Semana Santa, confirma que casi en todos los casos los pequeños se suman a las cofradías por vínculos familiares, pero también supone un gran tirón el auge de las bandas de música en los últimos años.

Piedad Robador, priora de la Cofradía de El Prendimiento, lo corrobora. De los diez nuevos cofrades menores de edad que se han incorporado durante el último año, alguno ha llegado por ser hijo o nieto de cofrade, pero la mayoría entró para formar parte de una futura banda de cornetas y tambores. «La motivación más fuerte que se ha podido ver en estos últimos años es la música, las bandas», asegura. Pero al tiempo mantiene que habría que trabajar para animar a las familias: «Si los padres están, los hijos también».

Cantera de cofrades

Una novedosa iniciativa para apuntalar el futuro de la Semana Santa burgalesa ha sido la celebración de la primera procesión exclusivamente infantil, la del Amor y la Esperanza, organizada por la La Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores, y en la que son los propios niños quienes portan la imagen de la Virgen del Socorro. La procesión, que sale a la calle el Sábado Santo, está abierta no solo a la participación de niños de todas las cofradías burgalesas, sino a todos los grupos infantiles de las parroquias de la ciudad.

Aunque es poco frecuente que se organicen procesiones exclusivamente infantiles (salvo en algunas ciudades andaluzas y algún otro caso aislado), esta es, según el portavoz de la Junta de Semana santa, Víctor Cámara, «una manera de crear una cantera de jóvenes cofrades».

(Archidiócesis de Burgos)

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