La familia, esperanza del Seminario

Card. Antonio Cañizares             “Este domingo, con la proximidad de la fiesta de san José, día en que la Iglesia en España celebra el ´Día del Seminario` –en Valencia lo celebramos el domingo pasado–, tuve como todos los años un encuentro con los padres y madres, con las familias que tienen algún hijo seminarista. Y les decía estas cosas que quiero compartir y decir ahora, con esta carta, a todas las familias de la diócesis: “Los padres que tenéis hijos en el seminario os acercáis aquí donde vuestros hijos, siguiendo la llamada de Dios, se disponen a ser sacerdotes. Año tras año, por estas fechas, dirigimos la mirada hacia nuestro seminario. Se nos brinda la ocasión de acercar la comunidad diocesana, sobre todo a la comunidad familiar, pequeña iglesia doméstica, a esta institución del seminario, y tomar más conciencia de lo que significa, de la necesidad e importancia que tiene para la vida de la Iglesia, de sentirnos más urgidos a colaborar con él con nuestra oración, con la revitalización de la comunidad cristiana, con nuestro compromiso en la propuesta y acompañamiento vocacional, o incluso con nuestra aportación económica. Pero, sobre todo, las familias que tenéis un hijo en el seminario recibís un don de Dios, y, por parte vuestra, correspondéis a ese don con la donación de vuestro hijo.

El número de seminaristas resulta a todas luces insuficiente si tenemos en cuenta las necesidades de nuestra diócesis, en la que la media de edad del clero es ya alta, y hay que atender a muchos pueblos pequeños, llevar a cabo un gran impulso evangelizador sobre todo en los sectores más jóvenes y estar muy presente en nuevos campos de atención que se nos van presentando en los núcleos mayores de población. No podemos olvidar, por otra parte, que nuestra Diócesis tiene necesidad de enviar a ampliar estudios o a realizar otros estudios en centros universitarios fuera de Valencia, para poder responder adecuadamente a una serie de campos y exigencias pastorales. Pero, además, como toda Iglesia diocesana, la nuestra ha de sentir la responsabilidad misionera y la solicitud por otras Iglesias más necesitadas todavía que la nuestra y ha de ayudarles con el envío de sacerdotes –y esto último apremia–.Considero que no hemos superado aún la así llamada “crisis de vocaciones”. Faltan jóvenes, en efecto, que respondan generosamente a la llamada del Señor. Falta, sin duda, también el que digamos claramente a los jóvenes que Jesucristo y la Iglesia necesitan de ellos y que les invitemos a que se planteen ser sacerdotes y emprendan decididamente el camino de formación correspondiente. Los jóvenes necesitan que se les anuncie a Jesucristo sin tapujos ni enmascaramientos, que se les presente en toda su realidad y con toda su fuerza de atracción, para que se conviertan a Él. Necesitan que se les descubra a esos mismos jóvenes y que se les ayude a vivir una auténtica experiencia de Iglesia, a amarla y a sentirse enteramente implicados en ella y con ella. El amor a la Iglesia y el testimonio de personas y comunidades hondamente eclesiales es uno de los factores más persuasivos y primeros de fecundidad vocacional. Se echa de menos, tal vez, comunidades cristianas más vivas donde surjan vocaciones. Entre estas comunidades vivas la primera y muy principal es la familia; ella está en las mejores condiciones para el nacimiento, acompañamiento y maduración de la vocación personal de los hijos; padres y familia juegan, de hecho, un papel de primer orden en la vocación cristiana de sus hijos. Vosotros habéis sido esas familias en la que vuestros hijos han podido responder a la llamada. ¡Gracias, muchas gracias! Seguid acompañándoles. No es algo accidental, por ello, el que el descenso tan notable de vocaciones sacerdotales coincida con la quiebra de la familia, con su debilitamiento religioso, con su secularización interna, con formas de vida y costumbres que la van disolviendo poco a poco, apenas sin notarse. Preocupaos de lo que serán vuestros hijos como personas y del destino personal de ellos. El servicio a la vida que os corresponde como padres, el servicio y el deber principal que tenéis en relación con los hijos es educarlos. Y educar, ante todo, es formar la personalidad, ayudar a que cada uno llegue a ser hombre, persona humana, y responda a su propia vocación personal.

Para la familia cristiana, ese es vuestro caso, es una misión primera e imprescindible el ayudar a sus hijos a que encuentren y afiancen la vocación a la que Dios les llama en la Iglesia y en la sociedad. Esta ayuda es la que ha de vertebrar toda la formación de la personalidad cristiana de los hijos.Esto se consigue, ciertamente, con la gracia de Dios que nunca abandona a las familias y viviendo las familias su más profunda verdad conforme al designio de Dios, como comunidades de amor al servicio de la vida. Es toda la realidad familiar la que se ve implicada en esta misión insustituible. Por ello, el clima de amor sereno y paciente, el diálogo cariñoso y sencillo sobre los avatares y realidades de todos los días con la visión de la fe, el servicio y ayuda mutua y el compartir cuanto se es y tiene, la vida sobria y el trabajo y sacrificio de los miembros de la comunidad familiar, el valorar a cada uno por sí mismo y ser querido y reconocido en cuanto tal por lo que se es, el testimonio de fe y la oración de los padres en la vida diaria, la participación en la Eucaristía dominical, son las condiciones necesarias y el mejor clima para que pueda iniciarse en la vocación cristiana, y, dentro de ella, en la vocación sacerdotal.Con razón podemos decir que la familia es la esperanza del seminario. No busquemos otros lugares. Ahí es donde está la fuente de donde han de brotar, extenderse y consolidarse, en amplio caudal, dentro de nuestra diócesis las vocaciones sacerdotales. El futuro de la humanidad y de la Iglesia se fragua en la familia; el futuro del seminario se fragua en la familia. El seminario, ámbito de formación de los futuros sacerdotes, tiene, además mucho que ver con ese futuro de la humanidad y de la Iglesia.Por eso, hay que pedir a Dios que suscite vocaciones al matrimonio cristiano y que nos ayude a hacer posible esas vocaciones en nuestras comunidades cristianas. Que el Señor, Dueño de la mies, para que envíe obreros a su mies, llame a hombres y mujeres a crear verdaderas familias cristianas. Sin familias cristianas difícilmente habrá sacerdotes. Si queremos sacerdotes –y tenemos tanta necesidad de ellos– hemos de procurar, entre todos, que haya matrimonios hondamente cristianos. Amar a la familia, estimarla, fortalecerla, crear un ambiente que favorezca su desarrollo, darle razones de confianza en sí misma y en la misión que Dios le ha confiado, es el mejor servicio que podemos hacer al seminario. Ayudar a las familias, ayudar a los padres, promover una pastoral familiar seria y generosa, propiciar una buena preparación para el matrimonio es algo inseparable de una pastoral vocacional. Es necesario que las familias vuelvan a remontarse alto. Es necesario que sigan a Cristo. Con todo mi afecto, gratitud, apoyo y oración y mi bendición para todas las familias de nuestra diócesis, en las que surgen y crecen las vocaciones y tanto espera el Señor de ellas.

Cordial y fraternalmente en Cristo Jesús.

+ Cardenal Antonio Cañizares Llovera

Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERAEl Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970.Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.Creado Cardenal en marzo de 2006El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006.Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa SedeEn la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005).El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”.El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis.Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008.Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008.De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014.Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014