El Pan de la Palabra. V Domingo de Cuaresma

Mons. José María Yanguas               Llegamos al quinto domingo de Cuaresma y ya empieza a invadirnos el mismo deseo que a los gentiles del evangelio de este domingo: “Quisiéramos ver a Jesús”. Y Jesús nos va a dejar ver su gloria, porque ya se acerca la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. Queremos ver al Señor en Jerusalén después de haberlo acompañado durante estos días de con mayor intensidad para sumergirnos en su amor. Como dice la oración colecta de este domingo: “te pedimos, Señor Dios nuestro, que, con tu ayuda, avancemos animosamente hacia aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo”. Deseemos, pues, ardientemente gustar del amor hasta el extremo de Jesús para poder vivirlo nosotros en nuestro día a día y en nuestras relaciones con los demás.

Las lecturas de este domingo V de Cuaresma nos llevan hacia la cumbre de la Pascua. La primera lectura lleva a su plenitud la alianza que Dios puso en marcha con Noé, ratificó y concretó con Abrahán, selló con el pueblo de Israel en el camino del desierto hacia la Tierra Prometida en el Sinaí, con los diez mandamientos grabados en piedra, alianza tantas veces incumplida por Israel hasta culminar en el exilio en Babilonia y tantas veces restaurada por Dios… Ahora es el profeta Jeremías el que otea el horizonte y tras los nubarrones del exilio que se intuye ya próximo es capaz de ver la mano salvadora de Dios que siempre ha restaurado y ratificado su alianza. Pero después de tantos siglos caminando juntos por la historia, más de 600 años desde la salida de Egipto, más de 1000 años desde la llamada a Abrahán, Dios va a renovar su alianza de un modo inesperado. Ya no será una alianza escrita en piedra, sino que será una ley metida en el pecho, grabada en el corazón: “yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”. Esa alianza nueva que intuye Jeremías en el horizonte es la que Jesús sellará con la entrega de su propia vida. Jesús ha tratado durante toda su actividad pública, con sus palabras y con sus gestos, de llevar a la gente al encuentro con Dios dentro de sí mismos, en el corazón, donde Dios mismo ha grabado su nueva ley, su alianza nueva y definitiva: “el Reino de Dios está dentro de vosotros”; “escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro, del corazón, es lo que hace impuro al hombre”…

El salmista, deseoso de que esa nueva alianza se realice en su vida, nos invita a exclamar: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro… renuévame por dentro con espíritu firme… afiánzame con espíritu generoso… mi sacrificio es un corazón quebrantado y humillado…”. Y la respuesta de Dios a esta invocación es la que comprende san Pablo en su carta a los gálatas: “Cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre!”. Dios, en su Hijo Jesús, por medio de su Espíritu, ha renovado nuestro corazón como jamás podríamos haber imaginado, ha hecho una alianza nueva y definitiva con nosotros, nos ha hecho sus hijos y nos permite vivir desde la confianza, como lo hizo el Hijo Jesús.

 Y quienes descubrimos dentro del corazón nuestra verdad más auténtica, nuestra identidad más genuina, la de hijos e hijas de Dios, estamos llamados a vivir como Jesús, como el grano de trigo que aparece en el Evangelio de Juan. Nuestra vida está en las manos de Dios y la hemos recibido para gastarla, para entregarla, para donarla por amor… “Os aseguro – nos dice Jesús – que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna”.

  No es fácil entrar en esta lógica, la lógica de Dios, la lógica de Jesús, la lógica del don… Para Jesús no fue fácil. La carta a los Hebreos da en la clave: “Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte”. La oración de Jesús en Getsemaní, en el monte de los Olivos, le ayudará a pasar de la lógica de los hombres, que busca salvar la vida, guardarla, a la lógica de Dios, que solo encuentra plenitud saliendo de sí, entregándose hasta el final… Jesús aprendió a obedecer esta lógica divina, como dice esta carta que proclamamos hoy, sufriendo. “Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna”.

Este es también nuestro camino, obedecer a Dios, obedecer a Jesús. Es decir, escuchar su palabra y llevarla a la vida. Aprender la lógica de Dios requiere oración y súplica, la que estamos llamados a intensificar estos días previos a la celebración de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

 Que la celebración de este domingo nos ayude a entrar en estos días finales de la Cuaresma; que podamos renovar la alianza que Dios hizo con nosotros el día de nuestro bautismo, haciéndonos sus hijos e hijas; que de verdad experimentemos el gozo de su salvación y vivamos desde la lógica de la semilla de trigo que cae en tierra y da fruto, porque se entrega, se abre a los demás y no permanece sola y encerrada en sí misma.

      ¡¡¡Feliz domingo!!!

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).