Apóstoles para los jóvenes. Día del Seminario

Mons. Demetrio Fernández           Por la fiesta de san José, esposo de María virgen y padre adoptivo de Jesús, celebramos en casi toda España el “Día del Seminario”. Es decir, en torno a esta fecha se despliegan una serie de acciones concretas dirigidas a dar a conocer nuestros Seminarios diocesanos, se despliega una fuerte actividad de campaña vocacional, se llega a un gran número de jóvenes en nuestra diócesis por medio de los seminaristas, se piden oraciones por esta importante intención y se hace una colecta extraordinaria, con la que se mantiene el Seminario cada año.

La campaña vocacional les sirve a los seminaristas también para conocer la diócesis, sus distintas parroquias y vicarías, conocer a la gente más de cerca, vivir unos días en contacto muy directo con los sacerdotes del presbiterio diocesano y ver su acción pastoral de cerca. Es ocasión para que los seminaristas hablen a todo el mundo, y especialmente a los niños y jóvenes, de la vocación sacerdotal que ellos mismos han recibido y plantear a muchos esa posible llamada que se esconde en el corazón de quienes son llamados.

Estoy convencido de que Dios llama a muchos más de los que se lo plantean y a bastantes más de los que responden. Dios es el primer interesado en dar pastores a su pueblo. Pero sucede que la llamada no llega por mensaje directo normalmente, sino a través del testimonio de otros. La campaña vocacional sirve de altavoz a esa llamada, y varios de los jóvenes que responden han escuchado esta vocación por medio de otros jóvenes seminaristas a los que han oído hablar de su vocación sacerdotal. Y sucede también que algunos (no sé cuántos) de los llamados, se hacen sordos a esa voz y escurren el hombro. A veces, Dios tiene que insistir con varios mensajeros, y aun así respeta siempre la libertad del que quiera responder o no.

Por eso, la campaña vocacional debe estar transida de oración, por la que nos situamos en un plano de fe, desde el que pedimos a Dios que envíe trabajadores a su mies, que nos mande muchos y santos sacerdotes para el servicio de su Pueblo.

Tienen mucho que ver en este aspecto las familias: los padres, los abuelos, los hermanos. Si cuando llega la vocación a alguno de los miembros de la familia, todos apoyan, la cosa es más fácil. Es más fácil responder, cuando uno se siente apoyado por su familia. En el clima de familia cristiana, el caldo de cultivo es más propicio para que Dios llame algún niño o joven para servir a la Iglesia en el camino del servicio ministerial. Por eso, la crisis de vocaciones tiene en parte su referencia en las familias. Empezando por la baja natalidad y siguiendo por las consecuencias de un ambiente ajeno (e incluso hostil) al Evangelio.

Tienen mucho que ver también los sacerdotes. Los principales agentes de pastoral vocacional son precisamente los sacerdotes. Para mí y para tantos otros, la figura del párroco ha sido fundamental para aclarar los síntomas de mi vocación sacerdotal, que después va configurándose en esa referencia continua. Queridos sacerdotes, sea vuestra primera y principal preocupación crear un clima vocacional en vuestro entorno. Vivid y hablad de vuestro sacerdocio con alegría pascual, la alegría que en medio de las dificultades se goza con la victoria del Señor. Aunque no falten las cruces, pero es más desbordante el gozo de la resurrección, el gozo del Evangelio, que hemos de transmitir contagiosamente con nuestra vida. Es muy difícil que un niño o un joven se entusiasme con el sacerdocio, si vieran en nosotros la queja y la amargura continua.

“Apóstoles de los jóvenes” reza el lema de este año. Y es que los jóvenes deben ser evangelizadores de los propios jóvenes, y también la vocación sacerdotal se transmite por contagio de otros jóvenes llamados por Dios. Esta es la razón por la que los seminaristas se patean la diócesis en estos días, para encontrarse con otros jóvenes y contarles su experiencia. Pero además esa tarea debe ser permanente, dentro de las posibilidades que ofrecen las múltiples limitaciones humanas.

Por eso, oración por las vocaciones. Dios tiene sus planes, colaboremos con él. El Día del Seminario nos lo recuerda. Todos tenemos algo o mucho que hacer en este campo, para que la Iglesia no se sienta privada de los sacerdotes necesarios para la evangelización. Es un bien común, es tarea de todos. Sed generosos también en la colecta, Dios os lo pagará.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

 

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.