Consejos a los curas

El Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Jaca del 10 de agosto de 1878 nos refiere este delicioso reportaje sobre ‘Avisos importantes a los Señores Párrocos’. Mutatis mutandis, casi siglo y medio más tarde sigue teniendo plena actualidad. Ya entonces, los decálogos y demás formatos de la literatura de autoayuda cumplían su misión.

Con este epígrafe, hace ya muchos años, expidió un antiguo y celoso prelado español -don Ramón Fernández Lafita- una ‘Pastoral a los Sres. Párrocos de su Diócesis’ y entre otras muchas cosas les daba los consejos siguientes, que, aunque antiguos, no por eso carecen de importancia.

1.- Debe el párroco, ante todas cosas, tener muy presente el objeto de su misión; este no es otro que justificar y justificarse, de otro modo se perderán él y sus feligreses.

2.- Sea su predicación no larga, pero continua, y en lenguaje no grosero, pero acomodado al pueblo que le escucha.

3.- EI ejemplo es lo principal en esta parte, y tanto que á cada año de los tres que predicó nuestro divino Redentor, correspondieron diez de santísima vida. 4.- Cuando haya de reprender en público, sea en términos que no se contraiga á determinadas personas: de lo contrario suele seguirse más daño que provecho.

5.- En estos angustiosos tiempos y espinosas circunstancias, por que atravesamos debe el Párroco observar más que nunca esta regla, y aun cuando hable contra los enemigos de la Religión y el orden, sea siempre manifestando el caritativo principio de horror á la criminal acción, pero amor á la persona.

6.- No debe mezclarse en nombramiento, oficios ó asuntos civiles: no se niegue a dar consejo, cuando se le pida, pero siempre con cautela pues la precipitación es madrastra de la prudencia; y a veces suele pedirse no tanto por acertar como por la malignidad de excusarse con el cura. Prudentes sicut serpentes, simplices sicut columbae.

7.- Si. alguna vez hubiese ocasión ó necesidad de predicar sobre esta materia; predíquese de las cualidades que aquellos deben tener, etc., con el corazón de Dios, y dejarse de otros amaños, que siempre producen discordias, rencillas y odios al Párroco.

8.- No falte a sus feligreses en los atentos deberes de una cristiana política, pero sin familiarizarse demasiado: si así no fuese, el primer día será alabado, el segundo poco atendido y, el tercero despreciado.

9.- Afable, pero con majestad, hasta con los niños: este fue el carácter de nuestro divino Maestro, quien no se desdeñaba de acariciarlos para traerlos á sí.

10.- El traje sin profanidad, decente pero sin lujo, y siempre propio de la clase á que pertenece; tan mal parece á sus feligreses un Cura petimetre, como un despilfarrado.

11.- La asistencia á convites ofrece por lo general algunos inconvenientes. No deje jamás para otro día lo que pueda hacer desde luego, pues el oficio de Párroco es muy socorrido. Y cuando le parece que estará desocupado suele ocurrir más que nunca.

12.- No atrase ni adelante las horas de funciones públicas por dar gusto á particulares personas, pues en este caso agradará á uno y descontentará a ciento.

13.- Además del estudio regular, deben conferenciar unos con otros sobre materias morales y ceremonias eclesiásticas porque la experiencia enseña que una hora de conferencia vale más que dos de estudio.

14.- Habiendo celo podrá mantener el aseo del templo en medio de su pobreza, encargando este ó aquel altar, esta ó aquella imagen á algunas familias piadosas que á ello se presten, y á quienes Dios llenará con esto de bendiciones.

15.- En las reprensiones no regañe especialmente en el Tribunal de la penitencia pues es de temer se pierdan algunas almas por esta inconsideración.

16.- Los domésticos ó personas que asistan al Párroco no sean de nota, así se librará de murmuraciones y peligros, porque los más elevados cedros vienen a tierra a impulsos del fuerte huracán.

17.- Remedie, si puede, la necesidad de sus parientes, pero con discreción, y sin olvidar á sus feligreses: porque si se deja llevar del pedir de aquellos, todo lo quieren para sí y nada quedará para estos. 18.- Procure sin menoscabo de su dignidad y autoridad llevarse bien con el poder civil, y esto por mutua conveniencia. Vis unita fortior.

(Ricardo Mur – Iglesia en Aragón)

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