El papa Francisco

Card. Antonio Cañizares            Hoy se cumple el quinto aniversario de la elección del Papa Francisco, que sucedía a Benedicto XVI en la Sede de Pedro, con quien ha mostrado una continuidad total querida por Dios, que es Quien, en definitiva, lleva la Iglesia y nunca la abandona, y elige el Papa. Damos gracias a Dios por este don inmenso que está siendo para la Iglesia y para la humanidad entera el Papa Francisco, Papa, como él mismo dijo, venido “del fin del mundo”, digamos usando también una expresión muy suya, de las “periferias” de la tierra, a las que la Iglesia -todos sus hijos- ha de llegar, hemos de llegar, con el Evangelio, “el gozo del Evangelio”, para usar el título de su Exhortación apostólica, tan luminosa e iluminadora como programa de la Iglesia para el momento presente y los próximos años.

Es un hecho: las gentes, particularmente los sencillos y limpios de corazón, los pobres y los que sufren, desde el primer momento, lo recibieron y acogieron con gran alborozo, con ese gozo que es el anuncio, la llegada, la presencia del Evangelio, de la Buena Noticia que los hombres, especialmente los pobres y necesitados esperan. Una gran corriente de esperanza, sin ninguna exageración, se ha despertado, por doquier. ¡Cuántas veces ha apelado a la esperanza! ¡Cuántas veces nos ha urgido: “No os dejéis robar la esperanza”!. Todo está siendo muy revelador de que, en verdad, lo que Dios quiere, en este Pontificado, es abrir a la esperanza a los hombres contemporáneos, “capaces de lo mejor y de lo peor”, que se abran a una esperanza grande y nueva, la única que puede saciar sus corazones insatisfechos y sus necesidades más hondas, que no es otra que la de la misericordia, la misericordia de Dios, a la que tanto apeló el Papa Juan Pablo II, otro Papa que abrió a la Iglesia y al mundo a una esperanza de renovación y de vida, señalada con esa expresión de una “nueva primavera”.

Lo que puede devolver al mundo y a la Iglesia una nueva faz no es otra cosa que el Evangelio de la Misericordia y la Caridad, como tanto y tanto subrayó con dos encíclicas espléndidas el Papa Benedicto XVI , del que son sus principales destinatarios los pobres, los últimos, los pobres, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia: sencillamente, el Evangelio de las Bienaventuranzas, que constituyen el núcleo del mensaje de Jesucristo, en el que Él mismo nos dejó su más fiel y auténtico “autorretrato”, en expresión acertada y feliz del Catecismo de la Iglesia Católica: ese es el camino de la felicidad y de la alegría, no hay otro, por mucho que nos esforcemos en imaginarlo o inventarlo por nuestra cuenta; como el nombre que el Papa eligió, Francisco, el de Asís, son las bienaventuranzas el eje de su pontificado, tan trasparente a la realidad de Dios sólo, Dios sólo, Dios amor por encima de todo.

Vivir y anunciar en obras y palabras ese Evangelio de las bienaventuranzas, el Evangelio de la misericordia, está siendo el gran testimonio del Papa Francisco en estos momentos y el gran signo que nos ofrece es precisamente que los pobres son evangelizados; es, además, el gran signo que pide a la Iglesia para renovarse, a la Iglesia en su conjunto, a cuantos la formamos sin excepción alguna, es ese gran signo, como el mismo Jesús. Porque, como Él mismo señala, “El valor de la Iglesia, fundamentalmente, es vivir el Evangelio y dar testimonio de nuestra fe. La Iglesia es la sal de la tierra, es luz del mundo, está llamada a hacer presentes en la sociedad la levadura del Reino de Dios y lo hace, ante todo, con su testimonio, el testimonio del amor fraterno, de la solidaridad, del compartir”, con el gran testimonio de la misericordia. Y así lo estamos viendo y palpando en Francisco, ante quien y ante cuyo obrar se sienten dichosos los pobres porque alcanzan y tocan la misericordia de Dios, de Dios revelado en la carne de Cristo, en su rostro humano, a veces tan escarnecido y desfigurado en todos los crucificados y despojados de su rostro de dignidad de nuestro tiempo. Esa carne de Cristo es hoy, entre nosotros, la carne de los crucificados, los pobres, los hambrientos, los privados de libertad, los enfermos, los ancianos, los niños, los abandonados, los refugiados huidos de sus países, los marginados, los necesitados, en suma, de tantísimas maneras de la misericordia… con los que se identifica el Señor.

No hay otra manera donde encontrar a Cristo, identificarse con Él, seguirle, tocar su carne, “tocarle, palparle” a Él que ahí, en esa carne. Y así nos lo dice el mismo Papa Francisco con signos y palabras, por ejemplo, entre otras mucha, éstas: “Tocar la carne de Cristo es tomar sobre nosotros este dolor por los pobres. La pobreza, para nosotros cristianos, no es una categoría sociológica o filosófica y cultural: no; es una categoría teologal. Diría, tal vez, la primera categoría, porque aquel Dios, el Hijo de Dios se abajó, se hizo pobre para caminar con nosotros por el camino. Y esta es nuestra pobreza: la pobreza de la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, empezamos a entender algo, a entender qué es nuestra pobreza, la Pobreza del Señor”.

Es lo que el Papa está haciendo. Sus viajes y sus signos están siendo muy elocuentes en este sentido del Evangelio de la misericordia y de que los pobres están siendo evangelizados. Ahí tenemos, desde el comienzo, el conmovedor y relámpago viaje a Lampedusa, o su visita a Asís, con todo lo que evoca la figura del Poverello de Asís, San Francisco, especial conmovedor en aquel encuentro con los más pobres, o su gran apelación ante el conflicto de Siria, o su viaje a Rio de Janeiro en Brasil con ocasión de la Jornada Mundial de los Jóvenes, de los más necesitados de misericordia y más heridos de hoy, aunque parezca lo contrario, ante los que nos podemos pasar de largo como en la parábola del Buen Samaritano, y además, allí mismo ofreció este signo tan elocuente de su visita a la favela, no como espectador y turista sino “mojándose”de verdad y sin populismo de ningún tipo, o su último viaje a Chile o Perú, con su visita a la Amazonía…. Basten estos signos aunque podríamos seguir enumerando y enumerando otros muchos signos que todos tenemos ante sí…

¿Cuál es la razón última de esto en este Papa, como en Teresa de Calcuta, en Francisco de Asís, y en esa pléyade ingente de servidores de los pobres porque han descubierto y ven en ellos al mismo Cristo? No es otra que el encuentro con Cristo en la oración, el encuentro con Dios misericordioso en la Eucaristía, en la Penitencia, o en la adoración. Dios, Cristo, que vive es la razón última. ¿Qué providencial y qué bien hace Dios las cosas! Cuando aquella tarde del 13 de marzo era elegido,y cuando otro 13 de marzo en el que se cumplía un año de la elección del Papa Francisco a la misma hora cuando iniciaba su segundo año como Papa donde estábamos haciendo ejercicios espirituales con él, como todos los días, como todas aquellas tardes, a la mismísima hora, nos encontrábamos todos en adoración eucarística ante el Señor: ahí está el secreto de este Papa de la misericordia y de la esperanza, de la alegría y del Evangelio: sólo en Dios que es amor, y esto es lo que afirmamos en la adoración, por la que entramos en comunión con Él y nos llena de ese amor suyo, sin el que nada podemos, y que recomendó de manera especial a la Presidencia de la Conferencia Episcopal Española al visitarle en cuanto tal. Secundando la adoración, pidamos por este Papa, que Dios nos lo conserve , y que le hagamos caso: porque, además, esos gestos no son gestos para la galería , ni solo para él, sino que son para todos, para que la Iglesia toda entregue ese Evangelio de la Misericordia, que tiene como destinatarios y beneficiarios preferenciales los pecadores y los pobres. Recemos por el Papa, recemos mucho, como él nos pide constantemente desde su elección.

Y como dijo en su primera homilía en la Capilla Sixtina es hora de caminar, de edificar la Iglesia, de confesar el nombre de Cristo, sin el que no haremos otra cosa que edificar la Iglesia y de avanzar en el camino, de renovarla y reproducir aquel sueño de san Francisco sobre la capilla de san Damián: reconstruir la Iglesia, presencia de Cristo.

+ Cardenal Antonio Cañizares

Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERAEl Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970.Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.Creado Cardenal en marzo de 2006El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006.Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa SedeEn la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005).El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”.El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis.Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008.Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008.De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014.Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014