Cargar con la cruz siguiendo a Jesús (y II)

Card. Ricardo Blázquez             Ser cristiano significa ser discípulo de Jesús, ser bautizado en su nombre e imitar su ejemplo. Así nos exhorta San Pedro: “Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados” (1Ped.2, 21-24). La muerte de Jesús es causa de salvación para la humanidad; el Señor nos sirvió no sólo con su palabra y con sus obras, sino también con su muerte. “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por la multitud” (Mc. 10, 45).

Estamos llamados a cargar diariamente con la cruz siguiendo a Jesús. “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc.9, 23-24). En la aceptación de la cruz se condensa nuestra fidelidad a Jesús que fue crucificado y está vivo para siempre. Todos eliminaríamos de nuestra vida, si en nuestro poder estuviera, la cruz; ya que la cruz es como la “cifra” de lo temible y doloroso. Pero en la cruz santificada por el Señor está la sabiduría divina. “Me estuvo bien el sufrir, así aprendí tus mandamientos” (cf. Sal 118, 71) La maduración personal más honda acontece en la victoria sobre las pruebas; las personas “curtidas” por la cruz vencen fácilmente las banalidades. La cruz llevada humildemente es el reconocimiento de la gloria de Dios y el crisol de la confianza en los designios insondables del Señor. Dios Padre aparece en algunos crucifijos sosteniendo con sus manos la cruz de su Hijo y también podemos afirmar que nos apoya en nuestra cruz.

Santa Teresa de Jesús escribió sobre el sentido de la cruz los siguientes versos: “En la cruz está la vida / y el consuelo, / y ella sola es el camino / para el cielo /. Después que se puso en cruz / el Salvador, / en la cruz “está la gloria / y el honor”, / y en el padecer dolor / vida y consuelo, y el camino más seguro / para el cielo”. Santa Teresa unió la cuna y la cruz, la pobreza del establo de Belén y el despojo del Calvario, con el hilo conductor del amor humilde y entregado del Señor.

La cruz es comunión con Jesucristo y es vínculo de paz entre los hombres. “Reconcilió con Dios a los dos (gentiles y judíos), uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, a la hostilidad” (Ef. 2, 16). En la cruz Jesús ha dado muerte al odio, perdonando y otorgándonos la fuerza para perdonar.

La cruz del Señor ya está iluminada por la resurrección; es una cruz gloriosa; ha sido levantada en lo alto como centro de las miradas que piden clemencia y es árbol de vida eterna. Delante de nosotros, está alzada la Cruz del Señor para que la miremos con fe y recibamos la vida eterna (cf.Jn.3,13-17). Los cristianos no consideramos la cruz como consuelo de personas masoquistas que gozaran siendo maltratadas; para nosotros la cruz es el símbolo del amor de Jesucristo que nos amó hasta el extremo (cf. Jn.3, 16; 13, 1; 1Jn. 3, 16; 4, 9-10). Como Jesús fue crucificado, pero resucitó y está vivo para siempre, podemos sus discípulos estar ya desde ahora alegres al participar en las pruebas por Él y con Él. “Os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas: así la autenticidad de vuestra fe se aquilata al fuego” (cf. 1 Ped. 1, 6-7). “Estad alegres en la medida que compartís los sufrimientos de Cristo, de modo que, cuando se revele su gloria, gocéis de alegría desbordante” (1Ped. 4, 13; y cf. 2Cor. 1. 5-7; Fil. 3, 10). La existencia del cristiano, bautizado en Jesucristo muerto y resucitado (cf. Rom.6, 4-11; 8, 17), es una vida pascual que participa de la cruz y de la victoria del Señor.

La entrega de Jesús que culmina en la crucifixión ha pasado a los” misterios de la Iglesia” (San León Magno). En la celebración eucarística con el poder del Espíritu Santo se actualiza la muerte y resurrección de Jesucristo. La irradiación de la cruz se amplía en la vida de la Iglesia y de los cristianos. Tertuliano (160-220) enseñaba cómo los cristianos trazaban sobre su cuerpo en diferentes ocasiones la imagen de la cruz; se santiguaban recordando los misterios de la Santísima Trinidad, de la Encarnación y de la Redención. Es conmovedor ver a unos papás hacer la señal de la cruz cuando a su hijo pequeño le confían al sueño de la noche. La cruz ha sido mil veces representada en la iconografía cristiana y piadosamente veneradas sus reliquias por los cristianos.

Lo que fue el suplicio de Jesucristo en la cruz es para los fieles cristianos fundamento de esperanza y sacramento central de la Iglesia. Cuando el sacerdote muestra el pan convertido en el Cuerpo del Señor y el cáliz con el vino en su Sangre, diciendo: “Este es el sacramento de nuestra fe”, la comunidad responde: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús! O también puede aclamar la asamblea: “Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor”.

La vida de los cristianos está insertada en el misterio pascual del Señor, en su muerte y resurrección. Esto celebramos en Semana Santa, que ya está a las puertas.

+ Cardenal Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas.Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao.El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010.Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04).El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016).Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones:La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)