¡Sin curas no habrá cristianos!

Mons. Francesc pardo i Artigas           Ya sé que la afirmación es osada, porque Jesucristo puede hacer surgir cristianos de la manera que quiera y sin mediaciones humanas.

Pero teniendo en cuenta la manera de actuar del Espíritu, que se sirve de mediaciones humanas, los curas son necesarios tanto para los que somos cristianos como para los que podrán serlo.

Por eso, una de las preocupaciones actuales surge de la constatación de que son pocos los jóvenes que se preparan en el seminario para llegar a ser sacerdotes: hay tres en nuestro seminario de Gerona.

Muy a menudo nos preguntamos por las causas de esta pobreza vocacional. Son múltiples, pero la principal puede ser la poca vitalidad de nuestras comunidades cristianas. Ciertamente, vivimos en una sociedad muy secularizada, que ha olvidado a Dios; la misión de la Iglesia no es suficientemente valorada, y por la misma razón también se debilita la conciencia de que los curas son muy necesarios. Igualmente, nos damos cuenta de las dificultades de los propios jóvenes para asumir un compromiso estable, para toda la vida, con las exigencias que eso conlleva; la vida poco alentadora de quienes hoy ejercemos el ministerio… Y podríamos seguir.

Pero en esta jornada convienen otros pensamientos que nos devuelvan la esperanza.

Jesucristo continúa llamándonos

Estoy convencido de que Jesucristo repite hoy el llamamiento, la vocación: «Te necesito porque me hace falta tu palabra para hablar; tus ojos para contemplar; tus manos para acompañar, perdonar, mimar, bendecir, levantar, conducir, trabajar para la salvación de cada persona; necesito tus pies para que mi Evangelio, que salva y levanta a las personas, pueda ser escuchado en todas partes; necesito tu corazón para amar.

Sí, te necesito, pero también te necesitan los niños, jóvenes, adultos, ancianos, tanto los que ya creen en mí como los que me buscan, los que no me conocen y tampoco conocen mi propuesta y ofrecimiento. E incluso aquellos que afirman que no tienen necesidad de creer».

Convenzámonos de que Jesús necesita jóvenes dispuestos a decirle que sí, para contribuir a la revolución del amor, porque la Iglesia los necesita para que pueda continuar su misión hoy, y también la sociedad los necesita como sal, luz y servidores que son: como curas. Sin olvidar también la necesidad de diáconos, religiosos, religiosas y laicos comprometidos.

Ayudemos a responder «Estoy aquí»

Hay que proponer la misión a los jóvenes. Si nadie se la propone será difícil que se la planteen. Por eso, padres, padres, catequistas…, no dimitamos de esta responsabilidad.

A menudo alentamos a los jóvenes para que estudien algunas carreras, pero pocas veces –reconozcámoslo– les proponemos la posibilidad de que se conviertan en curas. Quizá dudamos de que esta opción les haga felices, y que con ella realicen su vida.

Más bien pensamos que se encontrarán con dificultades, que no serán muy aceptados por la sociedad, que no podrán formar una familia, que no podrán amar, que su trabajo no será eficaz… Pues bien, en realidad es completamente al contrario. Podrán amar más que nadie y a todo el mundo, tendrán muchas y muchas familias, serán del todo necesarios y queridos, a pesar de que eso no se les diga oficialmente hasta el día que los trasladen del lugar o mueran.

Pero, sobre todo, serán felices de una manera que es muy difícil de explicar, porque harán presente Jesucristo en la vida de mucha gente. Sólo Él es la verdadera alegría.

A la vez, se darán cuenta de que la misión del cura es insustituible para ayudar a forjar unos pueblos, villas y ciudades fundamentados en la fraternidad, la justicia y la libertad. También hay momentos de sufrimiento, de pesada cruz, pero entonces tendrán a Jesús, que los acompaña y fortalece, y también «muchos Cirineos» que les ayudarán a llevarla.

Hoy colaboramos con el seminario. ¡Ayudemos a nuestros seminaristas!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 370 Artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.