Estrés y vida cristiana

Mons. Juan del Río           La sociedad contemporánea tiene un ritmo de vida que no posee antecedentes, de tal manera que el estar estresado se ha convertido en la enfermedad de la época. Es la sensación de que no se llega a todo, que se rebasan los tiempos y el cansancio psicofísico ahoga al sujeto. Esta situación o atmosfera sociocultural se agudiza en las grandes urbes con sus elementos estimulantes y perturbadores, que van desde la congestión del tráfico, protestas callejeras, inseguridad ciudadana, recorrer grandes distancias para el trabajo, altos índices de contaminación etc.

Pero estamos en eso que se denomina “Aldea global” y no hay sitio recóndito donde no pueda llegar el estrés. Las nuevas tecnologías y las redes cautivan a niños, jóvenes y adultos y más allá de sus innegables ventajas, sirven también para acelerar la forma de vida más rural que uno se pueda imaginar. Estos nuevos instrumentos de comunicación han modificado notablemente las conductas y dando origen también a nuevas adicciones.

La tensión, el agobio, la angustia, el nerviosismo son fenómenos tan antiguos como el propio hombre. Sin embargo, la gran novedad del estrés del siglo XXI se encuentra en el vacío de Dios, la ausencia de valores esenciales que fundamente la existencia. La persona no encuentra algo merecedor de confianza, por eso mismo, se lanza en brazos del materialismo y del activismo de la cultura dominante.

Desde los años 30 del siglo pasado se ha avanzado mucho en las investigaciones y estudios sobre los trastornos del funcionamiento biopsicológico del hombre moderno, que se traduce en cuadros de: nerviosismo, hipertensión, ansiedad, depresión, olvidos, fobias, obsesiones compulsivas, insomnios, ulcerás, enfermedades cardíacas etc…Esta simple enumeración de las consecuencias para la salud que trae el estrés, nos debería de llevar a: tomarnos las cosas de otra manera, no ser ambiciosos en las metas personales, estar más ligeros de dependencias artificiales, buscar alternativas desintoxicantes del espíritu. En fin, del estrés se puede salir si comenzamos a utilizar el sentido común que aconseja equilibrar las prisas con las pausas para reencontrarse con el mundo interior que necesita sanación.

La Sagrada Escritura recoge todas estas situaciones del estrés de todos los tiempos: “La ansiedad deprime el corazón, una buena palabra lo alegra” (Prov 12,25), “aunque camine por cañadas oscuras, nada temo…”(Sal 23,4), “Echa tu carga sobre el Señor, y él te sustentará; no permitirá jamás que el justo caiga” (Sal 55,22), ”cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mis delicias” (Sal 94,19). Los mismos profetas del Antiguo Testamento dan testimonio de esa situación estresante en su relación con Dios y con el pueblo de Israel, así Isaías dirá: “no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque soy Dios. Te fortalezco, te auxilio” ( 41,10).

Jesús conoce el espíritu del hombre y sus ansias de plenitud. Sabe de las continuas angustias por alcanzar el sustento diario y del miedo al futuro. El mismo Señor, se presenta como la respuesta a tantos agobios que encierra la vida humana: “venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28); “Por eso os digo, no estéis amargados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir…. No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su preocupación” (Mt 6,25-34). Por tanto: todo el Nuevo Testamento como el Viejo, recoge la gran verdad que sustenta la vida cristiana: “¡Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro baluarte donde nos ponemos a salvos!” (Sal 46); (cf. Filp 4,6-7; 2Cor 9,8; 1Ped 5,7; Ap 21,3-4).

 

+ Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".