En la profundidad de la nada

Mons. Antonio Gómez              Aquel joven me dijo: “He tocado fondo”.

Le conocí por casualidad en un viaje. Estaba esperando en un aeropuerto al siguiente avión. Tenía seis horas para mí: leer, rezar, observar, curiosear en los espacios comerciales, pasear… Se me acercó y me dijo: “¿puedo hablar con usted? Es usted sacerdote, ¿verdad?” Yo simplemente llevaba una mochila, un pantalón negro, una camisa blanca y sobre el pecho, colgando, una sencilla cruz de madera.

Buscamos un lugar apartado en aquel gran vacío transitado del aeropuerto de Sao Paulo, mientras le preguntaba cómo se llamaba, de dónde era, qué hacía en la vida. Tenía entre 25 y 30 años. No lo sé, pero se le veía envejecido y su mirada carecía de expresión. Aún no sé por qué se acercó a mí. Quizás la fuerza de la cruz.

Como las cuentas de un rosario fue desgranando su vida. Era como si estuviera luchando contra una fuerza interior. Desde los 15 años había cruzado todos los límites en la búsqueda de la tan preciada libertad: el infierno de las drogas “tan sólo quería probar” y el alcohol; la loca pasión por el sexo: “¡ah! Pero tengo mi ética, nunca con casadas”; trapicheos con dinero: “mi vida exigía mucha inversión, no era barata”. “Mira, –me dijo– cada día sólo pensaba en el próximo fin de semana: unos amigos para divertirme y emborracharme, una chica para acostarme con ella, la necesidad de una frenética diversión que llenara la insatisfecha estupidez sobre la que había cimentado todas mis relaciones y los minutos de mi tiempo”.

Fue entonces cuando me miró a los ojos y descubrí los suyos inexpresivos. “¿Qué buscabas? –le pregunté– ¿a ti mismo? ¿no te sientes querido? La mecánica del sexo sin amor nos precipita al vacío, le dije. Es como los maravillosos fuegos artificiales que en el contraluz de la oscuridad se pierden en décimas de segundo en la profundidad de la nada”.

“Sabes –me dijo– después de coquetear con las drogas, de ir perdiendo los amigos, de buscar con una desbordada ansiedad una cama habitada por alguien que me tocara y me quisiera, ayer desnudo, al levantarme, me miré al espejo y en un silencio, como que se parara el tiempo, sin respirar siquiera, descubrí que el Mal me miraba desde el fondo de mis pupilas vacías y sentí tal vértigo y pánico al mismo tiempo, que estuve a punto de perder el sentido”.

Contuvimos la respiración unos segundos y le dije: “El sentido ya lo has recuperado, es el momento de comenzar de nuevo”. Y seguimos hablando .

¡Ánimo y adelante!

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Teruel y Albarracín

 

Mons. Antonio Gómez Cantero
Acerca de Mons. Antonio Gómez Cantero 54 Artículos
Antonio Gómez Cantero nació en Quijas (Cantabria) el 31 de mayo de 1956. Cursó estudios de bachillerato en el seminario menor de Carrión de los Condes y eclesiásticos en el seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 17 de mayo de 1981. Obtuvo la licenciatura en Teología Sistemática-Bíblica en el Instituto Católico de París, en 1995. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Palencia, donde ha desempeñado distintos cargos pastorales: en 1982 fue nombrado vicario parroquial de San Lázaro y vocal del Consejo Presbiteral por consiliarios; además de consiliario diocesano del Movimiento Junior A.C. y coordinador de consiliarios de Castilla y León. En 1983 fue nombrado delegado diocesano de Pastoral Juvenil y Vocacional; en 1984, párroco solidario de San Lázaro; en 1985, formador del seminario mayor de Palencia; en 1986, delegado para el acompañamiento vocacional para el presbiterado; en 1990, delegado de Pastoral Juvenil-Vocacional y miembro del Consejo de Consultores; en 1992, consiliario internacional del MIDADEN (Acción Católica de Niños) en París, cargo que ocupó hasta 1995; en 1995, vice-rector y profesor del seminario menor; en 1996, rector del seminario menor y delegado diocesano de Pastoral de Vocaciones; en 1998, rector del seminario mayor, en el que permaneció hasta 2004; en el 2000, profesor extraordinario del Instituto Teológico del seminario mayor de Palencia y miembro del consejo de consultores; en 2001, administrador del seminario mayor y de la casa sacerdotal, y desde 2008 miembro del Colegio de Consultores. Desde el año 2004 es párroco de San Lázaro de Palencia y desde 2008 el vicario general y moderador de curia. Del 8 de mayo de 2015 hasta el 18 de junio de 2016 fue el administrador diocesano de Palencia. El 21 de enero de 2017, se celebró su Ordenación Episcopal y toma de posesión de Don Antonio Gómez Cantero como Obispo de la Diócesis de Teruel y Albarracín.