La limosna: dar y darse

Mons. Francesc Pardo i Artigas            Uno de los pilares de la práctica cuaresmal es la limosna, junto a la plegaria y el ayuno. “Vended vuestro bienes y dad limosna” recomienda el Evangelio de Lucas (Lc 12,33).

La expresión “limosna” puede que no nos agrade dado que  supone un sistema social en el cual reina la injusticia, la desigual distribución de bienes, y que sería necesario reformar adecuadamente. Por ello en la conciencia social puede tener un significado negativo. Recordemos la frase “es mejor enseñar a pescar que dar pescado”. También puede sonar a paternalismo, a descargar la conciencia dando algo de lo que nos sobra.

Ahora bien, con los pies en el suelo, constatamos que hoy, a nuestro lado, viven personas que tienen las necesidades básicas cubiertas para poder vivir dignamente. Es necesario trabajar para reformar el sistema económico y social, pero  ¿qué actitud debemos tener ante los sufren necesidades?

En el Antiguo Testamento los profetas consideran que no existe conversión a Dios y verdades religión sin ejercer la justicia respecto de quienes sufren injusticias y tienen necesidades. Jesús se refiere a la limosna como una condición  para la estancia en su Reino y para seguirle.

¿Cuál es el significad auténtico de la limosna? El término  procede del griego, y significa compasión y misericordia. También se  refiere a los obras  de caridad respecto de los necesitados.

Por tanto, el auténtico significado es el de ayudar a quien tiene necesidad y hacer partícipes a los demás de los bienes propios, como expresión de amor respecto de estas personas.

Cuando Jesús exhorta a la limosna y pide practicarla lo hace siempre en el sentido de ayudar a los desfavorecidos, de compartir los bienes propios, como  expresión de amor y de reconocimiento hacia los demás.

Recordemos la escena del juicio final que leemos en el evangelio de san Mateo: tenía hambre y me distéis de comer, estaba desnudo y vestisteis, era forastero y me acogisteis… ¿Cuando el Señor, os vimos que pasabais  todas estas necesidades? Y les dirá: “Todo aquello que se hacía a uno de estos hermanos míos más pequeños a mi me lo hacíais”.

Es cierto que hay pensar en la limosna entendida como una forma de dar dinero, pero la actitud exige mucho más. Pede apertura al prójimo, al hermano, Cuanta sobretodo la disponibilidad a compartir, el hecho de dar y de darse.

En la Sagrada Escritura y según el Evangelio, “limosna”, significa principalmente un don personal, la actitud de apertura hacia el prójimo. Por ello es un factor de conversión. Recordemos el conocido texto de san Pablo, en su primera carta a los  Corintos:: “Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregase mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría”. También recuerdo una expresión de san Agustín: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en tu corazón, no has hecho nada: en cambio, si tienes misericordia en tu corazón, aunque no tuvieses nada que dar con la mano, Dios acepta tu limosna”.

Por ello la limosna exige darse y dar ayudando y compartiendo el alimento, la bebida, el vestido, el tiempo, el consuelo, la visita, la palabra afable, y aquellas cualidades personales que hemos recibido o adquirido como un don.

Pongamos atención pues, en la práctica de la auténtica limosna para evitar aquello que falsifica el sentido auténtico de la caridad y el de darse. Se trata de actuar sin sentido de la superioridad, sin que la mano derecha sepa lo que hace la izquierda.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.