En defensa de la mujer

Card. Antonio Cañizares              Este jueves, 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora: sencillamente, día de homenaje a la mujer, a resaltar, propagar y propugnar la defensa de la mujer y de sus derechos inviolables, de su dignidad, grandeza y hermosura, de la verdad tan propia y tan grande de la mujer. Como otros años, éste también, se ve ensombrecido este exaltación y defensa por los sufrimientos y amenazas a su verdad y dignidad que sufre la mujer. Repetidamente, en los últimos tiempos, -este año está siendo particularmente terrible en este punto- los medios de comunicación social nos alertan sobre los malos tratos, las agresiones y violencia de los que la mujer está siendo víctima con demasiada frecuencia. Han tenido que suceder deplorablemente hechos violentos de muerte o de sangre, o de agresiones sexuales, o de imposición del matrimonio a niñas en países del subdesarrollo,…, para que se produzca una reacción con toda razón, justa, en cierto modo clamorosa frente a las agresiones contra la mujer, que, por desgracia, constituyen hoy una de las violaciones más difundidas de los derechos humanos y de la dignidad de la persona humana, así como del bien común.

Junto a la condena y el rechazo más completo de tales crímenes, agresiones y vejaciones, es necesario, sin duda alguna, promover decididamente iniciativas concretas que frenen, hasta la supresión total, estas y otras múltiples formas de violencia. Entre estas medidas especialmente se requieren medidas legales apropiadas. Se impone, al mismo tiempo, un arduo trabajo educativo y de promoción cultural para que se reconozca y se respete la dignidad de cada persona. En efecto, hay algo que no puede absolutamente faltar en el patrimonio ético-cultural de la humanidad entera y de cada persona: la conciencia de que los seres humanos son todos iguales en dignidad, merecen el mismo respeto y son sujetos de los mismos derechos y deberes.

En la perspectiva de la antropología cristiana, toda persona tiene su dignidad inviolable e insuprimible. El hombre y la mujer, por el hecho de ser personas, son iguales en dignidad. La imagen de Dios se refleja en todos los seres humanos sin excepción alguna. Como persona, la mujer no tiene menos dignidad que el hombre. Y por eso, no puede convertirse en modo alguno en objeto de dominio, ni de posesión masculina, ni de vejación o minusvaloración por parte del varón. Desgraciadamente, el mensaje cristiano sobre la dignidad inviolable de la mujer halla oposición en la persistente mentalidad que considera al ser humano no como persona, sino como cosa, como objeto de compraventa, como instrumento del interés egoísta y del sólo placer; la primera víctima de tal mentalidad es la mujer, que con demasiada frecuencia es considerada como un objeto del egoísmo masculino, manifestado en muchas formas del pasado y en nuestros días.

Esta mentalidad produce frutos muy amargos, como el desprecio e instrumentalización de la mujer, los malos tratos, la violencia sexual, las violaciones, la pornografía, la prostitución – tanto más cuanto es organizada -y todas las discriminaciones que se encuentran en el ámbito de la educación, de la profesión, de la retribución del trabajo, de la maternidad, de las labores domésticas, de las viudas, las separadas, las divorciadas, o las madres solteras.

Mirando la situación femenina en el mundo, ¿cómo no recordar la larga y humillante- a menudo subterránea – historia de abusos cometidos contra las mujeres en el campo de la sexualidad? A las puertas del tercer milenio no podemos permanecer impasibles y resignados ante este fenómeno. Es hora de condenar con determinación, empleando los medios legislativos apropiados de defensa, las formas de violencia sexual y de toda violencia y agresión que con frecuencia tiene por objeto las mujeres. Y esto sencillamente en nombre del respeto a la persona.

Todos, y de manera muy especial los cristianos, estamos llamados a una acción enérgica e incisiva, decidida y eficaz, a fin de que estas situaciones sean vencidas definitivamente; todos nos sentimos urgidos a luchar contra las formas de discriminación y aún degradación que asumen esta mentalidad imperante, incluso cuando se expresa en espectáculos o en publicidad encaminados a acentuar la carrera frenética del consumo. Pero las mujeres tienen el deber de contribuir ellas mismas a lograr el respeto de su persona no rebajándose a ninguna forma de complicidad con lo que va contra su dignidad, por ejemplo, la ideología de género, que no las defiende, sino todo lo contrario, las degrada.

La perfección para la mujer no consiste en ser como el hombre, en masculinizarse hasta perder sus cualidades específicas de mujer. Su perfección y grandeza consiste en ser mujer, igual que el hombre, pero diferente. La verdadera promoción de la mujer consiste en promoverla a aquello que le es propio y le conviene según su cualidad de ser mujer, es decir de criatura diferente al hombre, pero con su realidad propia y específica de personalidad humana inalienable.

Es urgente alcanzar en todas partes la efectiva igualdad de la persona, es urgente que por todos sea reconocida la dignidad de cada ser humano por el hecho de serlo, nos apremia una cultura y una educación donde la persona,-hombre y mujer-, sea respetada y reconocida sin ninguna reticencia. En nuestras manos, en las de todos está, el hacer lo necesario para devolver a las mujeres el pleno respeto de su dignidad y su papel. Es necesario avanzar en la legislación en que todo esto quede garantizado., y en decisiones no ceder ante ideologías degradantes de la verdad y maravilla de ser mujer. Se trata de un acto de justicia, pero también de necesidad.

Además de felicitar a toda mujer en este día tan señalado y sumarme al nunca suficientemente tributado y justo homenaje a la mujer, comprometida con su ser mujer, permítanme que cierre esta página, citando a un hombre que fue quizá el mayor paladín y defensor de la mujer, de las glorias de la mujer, S. Juan Pablo II: “Si nuestro siglo, en las sociedades liberales, está caracterizado por un creciente feminismo, se puede suponer que este feminismo sea una reacción a la falta de respeto debido a toda mujer… Quizá un cierto feminismo contemporáneo tenga sus raíces precisamente en la ausencia de un verdadero respeto por la mujer”. No era para el Papa S. Juan Pablo II ajena la problemática actual en torno a la mujer, ni los movimientos feministas radicales o los así llamados movimientos actuales de liberación de la mujer. Porque los conocía, y porque tenía, como él mismo confesaba, un gran respeto, consideración y afecto entrañable, desde niño, a la mujer, es por lo que habló como habló tan maravillosa y realísticamente de la mujer. Y además, porque siempre tuvo delante a la que es modelo de mujer y de feminidad: la Virgen María que, por lo demás, siempre se plegó a la voluntad de Dios y ésa es su grandeza y su libertad. Nuestro mundo actual, las sociedades de hoy necesitamos ir a los fundamentos antropológicos en los que se sienta una verdadera consideración de la mujer, con todas las consecuencias que comporta para el respeto real a su dignidad y grandeza que le corresponde en igualdad con los varones. Ahí radica su liberación; esforcémonos todos, luchemos, por conseguirla sobre esas bases y fundamentos. Las mujeres encontrarán en María, la más grande de las mujeres, el secreto de vivir su feminidad y conseguir para sí un progreso verdadero.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERAEl Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970.Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.Creado Cardenal en marzo de 2006El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006.Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa SedeEn la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005).El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”.El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis.Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008.Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008.De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014.Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014