El seminarista signo de esperanza

Mons. Francisco Pérez      Corren tiempos en los que la falta de esperanza se ha convertido en una plaga pesimista que se hace presente en las conversaciones, en el ambiente familiar, en los foros de la política, en los círculos sociales y en los ambientes religiosos. Corren tiempos en los cuales las luces que más brillan son de aquellos que favorecen y pregonan con gestos y palabras la esperanza. No por menos es una de las virtudes teologales, es decir, que hacen referencia a confiar en Dios más que en el hombre: “Maldito el ser humano que sólo confía en el hombre… mientras su corazón se aparta del Señor” (Jer 17, 5). Corren tiempos en los que ser sacerdote o ser religioso se convierte en un signo de contradicción o, incluso, en un signo de escándalo. Y corren tiempos donde la superficialidad, las incertidumbres y los falsos ídolos no llenan el corazón del ser humano. Son tiempos donde la esperanza regenera lo más íntimo de la persona y colma de entusiasmo los trabajos que se realizan porque sólo el alma enamorada de Dios consigue despejar lo negativo, convirtiéndolo en positivo.

Los jóvenes que se deciden por el camino del sacerdocio no pueden dejarse dominar por el ambiente ya que tiene puestas las esperanzas en realidades finitas y que nunca satisface a aquellos que hacen opciones más bien insulsas y sin sentido. Como me decía una joven: Por mucho que se ponga la careta de la apariencia, la cara será siendo la misma aunque se oculte. Es sintomático considerar que las depresiones suelen tener como fuente la vanagloria que nunca satisface los deseos de felicidad. Las mismas estadísticas muestran el gran porcentaje de aquellos que, basándose en lo superficial de la vida, les lleva a sentirse inútiles y hasta fuera de la realidad. Sólo la esperanza, bien asumida y fundamentada en la vida, puede abrir nuevos horizontes cosa que lo contrario retrae y hastía.

La esperanza no se puede sostener en el voluntarismo, es decir, a base de oprimir la voluntad. La esperanza es un regalo que viene ofrecido por el amor que se sustenta en Jesucristo quien nos ha dicho: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). Ya decía Santo Tomás de Aquino: “Si buscas, pues, por dónde has de ir, acoge en ti a Cristo, porque Él es el camino… Es mejor andar por el camino, aunque sea cojeando, que caminar rápidamente fuera del camino. Porque el que va cojeando por el camino, aunque adelante poco, se va acercando al término; pero el que anda fuera del camino, cuanto más corre, tanto más se va alejando del término” (Super Evangelium Ioannis, ad loc). Por eso es muy importante en el camino -del que quiere vivir la esperanza- que la oración (hablar con Dios y escucharle) fragua una vida de ilusión y alegría porque no se basa en volcarse y retozarse en lo superficial y en lo aparentemente permanente, sino, más bien, con la mirada puesta en lo eterno que nunca falla. Para un testigo de Jesucristo es esencial vivir con esperanza. El entusiasmo, la alegría, el gozo y la mirada puesta en el futuro garantizado, ha de ser la mejor predicación del futuro sacerdote.

Ante tantas circunstancias adversas que se presentan en el camino se ha de tener la valentía de afrontarlas con la fuerza que da el Señor en cada una de ellas. Aún recuerdo cuando el Papa San Juan Pablo II me dijo: “No tenga miedo, cuando le llegue alguna cruz en su vida, abrácela, pero no vacía sino llena de Cristo. ¡Él es nuestra única esperanza! Y nunca defrauda”. Este consejo lo llevo dentro de mí como un gran tesoro. Es cierto que vivir desde la esperanza supone muchísima confianza en Dios puesto que Él quiere lo mejor para nosotros aunque tengamos que pasar por momentos difíciles. Quien pone su confianza en Dios nunca se frustra.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental.Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense.El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión.CARGOS PASTORALESDesde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad.El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017.Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).