Ayuno y abstinencia

Mons. Francesc Pardo i Artigas                Una de les prácticas cuaresmales, junto a la oración y la limosna, consiste en el ayuno y la abstinencia. Siguiendo la propuesta de la Iglesia, se practica el ayuno en ciertos días, y la abstinencia cada viernes.

Se han hecho muchos comentarios –algunos con cierta ironía- en relación a esta práctica, especialmente por aquello de no comer carne pero sí otros  alimentos en general tanto o más valorados por su gusto y gastronomía.

Hay que afirmar que tanto el ayuno como la abstinencia son prácticas de toda la Iglesia en este tiempo, y tienen un significado penitencial para todos los que la constituimos. No pensemos únicamente en nuestro mundo, el pequeño mundo occidental. Pensemos en la universalidad de la Iglesia. Pensemos en tantos otros cristianos que también estos mismos días siguen esta práctica. Pensemos también en la gran cantidad de personas que obligatoriamente han de practicar ayuno y abstinencia, de tal manera que este acto se convierta en un signo de solidaridad y compromiso.

Al mismo tiempo, debemos profundizar y ensanchar el sentido que puede tener para nosotros la práctica del ayuno y la abstinencia.

En primer lugar, no se trata de ofrecer un sacrificio para agradar a Dios, más bien lo contrario, es un ejercicio para recuperar “la forma en la vida cristiana”. Precisamente lo que Dios quiere porque nos ama es que vivamos sintiéndonos amados y amando, y por ello nos es necesaria la conversión a Cristo, el Evangelio, que es la finalidad del tiempo cuaresmal.

En la praxis médica habitual figura como medio para curar ciertas enfermedades, que los médicos receten abstenerse de algunos alimentos y/o aconsejen una dieta severa para limpiar, purificar, recuperar agilidad y normalizar las constantes del organismo humano.

En relación con la vida cristiana para “estar en forma” y “bien preparados”, nos son necesarios el ayuno y la abstinencia, y no únicamente en lo que se refiere a alimentos materiales, sino a otras dimensiones de nuestra vida.

Debemos abstenernos del pecado, que consiste en no dejarnos amar por Dios, a defendernos de ese amor y rechazarlo. El pecado es un “no” a Dios de una manera consciente, apartándonos de Él yendo  contra su propuesta de humanización y de felicidad. El pecado fractura la armonía  con Dios, con uno mismo, con los demás y con el entorno. Al mismo tiempo, como sea que somos conscientes de nuestra condición de pecadores, confiamos en Jesucristo Salvador, y tenemos el sacramento de la confesión , que es el abrazo de Dios, el Padre, cuando experimentamos su perdón y su amor, tras seguir por caminos equivocados.

Debemos abstenernos del “ir tirando en la vida cristiana”, sin ánimos y sin deseo de vivirla con mayor intensidad y convicción.

Debemos abstenernos de la envidia, que es uno de los llamados “pecados capitales” y que es la causa de muchos otros males y, al mismo tiempo, del malestar del propio envidioso. Se puede matar, robar, mentir,  estafar, odiar, marginar… por envidia.

Debemos abstenernos del orgullo, de alimentar el propio yo, de querer ser el primero, de tener siempre razón, de querer ser el protagonista en todo momento y en todas circunstancias.

Debemos abstenernos del odio y del rencor que puede que arrastremos por las heridas causadas por otras personas.

Debemos ayunar, tal vez, de la sumisión a los medios de comunicación y digitales que nos pueden impedir participar en conversaciones familiares, prestar más atención a las personas y disponer de tiempo para formarnos o visitar a quien lo necesita.

Debemos ayunar del consumismo, que nos atrapa a través de la propaganda y del deseo de seguir las modas.

No son más que algunas indicaciones. Todas sabemos de qué debemos abstenernos y ayunar para que con la llegada de la Pascua haya novedades en nuestras vidas.

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 356 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.