Amor de madre y de padre

Mons. Julián Ruiz Martorell          Queridos hermanos en el Señor:    Os deseo gracia y paz.         El Papa Francisco dedica los números 172 a 177 de la Exhortación apostólica Amoris laetitia a reflexionar sobre el tema “Amor de madre y de padre”. En ellos afirma que los niños, desde su nacimiento, reciben como don, además de la comida y los cuidados, las cualidades espirituales del amor. “Los actos de amor pasan a través del don del nombre personal, el lenguaje compartido, las intenciones de las miradas, las iluminaciones de las sonrisas” (AL 172). Repasamos algunas de las afirmaciones más significativas.

Todo niño tiene derecho a recibir el amor de una madre y de un padre, ambos necesarios para su maduración íntegra y armoniosa” (AL 172). “No se trata sólo del amor del padre y de la madre por separado, sino también del amor entre ellos, percibido como fuente de la propia existencia, como nido que acoge y como fundamento de la familia” (AL 172).

2) “El sentimiento de orfandad que viven hoy muchos niños y jóvenes es más profundo de lo que pensamos” (AL 173). Es legítimo y deseable “que las mujeres quieran estudiar, trabajar, desarrollar sus capacidades y objetivos personales” (AL 173). Pero “no podemos ignorar la necesidad que tienen los hijos de la presencia materna, especialmente en los primeros meses de la vida” (AL 173). Por ello, “el debilitamiento de la presencia materna con sus cualidades femeninas es un riesgo grave para nuestra tierra” (AL 173).

3) Las madres “son el antídoto más fuerte ante la difusión del individualismo egoísta […] Son ellas quienes testimonian la belleza de la vida” (AL 174). Una sociedad “sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la ternura, la entrega, la fuerza moral” (AL 174).

4) “La madre, que ampara al niño con su ternura y su compasión, le ayuda a despertar la confianza, a experimentar que el mundo es un lugar bueno que lo recibe, y esto permite desarrollar una autoestima que favorece la capacidad de intimidad y la empatía” (AL 175).

5) “La figura paterna, por otra parte, ayuda a percibir los límites de la realidad, y se caracteriza más por la orientación, por la salida hacia el mundo más amplio y desafiante, por la invitación al esfuerzo y a la lucha” (AL 175). “Un padre con una clara y feliz identidad masculina, que a su vez combine en su trato con la mujer el afecto y la protección, es tan necesario como los cuidados maternos” (AL 175).

6) “Se dice que nuestra sociedad es una “sociedad sin padres”. En la cultura occidental, la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desviada, desvanecida” (AL 176). El problema de nuestros días es la ausencia del padre, “el hecho de no estar presente” (AL 176). “El padre está algunas veces tan concentrado en sí mismo y en su trabajo, y a veces en sus propias realizaciones individuales, que olvida incluso a la familia. Y se deja solos a los pequeños y a los jóvenes” (AL 176).

7) “Dios pone al padre en la familia para que, con las características valiosas de su masculinidad, sea cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas. Y que sea cercano a los hijos en su crecimiento cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando son taciturnos, cuando se lanzan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando vuelven a encontrar el camino; padre presente, siempre” (AL 177).

8) “Decir presente no es lo mismo que decir controlador” (AL 177). Los padres demasiado controladores “anulan a los hijos” (AL 177). Pero “los hijos necesitan encontrar un padre que los espera cuando regresan de sus fracasos. Harán todo por no admitirlo, para no hacerlo ver, pero lo necesitan” (AL 177).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.