El Pan de Palabra

Mons. José María Yanguas          Seguimos avanzando por el camino de la Cuaresma y las lecturas que nos ofrece la liturgia de este domingo nos sumergen en el abismo del misterio de Dios que se va desvelando en la historia, que acompaña al ser humano en su aventura de “humanización” y que no deja de despertar interrogantes.

Si el domingo pasado con Noé Dios hacia una alianza universal en la que cabe todo lo creado, una alianza que persigue la vida en armonía, una alianza en la que Dios declara que no volverá a destruir al hombre, este domingo nos ofrece la ratificación de una nueva alianza. En ese marco cósmico y universal en que nos situaba Noé, surge la historia particular de Dios con Abrahán, un pastor de Ur de los Caldeos, con el que inicia una relación de amistad y de acompañamiento en el que se nos va desvelando el misterio de un Dios amigo de la vida y del hombre. El episodio que nos narra hoy el libro del Génesis puede chocar a nuestra mentalidad: Dios exige la vida del único hijo de Abrahán, el hijo de la promesa. Y Abrahán muestra una obediencia total y ciega a Dios. Pero, a parte de las explicaciones del pasaje que reflejan el paso que supuso la fe israelita de los sacrificios humanos a los sacrificios animales ante Dios, este texto no deja de confrontarnos con el reto de la vida. Abrahán madurará como persona en esa relación con Dios vivida en la tiniebla, en un proceso que le va a llevar hasta el episodio de hoy en el que se va a confrontar con su realidad más profunda y auténtica: todo lo que ha recibido y lo que es Abrahán lo ha recibido, no es suyo, no tiene derecho a Isaac. Pero lo más importante del relato lo refleja la frase: “No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo”. Dios no quiere la muerte del hijo. Dios quiere la vida y la vida para todos.

Sobre este texto tan enigmático, que puede levantar ampollas en oídos no educados para leer textos antiguos, resuenan con una fuerza inusual las palabras de Pablo en la carta a los Romanos que culminan la explicación de ocho capítulos en los que ha tratado de explicar que el Evangelio que anuncia es fuerza de salvación para todo el que cree, como Abrahán que creyó, esperó contra toda esperanza y se encontró cara a cara frente al misterio del Dios que ama la vida. Pablo se encontró frente al Dios que va más lejos que el mismo Abrahán, el Dios que ha entregado a su único Hijo para adoptarnos en Él, para hacernos hijos en Él, y que ha permitido que los hombres lo crucificaran. Pablo llega a la conclusión de Abrahán: Dios está con nosotros, Dios nos ha dado a su propio Hijo, ¿cómo no va a estar con nosotros, como nos va a condenar o acusar? Dios se manifiesta en Jesús que se entrega por amor a Dios y a los hombres y lo hace como misterio insondable, que no se puede medir, que nos sobrepasa, nos sobrecoge y nos envuelve hasta sumergirnos en una vida que está lejos de nuestro alcance, una vida plena, llena de amor. Por eso termina por exclamar Pablo: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro?”.

Esta experiencia de Abrahán y de Pablo es la que nosotros, discípulos de Jesús que caminamos por la vida, como se hace a través de la Cuaresma, hacia la Pascua definitiva, hacia la luz de Dios que ha iluminado el misterio de la muerte que nos asustaba y nos atenazaba hasta entonces, estamos llamados a vivir. Dios acompaña nuestros pasos, todos, también los que atraviesan áridos pasajes, cañadas oscuras. Estamos llamados a decir como el salmista: “caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”. Y en ese caminar por la vida, como hizo Abrahán, camino de crecimiento y de maduración, Dios nos va desvelando su auténtico rostro y nos va ayudando a desvelar también el misterio que nos habita, el de hijos e hijas amados suyos. Los discípulos que iban a Jerusalén con Jesús y que estaban escuchando los anuncios de la pasión necesitaron escuchar a Moisés y a Elías, la Ley y los Profetas, las Escrituras, para descubrir que el camino de la entrega por amor, el del servicio llevado hasta el final, es el único que alcanza la verdadera vida. Después de la revelación del verdadero rostro de Jesús, del Dios que se ha hecho hombre y tiene rostro humano, en lo alto de la montaña alta, no queda otra cosa que escuchar a Jesús, como dice la voz del cielo.

En la escucha atenta de las palabras del Maestro que cada domingo se sienta a la mesa de la Eucaristía para partir el Pan y explicarnos las Escrituras podemos encontrar la fuerza y la luz que necesitamos para seguir avanzando por el camino de la vida. Que la Eucaristía de este domingo y la escucha del Dios de la vida nos confronte con su misterio de amor y con nuestro propio misterio de hijos llamados a seguir caminando en su presencia.

      ¡¡¡¡¡Feliz domingo en familia!!!!!

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad.Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad.Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988.Es autor de los siguientes libros:- Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983;- Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985;- La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994.Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán.Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo.Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).