Durante la Cuaresma hay que orar

Mons. Francesc Pardo i Artigas            Una de las actitudes cuaresmales más fundamentales es la plegaria, junto al ayuno y al hecho de dar y de darse (oración, ayuno y limosna).

Santa Teresa de Jesús, la gran maestra de la plegaria, escribía: “Para mí la plegaria es un impulso del corazón, es una mirada dirigida al cielo, es un grito de reconocimiento y de amor tanto en la prueba como en la alegría”.

Cristo oraba, y enseñó a hacerlo a los discípulos. Insistió en la necesidad de la plegaria, les enseñó la oración del Padrenuestro, y recomendaba la plegaria insistente y confiada. Si se pudiese resumir la predicación de Jesús en dos expresiones, éstas serían: “ora y ama”.

Ciertamente, la plegaria es la respiración de la vida cristiana, ya que sin ella desfallece, se apaga y puede llegar a desaparecer, o quedar únicamente como una cierta tradición cultural.

El objetivo o finalidad de la Cuaresma es la conversión al Evangelio, la conversión a Jesucristo, y por ello es del todo necesaria la plegaria.

Un cristiano es alguien que ora y ama. Al mismo tiempo, la plegaria también es un ejercicio de amor, y para sentirse amado y amar de verdad hasta el perdón hay que orar. Quien ama de verdad ora, y quien ora de verdad ama.

Todos sabemos por experiencia las dificultades que tenemos para orar. Y no sólo nosotros, también los santos, los grandes místicos. Han vivido tales dificultades, pero las han superado.

Recordemos algunas:

“No sabemos que hemos de decir, nos distraemos con frecuencia pensando en lo que hemos de hacer o en lo que nos preocupa. No entendemos la necesidad de la Misa y, además, a menudo nos resulta aburrida. Parece que Dios no nos escucha, pues hemos pedido muchas cosas y no se nos han concedido. No tenemos tiempo y –a decir verdad- nos parece una pérdida de tiempo. Si se nos pide alguna cosa como voluntarios lo haremos pero, orar, ¿qué soluciona?”.

Aquí podéis añadir otras dificultades que vivís.

Sin embargo, la oración es una actitud fundamental en la vida cristiana, porque manifiesta la relación y la comunicación con Dios por medio de Jesucristo con la fuerza del espíritu. Tal como he señalado, me atrevo a pronosticar que quien no reza, acaba dejando de creer… y posiblemente dejando de amar como Jesús. ¿Por qué? Porque en la plegaria hacemos experiencia personal y comunitaria de Dios y de su amor. Porque en la plegaria nos ponemos junto a Jesús, lo escuchamos, hablamos y confiamos en Él. Porque por medio de la plegaria se establece comunicación con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, tanto si le escuchamos como si le hablamos para alabarlo, darle gracias y presentarle nuestras necesidades y las de los demás.

Ahora bien, para orar son necesarias unas actitudes básicas y fundamentales.

*  Confianza absoluta en Jesucristo, que oraba y nos mandó hacerlo.

*   Experiencia de silencio. Sin el silencio exterior que ha de ayudarnos al silencio interior, difícilmente podremos iniciar una comunicación de afecto en la que escuchar y hablar desde la profundidad de nuestro ser.

 Conciencia de pobreza. Somos pobres, débiles y necesitados de salvación, es decir, de verdadero amor, de perdón, de vida sin limitaciones, de saciar nuestro deseo de felicidad, de realización… y no podemos hallar la salvación en nosotros mismos.

*   Hemos de buscar a alguien o alguna comunidad que nos enseñe a orar y nos acompañe. Sin quien nos ayude a orar, sin quien nos acompañe y nos haga superar las dificultades, será difícil perseverar en la plegaria.

¡Cuaresma es plegaria!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 404 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.