Tres soledades y una única respuesta

Mons. Francisco Cerro              La soledad es y ha sido siempre un interrogante de sufrimiento en el corazón humano  ¿Por qué nos sentimos tan solos? ¿Nadie puede habitar en nuestra soledad? ¿Por qué los momentos claves de la vida los vivimos solos y decidimos solos? ¿Hay algún remedio a la soledad que, como plaga, se extiende por el mundo?

Desde mi experiencia y reflexión quiero subrayar que existen tres tipos de soledad y una única respuesta: el Amor de Dios:

  1. Existe una soledad sonora que dice San Juan de la Cruz y es el anhelo del corazón humano de encontrarse habitado por Dios. San Agustín la refleja magníficamente: “Nos hiciste, Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” También San Bernardo se atreve a decir que nunca está la persona menos sola que cuando está a solas con Dios. Es una soledad que gusta una presencia que “recrea y enamora”.

Desde mi profundo encuentro con Cristo la soledad no es mi patria no pertenezco a ella. Vivo con la convicción de que no estoy solo, de que me acompaña siempre el que dijo desde el principio: No es bueno que el hombre esté solo. Esta cercanía y presencia de  Dios en el corazón, en el alma, en el interior que se ha llamado “inhabitación trinitaria”, vida de gracia, vida interior es el remedio más eficaz contra las peores de las soledades, vivir la vida sólo contigo mismo, sin el amor de Dios .

  1. Existe otro tipo de soledad, que todos experimentamos y que es condición humana. Nadie es Dios para calmar todas nuestras soledades. Esta es la expresión de muchos que dicen: me falló mi mujer, mi marido, mi hija, mi amiga del alma, ¿por qué te falló? ¿No será que has descubierto que nadie es Dios, fuera de Dios?. Las personas humanas son frágiles, fallan, tienen sus limitaciones y egoísmos. Esta es la soledad que se llama vulgarmente lo peor de la soledad la soledad acompañada. Son la gente a la que todo el mundo le ha fallado y por eso está sola. Más bien habría que matizar que la pobre gente es lo que es y no les puedes pedir peras al olmo, como a ti no te pueden exigir lo que no puedes dar.

Esta soledad la vivimos todos, incluso con los que más queremos. Hay que aceptar las limitaciones de los otros y que la respuesta es la comprensión y misericordia. Sólo Dios es Dios.

  1. La última de las soledades, que también tiene como respuesta el Amor de Dios, es saber agradecer la cantidad de personas buenas que caminan a nuestro lado y forman parte de nuestra existencia y que son una ayuda a no estar tan solos. Agradecer es salir de la soledad y vivir con otro aire la vida. No todo el mundo existe para paliar mi soledad, ni existe nadie que no pueda aportar a mi vida mucho o algo para compartir que es la manera “a lo humano” de salir de nuestra soledad. Es verdad que muchas buenas personas han paliado grandes soledades.

TRES REFLEXIONES SOBRE LA SOLEDAD Y UNA ÚNICA RESPUESTA EL AMOR DE DIOS, que se encuentra muchas veces a través del corazón humano, de los que comparten nuestra vida, aunque no son Dios. Dios es Único y no tiene competidores.

+Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.