¿Ha muerto la caridad en nuestros corazones?

Mons. Enrique Benavent              En el mensaje para la Cuaresma de este año, el Papa Francisco nos recuerda que este tiempo de gracia y de renovación espiritual ha de tener como objetivo fundamental reavivar en nuestro corazón el amor a Dios y a los hermanos. En esto consiste la conversión a la que estamos llamados en este tiempo litúrgico. Para ayudarnos a recorrer el camino cuaresmal haciendo una revisión de vida que vaya a las raíces de nuestro comportamiento, el Papa nos recuerda los signos que nos indican que la caridad se está apagando en nuestros corazones y las causas que nos llevan a esta situación.

Lo más peligroso para la caridad, por ser “la raíz de todos los males” (1 Tim 6, 10), es, en primer lugar, la avidez por el dinero. Es una fuente de esclavitud para el hombre, porque el deseo de poseer nunca se ve satisfecho y, cuando tenemos lo que queremos, comenzamos a desear otras cosas. Además, quien es esclavo del dinero, para acumular bienes llega a perder el sentido de lo que está bien o mal: el afán de poseer engendra mentira, opresión y violencia. Cuando alguien se ha instalado en esta dinámica, muere en él la caridad, porque, como dice Jesús, “ningún siervo puede servir a dos señores … no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16, 13). El amor engendra sentimientos de autosuficiencia y de rechazo a Dios, y lleva a desconfiar de su palabra; nos resistimos a ponernos en sus manos y despreciamos su gracia y su consuelo, que nos vienen por los sacramentos de la Iglesia.

Cuando se apaga la caridad de Dios muere también el amor a los demás: dejamos de verlos como hermanos y empezamos a considerarlos una amenaza y un peligro. En el corazón del ser humano brotan actitudes de sospecha hacia todos aquellos que ponen en peligro nuestras comodidades e intereses: el niño por nacer, el anciano, el enfermo o el extranjero. Cuando muere el amor a Dios, las personas nos hacemos egoístas y nos olvidamos de trabajar por el bien común. Esta actitud se manifiesta en el desprecio a la creación, que pone en peligro, no sólo el desarrollo de los países más pobres, que son víctimas de esta actitud interesada y egoísta, sino el futuro de toda la humanidad.

Pero las dificultades no están sólo fuera de la Iglesia. También en nuestras comunidades se pueden dar signos de que ha muerto la caridad. Cuando vivimos en el pesimismo; cuando hemos dejado de creer en lo que hacemos, y pensamos que no sirve para nada; cuando no estamos abiertos a la comunidad o las divisiones en la Iglesia matan el espíritu misionero… esto significa que también entre nosotros ha muerto la caridad.

Pero todo tiene remedio: si nos abrimos a la gracia que Dios nos ofrece en los sacramentos de la Iglesia, que son signos de un amor que nunca se apaga en el corazón del Padre y a los cuales somos invitados a participar de una manera especial en este tiempo de Cuaresma, Él puede dar a nuestra vida una nueva orientación, que no viene de nuestras fuerzas, sino de su poder, que es más fuerte que nuestro pecado.

Que este sea el fruto de esta Cuaresma.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España.CARGOS PASTORALESEn su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana.Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral.Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004.El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.