Solos a cualquier edad

Mons. Juan del Río              La soledad es la epidemia de la sociedad del bienestar. Estamos en la era de la comunicación y de las redes sociales en un mundo global. Por paradójico que parezca, cada vez son más las personas que aseguran sentirse solas y experimentan un sentimiento de vacío y abandono de forma habitual. Las alarmas han saltado en la mayoría de los ciudadanos. Los gobiernos intentan reaccionar a través de políticas sociales que reduzcan los males de esta sombría y compleja enfermedad, pero las causas de fondo no se abordan por miedo a poner en entredicho la visión moderna materialista de la vida y la familia.

Estamos solos ante los grandes desafíos de nuestra existencia, nadie puede decidir por nosotros. Hay que asumir una soledad de base que nos viene dada por la naturaleza humana. Pero “no es bueno que el hombre este solo”, el mismo ser de la persona, reclama la compañía del otro. Necesitamos de la “mano amiga” que nos ayude a encarar la vida con sus dolores y el enigma de su final: la muerte.

Además, hay una soledad provocada por los errores personales que a veces colocan a las personas en situaciones de aislamiento no querido ni buscado, pero que son consecuencias de acciones desafortunadas. Otras soledades vienen impuestas por el mal que pueden hacernos otras personas, llevando a la incomunicación y a la desconfianza permanente ante la sociedad.

¿Qué hacer para no sucumbir a la tristeza de muerte que supone la soledad? Primeramente hay que prepararse para tener una soledad fecunda, que es aquella que vive de la riqueza de valores que habita en el corazón del hombre. Esta cultura nihilista que envuelve a nuestros días no ayuda a construir la fortaleza interior de la persona, y este es el mayor fallo de fundamento que debemos afrontar.

El segundo elemento es un cambio radical acerca de la concepción materialista de la vida. Está más que demostrado que el puro confort deja vacía el alma, estrecha la mente y convierte a la persona en mero objeto de consumo.

El tercer factor es el rechazo a la natalidad, lo cual crea una sociedad de ancianos. De esto no se quiere hablar o se enmascaran los hechos, aunque la realidad es tozuda y al final se está viendo que en muchas sociedades hay poco relevo generacional. Una pregunta de sentido común es quién va ayudar a los mayores cuando no nacen niños. Las políticas gubernamentales no están apoyando a las familias numerosas; los horarios labores son incompatibles con el funcionamiento del hogar y la educación de los hijos; los programas de ayudas sociales son más propaganda que respuestas reales a los problemas de incapacitados, largas enfermedades o familias monoparentales y demás circunstancias. Unido a todo esto, la descomposición familiar engendra soledad desde edades muy tempranas.

De ahí que la familia deba ser rehabilitada en la primacía del “amor y la unidad”; también sintiéndonos parte de esa otra familia, la Iglesia, que nos acompaña en todas nuestras soledades y vacíos existenciales, ofreciéndonos la compañía de Alguien que nunca nos abandona, hasta más allá de la muerte: Jesucristo, el Señor.

 

+Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
Acerca de Mons. Juan del Río 117 Articles
Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".