“El seguimiento supone un encuentro personalcon Jesús, una experiencia de amistad”

El Seminario diocesano de Plasencia, acogió el jueves 25 de enero, una sesión formativa más del programa diocesano de Formación Permanente del Clero. En esta ocasión el sacerdote diocesano Jacinto Núñez Regodón, doctor en Teología Bíblica y vicerrector de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), ofreció una conferencia sobre el tema “Seguir a Jesús. Las exigencias del discipulado”.

La próxima cita será este 15 de febrero, para el clero de la zona norte y el 22 para el clero de la zona sur, con el tema “Convertirse al Dios que proclama Jesucristo. Prescindir de Dios, falsificar a Dios, descubir a Dios” a cargo de Antonio Jesús Pérez Martínez, doctor en Teología Dogmática, arzobispado de Granada.

¿Por qué ha hablado sobre “Seguir a Jesús. La exigencia del discipulado?

Se trata de un tema fundamental y fundante para toda experiencia creyente. En realidad hay que volver una y otra vez sobre sobre los relatos evangélicos en los que se nos cuentan aquellas primeras experiencias de Pedro, Andrés, Santiago, Juan… para recuperar los elementos fundamentales de aquellos encuentros y a partir de ellos contrastar nuestras propias experiencias personales. Se trata de un camino de ida y de vuelta: desde nuestra situación personal vamos a aquellas experiencias y, enriquecidos con las mismas, volvemos a nuestra realidad para crecer precisamente en el seguimiento de Jesús, con mayor radicalidad y fidelidad.

¿Qué nos dice el Nuevo Testamento sobre el seguimiento?

Quizás un dato fundamental y primero es que es Jesús quien llama: “No me habéis elegido vosotros a mí, soy yo quien os ha elegido”. La iniciativa es suya. Es él quien se acerca a la “orilla” de nuestra realidad concreta y, en medio de ella, sin sacarnos de ella, nos dirige una invitación amorosa: “ven y sígueme”. El seguimiento no es, pues, apuntarse a una ideología o a una causa de cualquier tipo, por muy noble que sea. El seguimiento supone un encuentro personal con Jesús, una experiencia de amistad con él y, fortalecidos en esa amistad, ser sus testigos en medio del mundo. Lo resume de forma admirable este texto del evangelio de Marcos: “Los llamó para estar con él y para enviarlos a predicar, con el poder de expulsar demonios”, que quiere decir “sanar heridas” del cuerpo y del alma.

¿Qué exige ese seguimiento?

El seguimiento de Jesús supuso para aquellos primeros discípulos tres exigencias radicales de tipo material: en primer lugar, renunciar a los bienes; en segundo lugar, romper con la propia familia para entrar a formar parte de la nueva familia de discípulos en torno a Jesús; y en tercer lugar el abandono de la propia casa para dedicarse a una vida de itinerancia.

Hay otras exigencias que podemos llamar más espirituales: Jesús habla de negarse a sí mismo y cargar con la cruz, expresiones equivalentes a las de “hacerse el último” y “servidor de todos”. Dicho de otra forma, la exigencia más radical es vivir la propia vida en el servicio de los hermanos.

Hay que advertir que Jesús se encontró también con personas de una posición social relevante. El ejemplo más claro es Zaqueo. En esos casos la exigencia es muy clara: el seguimiento de Jesús obliga a compartir los bienes con los necesitados y llevar un modo de vida en justicia y caridad. El encuentro de Zaqueo con Jesús supuso para él una redimensión total de sus relaciones sociales.

¿A quién llama Jesús?

Se puede hablar de una especie de círculos concéntricos. Los destinatarios originales fueron unos cuantos discípulos, de los cuales se formó el grupo de los Doce. En ese grupo tuvo un papel fundamental el “triunvirato” de Pedro, Santiago y Juan. Pedro representaría para el futuro la figura ministerial por excelencia, con un compromiso especial al servicio de los hermanos. Y Juan será el modelo del discípulo amigo de Jesús, cuyo elemento característico es el amor.

Habría que señalar también el papel que tuvieron las mujeres como seguidoras de Jesús. Entre ellas juega un papel fundamental María Magdalena.

La llamada de Jesús, en fin, es universal. Una mención especial ha de hacerse de los pecadores: “No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”. Es decir, cualquiera que sienta la llamada de Jesús verá afectada su propia vida. Quien se encuentra con Jesús tiene que cambiar de modo de vida sí o sí. De lo contrario es que no ha habido un encuentro auténtico.

¿Cuesta en la actualidad seguir a Jesús?

Cuesta, sí. Pero no creo que sea hoy más difícil que lo fuera en la sociedad palestina del siglo I. Hay siempre un elemento de exigencia, de renuncia, incluso de mortificación para poder seguir a Jesús. Pero no es bueno quedarse sólo en ese aspecto.

Seguir a Jesús es también fuente de paz interior, de alegría, de ilusión etc. hasta ofrecer un modelo de vida en plenitud.

(Iglesia en Plasencia)

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