Cuaresma

Card. Ricardo Blázquez            Cuaresma es el tiempo litúrgico de preparación a la Pascua de Resurrección; comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo. Debe ser un tiempo de renovación personal y también de las comunidades cristianas. En la celebración del Miércoles al imponérsenos la ceniza se nos dice: “Conviértete y cree en el Evangelio”, que fue la llamada de Jesús al comenzar su actividad pública (Mc. 1, 15). El Señor viene a nuestro encuentro y nos pregunta: ¿Te acuerdas de que eres polvo y al polvo volverás? (cf. Gén. 3, 19). ¿Quién es Dios para ti? ¿Dónde está tu hermano? (cf. Gén. 4, 9). Cuaresma es un tiempo de gracia que Dios nos ofrece para plantearnos las preguntas más importantes de la vida; es una oportunidad para pasar de la superficialidad a la meditación del corazón, de las prisas al sosiego, de la dispersión a centrar la vida en lo que nos unifica interiormente. Pido a todos y me incluyo como destinatario de la misma petición que aprovechemos este “día de salvación” para prepararnos a la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Cuaresma es como la subida de los discípulos con Jesús a Jerusalén donde nos redimirá con su cruz y resurrección (cf. Mt. 16, 21).

El Evangelio proclamado en la Eucaristía del Miércoles de Ceniza nos recomienda especialmente la limosna, la oración y el ayuno (cf. Mt. 6, 1-6. 16-18). Insiste el Señor en la limosna en secreto, la oración en secreto y el ayuno en secreto. Esto significa actuar sinceramente ante Dios, que ve en lo escondido. No buscamos por la práctica espectacular de las obras buenas la alabanza de los demás sino la compasión y el perdón de Dios. En la enseñanza de Jesús son exigencias de auténtica moral cristiana la humildad del corazón y la fraternidad con todos, particularmente con los necesitados. La limosna significa el pan compartido, la acogida del inmigrante, la solidaridad efectiva. La oración es el diálogo confiado de los hijos con Dios nuestro Padre. El ayuno implica la sobriedad, la privación de cosas superfluas para reconocer que nuestro alimento es la Palabra de Dios (cf. Mt. 4, 4). El Evangelio que escuchamos al comienzo de la Cuaresma es actual para nosotros. El mismo Señor nos habla a cada uno de nosotros cuando es proclamada la Palabra de Dios en la asamblea cristiana. ¡Que no impidan los vocablos utilizados ni otras resonancias socio-culturales de la Sagrada Escritura captar el centro del mensaje que nos comunican y que necesitamos!

Quiero detenerme brevemente en la oración, que a veces hemos profundizado a través de la adoración eucarística, pero no ocupa ordinariamente el lugar básico en nuestra vida cristiana. ¿No padecemos una enfermedad especial que podemos designar como “despiritualización”?. Cuaresma es un tiempo propicio para la oración, para meditar en la Palabra de Dios, para la catequesis de adultos, para charlas parroquiales. Exhorto a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas, seglares a que profundicemos con la mente y el corazón en la fe y en la moral que caracteriza a los discípulos del Señor. Vivamos nuestra condición cristiana sin ocultamientos ni vanagloria, sino con valentía y humildad.

La oración, la espiritualidad, la relación personal con Dios es fundamental. La oración despierta la fe, nutre el dinamismo apostólico, rehace de los cansancios, mantiene la fidelidad, levanta el ánimo abatido, regenera el sentido de nuestra misión. Sin la oración pierden hondura nuestras actividades pastorales. Si la palabra de nuestra predicación no germina y brota del silencio orante es una palabra hueca y quizá exclusivamente “profesional”. Sin encuentro con Dios no hay profeta; sin íntima comunicación personal con Dios nuestra predicación y catequesis no transmiten ni alimentan adecuadamente la fe.

La plegaria es fuente de serenidad y de gozo, porque Dios se convierte en nuestra fuerza. La oración nos reestructura interiormente en medio de nuestras perplejidades y desorientaciones. Por la oración nos ponemos a disposición de Dios: “Aquí estoy porque me has llamado”, “heme aquí, envíame”, “habla, Señor, que tu siervo escucha”. Para hablar de Dios a los hombres necesitamos previamente y siempre hablar con Dios. A través de la oración asentamos nuestra existencia en el Misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. A la luz de Dios descubrimos que en el hermano, aunque su rostro esté desfigurado, está presente el mismo Jesús (cf. Mt. 25, 40.45).

La oración es insustituible para mantener despierta en el horizonte de nuestra vida personal y de nuestras sociedades la atención a Dios. Sin la vitalidad de la oración, que es como el motor, el sentido de la vocación y de la misión se ralentiza y hasta puede apagarse. Un gran orante de nuestro tiempo ha llegado a afirmar que la oración es la luz y la sal de los apóstoles.

Así como Jesús, fortalecido con la oración en Getsemaní, recorrió el “Via-crucis” de su Pasión, también nosotros podemos cargar con la cruz apoyándonos en Dios. Termino con unas palabras del Papa para la Cuaresma: En la oración descubrimos “qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien”.

+ Card. Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)