Amarás a Dios y amarás al prójimo

Mons. José Vilaplana              Queridos hermanos y hermanas:           Dios es amor y amarle a Él y amar al hermano, inseparablemente, es el signo de una vida cristiana auténtica. Cada Cuaresma, la Iglesia nos invita a renovar y revitalizar este amor que está permanentemente expuesto a enfriarse. Así nos lo ha recordado el Papa Francisco, en su mensaje para esta Cuaresma, al ponernos en guardia frente a los falsos profetas que nos invitan a una vida fácil y nos seducen con falsas promesas de una vida egoísta que “enfrían nuestro amor”.

En esta sencilla carta, al inicio de este tiempo de conversión, os exhorto a preguntaros en serio cómo está nuestro amor a Dios, a volver a Él y, alimentados por su Palabra y la celebración de los sacramentos, reavivar vuestro corazón. Así se encenderá de nuevo, como experimentaron los discípulos de Emaús (Cf. Lc 24, 13-25).

El amor a Dios y al prójimo ha de actualizarse y vivirse en cada momento de la historia para traducirlo en acciones concretas y adecuadas, de manera que no amemos de palabra sino con obras y verdad (Cf. I Jn 3, 18). Amar es tomarse en serio al otro en este doble sentido: tomarse en serio las cosas de Dios y tomarse en serio la situación del hermano. Amar significa preguntarse qué espera el otro de mí. Deseo centrarme en esta breve carta en el amor y servicio a los más necesitados que se encuentran entre nosotros.

Cada uno personalmente, de hecho, ayudamos y acompañamos a muchas personas. Esto no puede faltar en la vida cristiana. Pero hay otro modo, complementario y necesario, de ayudar de forma comunitaria y organizada. Porque hay situaciones y necesidades que sólo podremos afrontar debidamente uniendo nuestros esfuerzos. Esta forma de acercarnos a los demás expresa la solicitud de la madre Iglesia por sus hijos más débiles. Este servicio de la Iglesia a los últimos, organizado y comunitario, lo llevamos a cabo por medio de Cáritas.

¿Qué es Cáritas? Es la mano generosa de la Iglesia que sirve a los últimos de la sociedad. En su nivel parroquial, diocesano, nacional e internacional, desea acercarse a los más vulnerables; reconociendo la dignidad de toda persona humana y procurando su promoción y desarrollo integral.

Nuestra Diócesis de Huelva está atenta a las situaciones que demandan de todos nosotros una mayor atención. Además de las personas sin hogar, hay entre nosotros un gran número de inmigrantes que vive en situaciones indignas de cualquier ser humano. Pero, además, dentro de ellos, hay un grupo que sufre a causa de la enfermedad o el accidente. Se convierten así en los últimos de los últimos.

Los cristianos no podemos ser indiferentes ante estas situaciones. El Papa Francisco, en su mensaje cuaresmal de este año, recuerda unas palabras del Papa Pío XII, y nos dice que: “cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos. Y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?”.

El tiempo de cuaresma es tiempo de oración, ayuno y limosna: tiempo de saber renunciar a nuestros caprichos, para poder compartir con más generosidad.

Nuestras Cáritas están necesitadas de recursos para prestar mejor ayuda. Algunas instituciones están retirando su ayuda a Cáritas y esto requiere que nosotros aumentemos nuestros recursos propios para seguir acompañando a los más necesitados.

¿Qué podemos hacer?

Tomemos en serio lo que venimos haciendo:

–    La colecta del primer domingo de mes.

–    El Gesto de Cuaresma.

–    La renovación de nuestros equipos de Cáritas, con más voluntarios.

–    La información de lo que la Diócesis está haciendo y la formación para realizar una Caridad más promocional.

–    La reflexión sobre lo que cada uno, o cada familia, puede compartir.

Queridos hermanos y hermanas, no olvidemos que el Señor nos preguntará al final de nuestros días: ¿Qué has hecho por mí en el hermano? Quiera Dios que nuestra respuesta sea: ten piedad de mí, he intentado amarte con todo mi corazón, sirviendo y ayudando a mis hermanos.

Con todo afecto os bendigo.

+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

Mons. José Vilaplana Blasco
Acerca de Mons. José Vilaplana Blasco 34 Articles
Nació en Benimarfull, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia, el 5 de diciembre de 1944. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario metropolitano de Valencia, recibiendo la ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1972. Durante el curso 1980-1981 realizó estudios de Teología Espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Tras su ordenación sacerdotal desarrolló su ministerio, de 1972 a 1974, como coadjutor en la parroquia Cristo Rey de Gandía (Valencia). Desde ese año y hasta 1980 fue Rector del Seminario menor de Játiva y Responsable del Instituto de BUP de la misma población. Fue Vicario Episcopal de la zona de Alcoy-Onteniente y párroco de Penáguilla, Benifallim y Alcolecha entre 1981 y 1984. En 1984 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante). El 20 de noviembre de 1984 fue nombrado obispo auxiliar de Valencia y recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. El 23 de agosto de 1991 fue trasladado a la sede episcopal de Santander. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión Episcopal del Clero. Con fecha 17 de julio de 2006, fue nombrado por S.S. el Papa, Benedicto XVI, Obispo de Huelva, sede de la que toma posesión el día 23 de septiembre de 2006.