Manos Unidas: Campaña Contra el Hambre

Card. Antonio Cañizares           El 9 de febrero se celebra el Día del Ayuno Voluntario, y el domingo la Jornada Nacional de Manos Unidas. Un año más, y ya supera los cincuenta, Manos Unidas, surgida de la Acción Católica de entonces, sigue, ininterrumpidamente, llevando a cabo una tarea colosal de sensibilización en la opinión pública sobre el problema de la humanidad, del hambre en el mundo, y apuntando respuestas concretas para paliar este terrible drama, reflejo de un corazón humano que se cierra, individual e insolidariamente. Cierto que no es una obra de ingeniería o estructuración política, no obstaculiza para nada un Nuevo Orden Mundial justo, que en el concierto de las naciones tienda a erradicar satisfactoriamente el hambre en el mundo. Sin embargo, es un movimiento eclesial que contribuye a la toma de conciencia del problema y a solucionar algunas situaciones muy concretas con proyectos propios. Por eso, anualmente, llama a la puerta de nuestras conciencias, y reclama nuestra contribución económica para esos proyectos concretos que se seleccionan y aprueban escrupulosamente. Somos así, necesitamos que nos llamen una y otra vez para recordarnos de algo que nunca debería pasar al olvido: que todos somos hermanos, que mi vida presupone la del hermano, que, al contrario de lo que pensaba y actuaba Caín sí que somos guardianes de nuestros hermanos, y que no podemos cerrar nuestras entrañas a las necesidades de los demás hombres, sobre todo los más débiles, porque son, sin más, nuestros hermanos.

Dios ha creado todo para todos, un solo mundo, sin distinción ni privilegios, para todos. Dios quiere que todos seamos uno, que hagamos de esta tierra un hogar, una casa común, para todos. Ha puesto en esta casa las riquezas para ser compartidas, ha entregado un solo pan para cuantos moramos en ella. Este deseo divino, Dios nos lo ha hecho palpable y visible en su propio Hijo: El es el Pan de la vida, partido y entregado por amor para hacer de los hombres una misma familia bajo un mismo Padre. Qué lejos aún estamos todos, en particular los cristianos, de entender esto y más aún de vivirlo como reclama nuestra fe.

Como señala el Papa Francisco, “hoy, creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos. Para los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador, porque Dios creó el mundo para todos” (Laudato sí), y deberíamos bajar la cabeza avergonzados ante estas palabras de San Juan Pablo II, decididos a actuar: “Cincuenta años después de la solemne proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, muchas personas aún se hallan sometidas a las más degradantes formas de explotación y manipulación, que hacen de ellas verdaderas esclavas de los más poderosos, de las ideologías, del poder económico, de sistemas políticos opresores, de la tecnología científica o de la invasión de los medios de comunicación social” (Ecclesia in Asia, 33).

La fragmentación, la división, la insolidaridad, la exclusión de tantos hermanos, el individualismo, el egoísmo narcisista, el fraude, la lucha de intereses propios, la destrucción del ambiente, la esquilmación egoísta de los recursos, el olvido y la marginación, y tantas actitudes, rompen el proyecto de Dios, que es el proyecto común: un solo mundo, una sola familia, una ciudad para todos, un gran techo común, una sola cosa entre todos los hombres y todos los pueblos. Una sola mesa compartida por todos y un pan de multitud, ese es el proyecto común, el que Dios ha tenido al hacernos hombres, el que Dios ha reconstruido y renovado al redimirnos y rescatarnos en su Hijo Único y nuestro Hermano, Jesús.

Manos Unidas, que nace –no lo olvidemos– desde las exigencias de la fe cristiana y quiere vivir y trabajar desde ella, apela a toda la sociedad para que compartamos de verdad, para que vivamos la verdad de nuestro ser de hombres que es el compartir y no cerrarnos a nuestros hermanos que pasan hambre, que sufren la miseria, que son víctimas del egoísmo insolidario, que viven la opresión de la injusticia infligida por sus propios hermanos que somos nosotros. Por eso el lema de la Campaña de este año: Comparte lo que importa. Compartir es lo que importa para poder cambiar la situación. Compartir exige un cambio necesario en las conductas, en la manera de ser, de organizarse el hombre y la sociedad.

Necesitamos un cambio hondo en nuestras actitudes, una renovación moral, unas nuevas relaciones entre los hombres y los pueblos, unas formas nuevas de situarnos ante el mundo y sus recursos. Es necesario vivir de manera más sobria, sencillamente para que no mueran de hambre y de miseria tantísimos millones de seres humanos. Es imprescindible consumir menos para compartir más, no malgastar sino aprovechar, abandonar tanto egoísmo narcisista para entregarnos de verdad a los demás.

Necesitamos colaborar con nuestro trabajo, nuestras aportaciones y nuestros gestos solidarios con aquellas iniciativas, personas e instituciones, que sirven a los pueblos que padecen el hambre y la miseria. Estas iniciativas, como es la de Manos Unidas, están aplicando, y aun multiplicando, los recursos económicos que recaudan a necesidades y programas concretos con resultados importantes en la lucha contra el hambre. Son programas encaminados a mejorar las condiciones de vida de las personas y a posibilitar procesos de autosuficiencia comunitaria. Las necesidades son tan grandes, que la ayuda actual es insuficiente. Si todos compartiésemos, si cooperásemos con generosidad, cuánto podríamos hacer en ese proyecto común de erradicar el hambre del mundo, al menos paliarla en algunas partes y así hacer un solo mundo para todos. Colaboremos generosamente con nuestros medios económicos, con nuestras actitudes renovadas, con nuestro trabajo en la campaña de Manos Unidas.

+ Antonio Cañizares Llovera
Cardenal Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014