‘Jesús cura al leproso’

Mons. Juan Jose Asenjo         Queridos hermanos y hermanas:       El Evangelio de este domingo VI del tiempo ordinario nos narra el encuentro de Jesús con un leproso en los umbrales de su vida pública. Para la sociedad de tiempos de Jesús, la lepra era consideraba como castigo del pecado. Era la enfermedad más terrible puesto que entonces era incurable. El leproso vivía alejado de la sociedad en cuevas y descampados, fuera del mundo de los sanos. La lepra era «primogénita de la muerte» (Job 18,13). Por esta razón, en el mundo rabínico curar a un leproso era lo mismo que resucitar a un muerto, cosa que sólo Dios podía hacer. (Num 12,1-16) Jesucristo, puede curar la lepra porque es el Hijo de Dios. Así lo entiende el leproso, que se arrodilla ante Jesús con esta súplica llena de humildad y de confianza: Si quieres, puedes limpiarme.

El acercamiento del leproso a Jesús es sumamente audaz. La Ley de Moisés mandaba excluir a los leprosos de la comunidad. Así lo ordenaba el libro del Levítico: El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!”. Mientras le dure la afección, seguirá siendo impuro. Es impuro y vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento (Lev 13,45-46). Jesús no rechaza al leproso, ni confirma su exclusión de la sociedad. Como nos dice san Marcos, «compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero, queda limpio”» (Mc 1,41).

Los gestos que realiza Jesús nos muestran su humanidad. Jesús no es un teórico de la caridad ni un diletante. Ante el leproso se conmueve. El evangelista Marcos nos da un detalle sumamente importante: Jesús antes de curar al leproso, lo toca. ¡Cuánto tiempo haría que aquel leproso no sentía el contacto cálido de la mano de otra persona! Antes de restaurar su cuerpo enfermo, al tocar al leproso Jesús incluye en su afecto a aquel excluido, establece una relación personal con él y restaura sus relaciones sociales. ¡Quién sabe si a partir de entonces el leproso recién curado se convierte en uno de los seguidores de Jesús! Es un gesto muy común en sus curaciones. Jesús toma de la mano a la suegra de Pedro (Mt 8,15) y a la hija de Jairo (Mt 9,25) antes de sanarlas. Él acaricia los ojos de los ciegos para darles la vista (Mt 20,34).

Es seguro que nosotros nunca podremos sanar a nuestros semejantes como Jesús, pero sí podemos tocar, incluir y mostrar afecto. El papa Francisco insiste continuamente en ello. Así lo decía en la vigilia de Pentecostés de 2013 a los movimientos eclesiales: «Y cuando des la limosna, ¿tocas la mano de aquel a quien le das la limosna, o le echas la moneda?». A continuación el Papa nos invitaba a ver y tocar en los pobres y enfermos la carne de Cristo, tomando sobre nosotros el dolor de los pobresEsta recomendación es una constante en la historia de la caridad cristiana: ver en los pobres y en los enfermos el rostro doliente del Señor.

Así lo encarecía el Venerable Miguel Mañara a sus hermanos de la Santa Caridad de Sevilla rogándoles asistir a los enfermos desde la cercanía y la inmediatez corporal, lavando, besando, y curando sus llagas. La razón es la identificación misteriosa del Señor con los pobres y enfermos: “debajo de aquellos trapos –escribe Mañara- está Cristo pobre, su Dios y Señor”. Bartolomé Esteban Murillo, que era hermano de la Santa Caridad de Sevilla, inmortalizó esta recomendación en el cuadro de santa Isabel de Hungría curando a los niños tiñosos. La reina, con la camisa remangada, lava con sus propias manos la cabeza de un niño aquejado por esta enfermedad.

La enseñanza del Maestro en humanidad que es Jesús es clara: el leproso no solo sufre una dolencia física. También se siente marginado y evitado. Médicos, sanitarios, voluntarios, familiares y quienes tenemos enfermos en casa o los visitamos, debemos  reconocer que el cariño sincero, la mirada entrañable y el contacto físico, salvo en caso de prohibición facultativa, son modos excelentes de integrar, incluir, sanar y salvar al enfermo, a la manera de Jesús. Jesús podía y, por ello, pronunció la palabra hágase que es propia de Dios: «Quiero, queda limpio.» Así se cumplieron los anuncios proféticos que apuntaban que una señal de los tiempos mesiánicos sería que los leprosos quedarían curados.

Después de la curación, el leproso no pudo acallar su suerte y empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones. También nosotros como él debemos mostrar sin rubor lo que nosotros hemos aprendido, divulgar lo que a nosotros nos ha acontecido, que el encuentro con el Señor nos ha devuelto la luz, la vida y la esperanza. En el anuncio de Jesucristo con las palabras y las obras no cabe el miedo, porque Jesús se ha comprometido con nosotros, vive en nosotros, camina a nuestro lado y actúa a través nuestro

Para todos, mi afecto fraterno y mi bendición.

+ Juan Jose Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

Mons. Juan José Asenjo
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Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. CARGOS PASTORALES Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993). En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003. El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo. Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009. Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017). Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003. Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003. Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".