Caminar hacia la Pascua del Señor

Mons. Casimiro López Llorente           Con la imposición de la ceniza sobre nuestra cabeza el próximo miércoles comienza la Cuaresma, que nos prepara a la celebración de la Pascua del Señor. La Cuaresma es tiempo de particular empeño en nuestro camino espiritual, de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a la oración, el ayuno y la limosna.

Con el gesto de la imposición de la ceniza reconocemos la propia caducidad y fragilidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud interior que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. La imposición de la ceniza nos llama a abrirnos a la conversión a la gracia de Dios y al esfuerzo de renovación pascual. Al imponer la ceniza, el sacerdote nos dice: «Convertíos y creed el Evangelio» (Mc 1,15), o«Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». La llamada a la conversión y el recuerdo de nuestra caducidad están íntimamente unidas: en esta vida breve hay que ir consumiendo el hombre viejo mediante la conversión a Dios, la fe en el Evangelio y las buenas obras para alcanzar la vida del hombre nuevo en la Pascua.

Convertirse es volver el corazón a Dios con ánimo firme y sincero. Dios es con frecuencia el gran ausente en la vida de muchas personas. La Cuaresma es un tiempo propicio para recuperar a Dios en nuestra vida, para acrecentar nuestra adhesión de mente y corazón a Dios en Jesucristo y al Evangelio, para volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida. Para dejar a Dios ocupar el centro en nuestras vidas, hay que escuchar su Palabra, para abrirnos a su amor y a su gracia y dejarnos cambiar y renovar la mente, los deseos, las actitudes, los sentimientos, las obras, toda nuestra vida. Convertirse es dejarse encontrar por el amor misericordioso de Dios en el sacramento de la Reconciliación, para vivir o reemprender el camino que nos muestra  Jesucristo.

Para el camino cuaresmal de este año, el Papa Francisco nos propone una frase del evangelio de san Mateo. Dice así: «Al crecer la maldad, en enfriará el amor en la mayoría»(Mt 24,12). Jesús alerta ante los falsos profetas que «engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio». El Papa invita a preguntarnos por las formas de los falsos profetas hoy que se aprovechan de las emociones humanas y ofrecen la ilusión del placer momentáneo que no da la felicidad prometida, del dinero que esclaviza o de la autosuficiencia que lleva a la soledad. Otros ofrecen soluciones inmediatas para los sufrimientos, como la droga, las relaciones de «usar y tirar», las ganancias fáciles pero deshonestas o la vida virtual; son ofertas «que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar». Hemos de preguntarnos si estas falsas ofertas han atrapado nuestro corazón y lo han cerrado para el amor a Dios y a los hermanos, y han enfriado nuestra caridad. La raíz de todos los males es ante todo la avidez por el dinero, que lleva al rechazo de Dios de su Palabra y de sus Sacramentos. El enfriamiento de la caridad genera indiferencia y violencia hacia los demás, provoca el abuso de la tierra, del mar y del aire, y afecta la dimensión misionera de nuestras comunidades cristianas. Acojamos este tiempo cuaresmal como tiempo de gracia y de salvación.

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
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Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.