Los frutos amargos del aborto

Mons. Francisco Pérez          Cada vez me doy más cuenta de las secuelas tan nocivas que deja en la mujer el aborto inducido. ¡Me produce un gran dolor! Y lo deduzco por los momentos en los que debo atender a personas que sufren y padecen, con auténtico dramatismo, el hecho de haber abortado conscientemente. Se ha estudiado desde el punto de vista sicológico, pero hay otro más profundo y es el sentimiento de culpabilidad o de pecado que deja el corazón herido y dolorido. El drama es profundo y nadie podrá justificar el daño realizado por mucho que se diga que la mujer tiene ese derecho al aborto. El hecho en sí daña a la mujer y a quienes lo ejecutan. Por mucho que se afirme que no hay secuelas de culpabilidad. ¡Es mentira! El sentimiento de haber contribuido a segar una vida nadie lo podrá borrar a no ser que haya un arrepentimiento y con humildad se pida perdón por tan mal hecho. ¡Sólo Dios misericordioso colmará de paz al corazón arrepentido! Ni la sociología, ni la sicología, ni las ideologías que apoyan el aborto, ni los aparentes derechos para ejecutarlo, ni las leyes que le aprueban… podrán eliminar el drama interior que afectiva y anímicamente se produce en quien ha caído en esta aberración. Es un dolor tan horrible que aniquila a la persona.

Aún recuerdo cuando un alto cargo del gobierno me espetó: “Los obispos han de someterse a las leyes que emanan del Parlamento”. A lo que yo le respondí: “Si esas leyes son justas va bien, pero si son injustas como la ley del aborto, yo por honradez y dignidad humana no puedo aceptarla, puesto que priman los Diez Mandamientos. Y el aborto va contra el quinto mandamiento de no matarás y más aún va contra la naturaleza humana que ha de preservar y respetar la vida”. La prepotencia e idolatría de las ideologías es tan denigrante y orgullosa que se ponen por encima de la racionalidad y de la divinidad. La tiranía se hace pasar por libertad de derechos. La persona importa tanto en cuanto se antepongan los propios intereses. Es uno de los grandes errores, es más, uno de los mayores males que está sucediendo en la sociedad. El futuro será muy duro en el juicio al gran fracaso que están produciendo tales leyes. El aborto es injustificable; la defensa de la vida es lo más justificable.

Abogo por la defensa de la vida. Un día me hicieron una entrevista y me preguntaron que cuál es la razón por la que la Iglesia no admitía el aborto. A lo que respondí: “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Es un derecho inviolable de todo ser inocente que goza de vida. Mis manos han sostenido a niños que las madres tuvieron la intención de abortar y no lo hicieron y los he bautizado. ¡Eran felices! Pero mis manos han perdonado, en nombre del Señor, a quienes han inducido directa o indirectamente al aborto y se han arrepentido. ¡Su rostro era más sereno! La Iglesia acoge la vida y acoge al pecador arrepentido. Nadie de los que han caído o han contribuido al aborto, podrán afirmar, que su conciencia está tranquila. La Iglesia pone el dedo en la llaga, indicando la gravedad, pero tiende la mano para curarla”. Los argumentos que se esgrimen para justificar el aborto nunca tranquilizan. Producen más daño. Sólo la verdad hará brotar un deseo de reparación y perdón.

Concluyo invitando a todas las madres, que puedan tener la tentación de caer en el aborto, a recibir nuestras manos y medios para ayudarles en lo que necesiten. En la Diócesis hay muchos que trabajan para rescatar la vida que hay en el seno de la madre y se les ofrece un seguimiento hasta el momento que llegue a la luz la nueva creatura esperada. Esto me hace recordar lo que dice la madre del famoso italiano Andrea Bocelli (un gran cantante, tenor y músico italiano) y que reveló en una entrevista televisiva que cuando estuvo embarazada los médicos le recomendaron abortar a su hijo porque nacería con una enfermedad congénita, sin embrago, ella se negó: “Recuerdo cuando los médicos me dijeron: Abórtalo, tu hijo será ciego. Me aconsejaron abortar, pero no lo hice… quise contar esta historia para dar fuerza a las familias que afrontan situaciones similares a aquella por la que yo y mi familia vivimos”. La generosidad Dios siempre la bendice y con creces.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).