LA EXISTENCIA CRISTIANA, ENCUENTRO CON EL AMOR DE DIOS – Con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

 Mons. Ginés García Beltrán          Queridos hermanos y hermanas en el Señor:       La vida cristiana es una vocación, una llamada. Dios llama al hombre a su amistad, quiere compartir con él el gozo de su intimidad, y sólo necesita para hacerlo nuestra libre respuesta. La fe que es diálogo entre Dios que llama y el hombre que responde es una experiencia fundante porque hace brotar una nueva vida, una existencia que se hace encuentro, que crea experiencia, que nos convierte en testigos. No hay verdadera vida cristiana si no hay encuentro, experiencia de Dios en la vida.

 

Desde el bautismo que sella el encuentro de la fe con la gracia, y por caminos diversos, que como dice el poeta castellano León Felipe, “para cada uno tiene un camino virgen Dios”, el creyente van confirmando la llamada con nuevas experiencias, al tiempo que descubre la voluntad de Dios sobre su persona. Se ha dicho, y con razón, que existe la vocación dentro de la vocación.

Somos llamados a la fe, y somos también llamados a vivirla en un estado de vida concreto cuya fuente siempre es el bautismo. Entre los estados de vida cristiana está la Vida Consagrada, ese grupo de hombres y mujeres que por la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia se consagran a Dios como a su amor supremo. Son, en la Iglesia, una llamada interpelante a la radicalidad evangélica, que con tanta frecuencia se va quedando en el camino.

La vida consagrada siempre es vanguardia, y debe ser vanguardia porque esa es su vocación y su misión. No hay más que mirar a la historia para ver cómo el Espíritu de Dios ha suscitado en cada tiempo los modos de vida consagrada que el hombre y el mundo necesitaban. Los consagrados siempre han sido frontera para dar respuesta a los diversos retos que en cualquier época de la historia se han presentado a la evangelización.

Ser vanguardia, estar en la frontera no es fácil, exige una identidad clara y un robustecimiento constante que sólo puede venir del encuentro con Dios. El consagrado ha de ser un hombre o una mujer con experiencia de Dios, de intimidad con el Señor. Sin una vida de oración profunda y diaria, sin la fuerza que encontramos en la Eucaristía y en los sacramentos en general, sin una experiencia rica de vida fraterna, sin el enriquecimiento de la caridad que es el ejercicio de los consejos evangélicos, difícilmente se puede ser vanguardia de la evangelización, al menos difícil el permanecer en ella fielmente.

No podemos vivir sin alimento, ni dar de lo que no tenemos. El consagrado está llamado a ser portador de Dios, testigo del nuevo Reino, rostro de la caridad de Cristo cuando ora, cuando enseña, cuando cura, ¿pero cómo lo hará si no está lleno de Dios, si no tiene experiencia de la gracia, si no vive la intimidad con el que llama y envía?.

La presencia de los consagrados en la Iglesia y en el mundo es un medio precioso para crear la cultura del encuentro a la que con tanta frecuencia nos invita el Papa Francisco. Os recuerdo lo que nos decía en su Exhortación Apostólica, “La alegría del Evangelio”: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor». Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos” (n. 3). Los consagrados están llamados a ponerse al servicio del encuentro de los hombres con Dios, creando al mismo tiempo relaciones de fraternidad y solidaridad de los hombres entre sí.

No me cansaré de repetir, la vida consagrada es un don necesario y precioso a la Iglesia, pero este don hay que cultivarlo. Tenéis que hacerlo los que ya habéis sido llamados y consagrados, y cuidarlo para que no se oscurezca la luz que os hace signos en medio del mundo; tienen que cuidarlo también las comunidades parroquiales y las distintas asociaciones y movimientos de la Iglesia, invitando a sus miembros, sobre todo a los jóvenes, a estar atentos a la llamada de Dios para responder con generosidad, para esto es importante valorar la vocación y la presencia de los religiosos y demás consagrados y rezar por ellos. Un especial cultivo de la vida consagrada corresponde al Obispo y a los sacerdotes. Os invito, queridos hermanos sacerdotes, al tiempo que me lo recuerdo a mí mismo, que queráis y cuidéis a los consagrados, y el mejor modo de hacerlo es valorando y respetando el carisma de cada uno, poniéndolo a la luz para que alumbre a la comunidad, viviendo en comunión como signo de la unidad de todo el Pueblo de Dios.

Esta carta, queridos hermanos y hermanas consagrados, será mi última carta como Pastor de esta Iglesia de Guadix. Os quiero decir desde lo más profundo del corazón: Gracias. Gracias por el testimonio de vuestra consagración que fecunda la Iglesia, gracias por lo que hacéis cada día en los distintos campos de la evangelización, gracias por vuestra cercanía y vuestro afecto; gracias porque me habéis permitido experimentar que era el pastor de todos. Rezo por vosotros y os animo a no desfallecer en la misión que la Iglesia os ha encomendado. Como dice el salmo: “Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor”.

Miremos a la Virgen, nuestra Madre, la Consagrada al Señor, la que dio un Sí sin reservas, que ella nos acompañe siempre.

 

Con mi afecto y bendición.

 

+ Ginés García Beltrán,

Obispo electo de Getafe y AA de Guadix

Mons. Ginés García Beltrán
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S. E. R. Mons. Ginés Ramón García Beltrán, nació en Lorca (Murcia), siendo natural de Huércal-Overa (Almería), el día 3 de octubre de 1961. Después de cursar estudios de Enseñanza Media en el Instituto de Huércal-Overa de 1975 a1979, ingreso en el Seminario Conciliar de San Indalecio, de Almería. Cursó estudios de Teología en la Facultad de Teología de la Compañía de Jesús en Granada. Tras obtener la graduación de Bachiller en Teología en 1984, es ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1985. Licenciado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma en 1986. En 1987 cursó estudios de doctorado en Derecho Canónico en la misma Universidad, y especialización en derecho matrimonial en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ha desempeñado el ministerio sacerdotal como párroco de Mojácar (1987-1989), Rioja (1993-1994), «Santa María de los Ángeles», de la Capital (1994-996). Capellán de las Religiosas de la Inmaculada Niña «Divina Infantita» (1993-1994) y de las Religiosas Siervas de los Pobres, Hijas del Sagrado Corazón de Jesús (1990-1992 y 2004 -2005). Arcipreste en la Capital (1994-1996). En 1996 Mons. D. Rosendo Álvarez Gastón le nombra Vicario General y Moderador de Curia, cargos en los que es confirmado en 2002 hasta 2005, por Mons. Adolfo González Montes, quien le nombra Canónigo Doctoral en 2003. Administrador parroquial de La Cañada y Costacabana (2005-2006); y de nuevo párroco de la importante parroquia de San Sebastián de la Capital de Almería, desde 2006. De 1989 a 1992 ejerció como Vicerrector del Seminario, Formador y Director espiritual en los Seminarios Mayor y Menor de Almería. Defensor del Vínculo y Promotor de Justicia (desde 1989). Delegado Episcopal en el Colegio Diocesano de San Ildefonso (1991-1994). Profesor (desde 1990) y Rector en el «Instituto Teológico San Indalecio» para la formación teológica y pastoral diocesana (1993-1997). Delegado Episcopal del IV Sínodo Diocesano (1996-1999). En el «Centro de Estudios Eclesiásticos» del Seminario Conciliar (afiliado a la Facultad de Granada) ha sido Jefe de Estudios (1996-2003), Profesor de Teología (1997-2003), y es actualmente Profesor Ordinario de Derecho Canónico (desde 2005). En el «Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Almería» (adscrito a la Universidad Pontificia de Salamanca), ha sido Profesor de Derecho Canónico y Síntesis teológica (2007-2008). Entre otros cargos que ha desempeñado, el Obispo de Guadix fue durante años Profesor de Religión en diversos Institutos de Enseñanza Media (1989-1994). Responsable de Formación Espiritual de grupos de matrimonios. Como miembro del Tribunal Eclesiástico, ha sido en diversas causas Juez instructor y «ad casum»; entre ellas en la Causa de los Mártires de Almería (2003). Representante del Obispado de Almería en Unicaja (2001-2007). Miembros del Consejo Presbiteral (1995-2006), Consejo Pastoral Diocesano (1995-2006), Colegio de Consultores (desde 1995), Consejo Diocesano de Asuntos Económicos (2003-2005) y Consejo Diocesano de Arte y Patrimonio (1997-2005). El 3 de diciembre Su Santidad el Papa Benedicto XVI nombró a Mons. Ginés Ramón García Beltrán como nuevo obispo de Guadix. El 27 de febrero de 2010 fue consagrado obispo en la Plaza de Las Palomas, de la ciudad accitana. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Permanete y Presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, desde el 12 de marzo de 2014. Anteriomente había sido miembro de la CEMCS y de la Comisión Episcopal de Patrimonio, desde 2010 a 2014. En la Asamblea de Obispos del Sur de España es el Obispo delegado para los Medios de Comunicación Social. El 13 de julio de 2016 fue nombrado miembro de la Secretaría para la Comunicación de la Santa Sede.