Combatir el hambre en el mundo

Mons. Enrique Benavent             Con el lema Comparte lo que importa, el próximo Domingo se celebrará en las parroquias la jornada de lucha contra el hambre, promovida desde hace 59 años por la asociación católica Manos Unidas. Tanto los actos de esta jornada como las actividades que Manos Unidas organiza en nuestros pueblos y ciudades a lo largo de todo el año, forman parte de la vida de nuestra Iglesia y, a mi modo de ver, es algo que en todas las parroquias e instituciones eclesiales deberíamos potenciar entre todos.

El primer objetivo de esta jornada no es otro que sensibilizarnos ante un problema que padecen millones de seres humanos en el mundo. Aunque nosotros vivimos en una sociedad con un nivel aceptable de prosperidad y de bienestar, es bueno que no olvidemos que en el planeta hay muchas personas que no pueden ver realizado el derecho a la alimentación. El acceso a una comida sana, segura y apropiada no puede ser un privilegio de quienes vivimos en países desarrollados: es un derecho humano básico y, por tanto, una exigencia de justicia. Combatir el hambre que hay en nuestro mundo es una forma de luchar por la justicia. Nos hemos de felicitar de que actualmente en nuestra conciencia personal y colectiva se ha avanzado mucho en el reconocimiento de este derecho, pero no hemos de olvidar que, al igual que otros derechos, desgraciadamente no sólo no es respetado sino que cada año se agrava: según los datos de la FAO referentes al año 2016, 815 millones de personas padecieron hambre en el mundo, un 11% más que el año anterior. Por ello, en todo momento, pero especialmente en estos días de la campaña contra el hambre, debemos reconocer el trabajo generoso y desinteresado de tantos voluntarios y voluntarias que, desde el silencio y el anonimato, dedican tiempo y esfuerzo a trabajar por esta causa tan noble.

La campaña de este año, en continuidad con la de los dos años anteriores, nos invita a tener una actitud fundamental si queremos plantarle cara al hambre: CompartirManos Unidas comparte con nosotros el trabajo que hace en tantos países para ayudar a las personas a tener una alimentación digna, tanto las acciones encaminadas a resolver situaciones urgentes de extrema necesidad, como los proyectos que apoya y con los que se pretende luchar contra las causas que están en el origen de esta lacra (como los orientados a la educación o a reforzar el sistema sanitario), y también ofrecer a muchas familias la posibilidad de una seguridad alimentaria (como iniciativas que permitan el acceso permanente a los alimentos necesarios para el consumo humano). Este año nuestra diócesis ha asumido dos proyectos: ayudar a una zona rural de Costa de Marfil a disponer de una ambulancia para que los enfermos puedan ser llevados al dispensario médico en caso de urgencia, y a unas comunidades indígenas del Perú a mejorar su calidad de vida ayudándoles a organizar unas estructuras de gestión agropecuaria.

Son necesidades que nosotros no podemos imaginar que no estuvieran cubiertas en nuestra sociedad. Y sin embargo hay personas que no tienen todavía acceso a ellas. Que esta campaña sea para todos nosotros una ocasión para compartir nuestros bienes con los más necesitados.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

 

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.