Entusiasmo

Mons. Francisco Pérez           Hay muchas palabras que usamos y no sabemos lo que contienen en sí mismas etimológicamente hablando. Quiero fijarme en la palabra entusiasmo que como sustantivo masculino tiene una significación especial y creo que puede servirnos para que cuando la utilicemos sepamos el contenido de la misma. Si queremos levantar el ánimo a aquellos que se encuentran con cierta tristeza o apatía les solemos decir: “Levanta el ánimo y vive con mayor entusiasmo”. Es una exaltación del ánimo por algo que lo cautive. La raíz etimológica viene de tres palabras griegas: en, theou, asthma (soplo interior de Dios). Es curioso que desde tiempo inmemorial, esta palabra, entusiasmo, la utilizaban en el mundo griego. Ellos veneraban profundamente a los dioses y cuando se manifiesta en el interior de la persona exulta y la alabanza y el gozo sale y fascina a los demás. Parece que hay una fuerza interior que fascina a los que rodean a la persona que se hace eco de esta forma de vivir.

La experiencia cristiana nos habla de este modo de vida: Estar en gracia de Dios. Nadie puede ser más entusiasta que el que vive en gracia santificante. ¿Qué es la gracia santificante? Es un don sobrenatural que supera a la naturaleza humana, que se recrea interiormente y es permanente puesto que mora en el alma de la persona que está en gracia y sin pecado mortal (es decir que no está separada de Dios). Sólo Dios nos otorga este don de la gracia no por nuestros méritos sino por los méritos de Jesucristo que nos ofrece la salvación eterna. Esta definición supera con creces el sentido de entusiasmo que proclamaba la cultura y filosofía griega. Por lo tanto bien podemos decir que el auténtico entusiasta es el que está agraciado por Dios y vive el don del amor que elimina todo rastro de pecado. Él está en nosotros: “Vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi” (Gal 2, 20).

Es impresionante el gran regalo que hemos recibido desde el momento que recibimos el bautismo que nos incorporó a la vida en Jesucristo. “Cristo en el creyente se va formando por la fe en lo profundo de su ser, llamado a la libertad de la gracia, manso y humilde de corazón, que no se jacta del mérito de sus obras, porque de suyo no tienen valor… Y Jesucristo se forma en el que asimila la forma de Cristo, y asimila la forma de Cristo el que se une a Él con amor espiritual” (San Agustín, Expositio in Galatas 38). Nada hay más humano que sentir el paso de Dios por nuestra vida. Él hace superar todas las pruebas y sufrimientos, llena todos los vacíos, se aflige con nosotros y nos ofrece el perdón -basta con que seamos humildes de corazón- y nos lleva con entusiasmo hacia el camino de perfección que no tiene fin.

Por propia experiencia podemos constatar que en los momentos más bajos que proporciona la vida hay un impulso interior que nos invita a confiar en Dios y al estilo de San Pablo decimos: “Y la vida que vivo ahora en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2, 20). El impulso sicológico y anímico es completamente diverso a los impulsos interiores que perciben estos momentos de gracia. Por ello la Iglesia en su recorrido espiritual y profundizando en las enseñanzas de Jesucristo nos confirma que la gracia santificante es el signo de que somos templos de la Trinidad: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 23). Al ser templos de Dios la vida es sagrada y se ha de respetar siempre desde la concepción hasta el final que es la muerte natural. Para los santos, esta habitación de la Trinidad, ha sido el modo de vivir con alegría y gozo: “Ha sido el hermoso sueño que ha iluminado toda mi vida, convirtiéndola en un paraíso anticipado” (B. Isabel de la Trinidad, Epistula 1906). ¡Así podemos ser entusiastas creibles!

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).