Jornada de la Vida Consagrada

Mons. Gerardo Melgar           La vida consagrada, en­cuentro con el amor de Dios». Así rezaba el lema de esta Jornada mundial de la vida consagrada de este año, que celebrábamos hace dos días, el viernes pasado

La jornada de la vida consagra­da es siempre una jornada que nos habla de amor, de amor de las per­sonas que consagran su vida a Dios por amor, porque Él es el tesoro es­condido en el campo que encuentra el labrador, y vende todo lo que tie­ne para adquirir el campo y tener el gran tesoro.

Las personas consagradas son personas que se han encontrado con Jesús y le han descubierto como el único bien de su vida que puede sa­ciar todas sus aspiraciones. Y, desde Él y con Él, sienten que no les falta nada para ser felices.

Es aquello que decía santa Tere­sa: «Quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta». Solo Él puede dar la felicidad, las demás cosas tras las que corre el hombre actual son cosas o criaturas que dan una felici­dad efímera y pasajera; pero que al final dejan el alma sin contenido y el corazón vacío.

Pero la vida consagrada es, ante todo y sobre todo, un encuentro con el amor de Dios. La vida consagrada es la historia de amor entre Dios y la persona consagrada.

Por puro amor de Dios la persona consagrada se siente elegida por Él, no por sus méritos personales, sino por lo mucho que Dios le quiere. Por puro amor de Dios la persona con­sagrada responde con fidelidad a lo que Dios le propone con una total disponibilidad, pero consciente de que es Dios quien le ha llamado y quien la ayuda también a responder.

La persona consagrada no solo siente el amor de Dios en la res­puesta primera, sino cada día en las pequeñas o no tan pequeñas cues­tiones a las que se enfrenta, y expe­rimenta que no ha sido solo ella la que ha respondido, sino que en todo momento Dios ha estado presente. Ha sido capaz de llegar a donde ha llegado, no por su gran valía, sino porque la ayuda de Dios ha estado presente en todo momento.

La persona consagrada no se siente una persona francotirado­ra en la entrega al Señor, sino que en todo momento experimenta que Dios le acompaña, como el compa­ñero infatigable de camino, siempre pendiente de lo que ella haga y a lo que ella tenga que enfrentarse y le capacita para responder positivamente al plan de Dios.

Esta experiencia del amor de Dios manifestado constantemente en su vida como persona consagrada sig­nifica un verdadero encuentro con el amor de Dios, que es mucho más grande que nuestras fragilidades.

Por eso, la persona consagrada está en continua acción de gracias al Señor porque es consciente de que lo que ella es capaz de hacer y vivir no lo hace o vive solo por su aportación, sino por la presencia y la asistencia de la gracia de Dios en su vida. Y es esa misma presencia y gracia de Dios la que le ayuda a ser testigo para los demás del amor que Dios le tiene, ofertándole ella ese mismo amor a los demás.

Vivamos este encuentro con el amor de Dios con un corazón agra­decido, y ofrezcamos ese mismo amor a los demás, para que ellos puedan descubrir ese amor de Dios a través del encuentro con nosotros.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.