La verdad de la información y la información de la verdad

Mons. Francesc Pardo i Artigas           El pasado miércoles celebramos la fiesta de san Francisco de Sales, patrón de los comunicadores y periodistas. Por este motivo escribo estas notas pensando en todos los que ejercen el oficio de comunicador, pero pensando también en nosotros, porque todos, en alguna forma, comunicamos. Las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología facilitan que estemos informados, y al tiempo nos convirtamos en informadores.

Los medios de comunicación son un don de Dios

La Iglesia católica tiene una visión positiva de los medios de comunicación social. La Iglesia considera los medios de comunicación como “dones de Dios”. Estos medios son factores del progreso humano: “Si son usados debidamente, proporcionan al linaje humano una ayuda considerable, porque contribuyen mucho al esparcimiento y a la cultura del espíritu, y también a la propagación y fortalecimiento del Reino de Dios” (Concilio Vaticano II, decreto Inter mirifica, número 2). Cabe remarcar que los medios son imprescindibles, hoy en día, para la evangelización. La Iglesia se sentiría culpable ente Dios si no se valiese de estos poderosos medios que la inteligencia humana perfecciona  cada vez más. Por medio de estas herramientas se proclama el Evangelio del cual es depositaria.

El derecho a la información

El derecho a la información que tiene la sociedad humana ha de ser debidamente satisfecho. El recto ejercicio de este derecho pide que la información sea honesta, coherente, completa y exacta. Cuatro calificativos que marcan las pistas a seguir.

La rapidez y la falta de diligencia dificultan contrastar debidamente las informaciones y eso hace que puedan perjudicar en gran manera el buen nombre –la fama- y la dignidad a las que toda persona o institución tiene derecho. Más todavía, pueden convertirse en una calumnia difícil de reparar.

En relación con la información religiosa y eclesial, frecuentemente la  falta de información y la escasa formación sobre la naturaleza de la Iglesia y su organización pueden representar obstáculos y limitaciones que provocan que la información ofrecida deje de cumplir algunos requisitos necesarios. Es decir, la “imagen” mediática de la Iglesia, con frecuencia, no se ajusta a “la experiencia de la Iglesia” vivida por  muchos de nosotros en comunidades, instituciones i diócesis.

Contribución al diálogo social, a la solidaridad y la paz

Hoy, como siempre, hemos de hacer lo posible para facilitar y favorecer el diálogo social, especialmente en aquellas grandes cuestiones que más afectan la vida de las personas.

Considero que en un contexto de crisis económica, política, cultural, “de humanidad”… los medios de comunicación públicos y privados, y también los medios de comunicación personales, habrían de comprometerse, con toda la sociedad, a fomentar la responsabilidad hacia el bien común y hacia las víctimas mayormente afectadas por tales situaciones. También sería necesario difundir con una mayor insistencia las tareas de atención y acompañamiento para con los más necesitados que llevan a cabo muchas instituciones, entre ellas la comunidad cristiana. Así se ayudaría a crear y ofrecer respuestas  de solidaridad afectiva y efectiva.

Atención a la responsabilidad de cada cual como informador en las redes sociales

No solo “consumimos información” sino que también la ofrecemos mediante mensajes, respuestas o comentarios, y por ello debemos crecer en responsabilidad. Tales intervenciones han de realizarse desde la verdad y la certeza en lo que se refiere a afirmaciones e informaciones, siempre desde el respeto a la dignidad de las personas, y, siempre, con caridad.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.