¡Perdonar, nos ennoblece!

Mons. Ángel Pérez Pueyo             Me lo dijo a bocajarro y se quedó tan ancho: «El primero en pedir disculpas es el más valiente. El primero en perdonar, el más fuerte. El primero en recuperar la relación con el otro, que no es lo mismo que olvidar, es el más feliz». Lo bueno es que tiene razón. El perdón nos ennoblece. Como diría Paul Ricoeur, la concepción del perdón no se refiere tanto a la culpa cometida cuanto a la confianza en el hombre, llamado a ser mejor. El perdón sólo puede provenir de una lógica de la sobreabundancia.

Tú vales más que tus actos. Por eso la salvación que Dios trae al hombre, por medio de Jesús, es sobredosis de amor. Y la única condición que se requiere para acceder al Reino de Dios es la conversión de fe, esto es, creer en la Buena Noticia, creer en Cristo, como nos recuerda la liturgia de hoy. Él es la Buena Noticia (Evangelio) de Dios. Convertirse al Reino es convertirse a Jesús ya que el Reino de Dios se inaugura en su persona.

La conversión, como es obvio, ha de visibilizarse. Por ello sus presupuestos han de ser necesariamente interiores: cambio de actitud, de criterio y de mentalidad y, por consiguiente, cambio de conducta práctica. La conversión ha de ir acompañada de una adhesión a Cristo en la fe. Convertirse y creer son dos realidades inseparables. Por eso, en los Hechos de los Apóstoles la conversión a Cristo va seguida del bautismo, que es el sacramento de la fe.

El Reino de Dios empieza por la conversión del corazón. Los valores constitutivos del Reino son los valores personales del ser: verdad, santidad, justicia, amor y paz… frente a los del tener: dinero, poder, prestigio, influencia… En el corazón del hombre es donde ha de germinar la pequeña semilla del Reino, porque es en el corazón de las personas donde brota todo lo bueno y lo malo que vemos en el mundo, como nos lo advirtió Jesús. Solamente si nos convertimos a los valores del Reino abandonaremos los criterios del mundo y del hombre terreno, y asimilaremos las actitudes básicas de las Bienaventuranzas: pobreza, hambre y sed de justicia, fraternidad, libertad, solidaridad, no violencia, reconciliación, perdón y amor a los hermanos, incluso a los enemigos.

Sin esta conversión interior es un engaño y una utopía imposible el cambio de las estructuras en la familia y en la sociedad, en la política y en la economía, pues el egoísmo se agazapa en las nuevas situaciones, perpetuándose así el desamor, la explotación de los otros y la opresión de los más débiles. Únicamente la levadura que actúa desde dentro, o sea, la opción evangélica, puede transformar la masa entera y hacer efectivo el proyecto del Reino en nuestra vida y en nuestro entorno.

Los dones que de Dios recibimos tienen una sublime finalidad: colaborar con Él en la construcción del Reino, es decir, en la obra creadora del bien y del amor, aportando cada uno su granito de arena. En cada sitio y situación concreta hay urgencias, necesidades y posibilidades de acción y de compromiso cristiano. Necesitamos un cristianismo de incidencia social. Hay muchas cosas que si nosotros no las hacemos o no las hacemos bien quedarán sin hacer o mal hechas. Por ejemplo, ¿qué hacemos por los derechos humanos, por la paz, por la vida, por la dignidad del ser humano y por la justicia? Tenemos que perder el miedo e implicarnos como cristianos. Irnos formando no sólo humana, teológica y bíblicamente sino también en la acción y en el compromiso social. Liderar el cambio social. Un mundo diferente es posible. Dios puso en manos del hombre el mundo y la historia, la vida y la ciencia, el amor y la justicia, la sociedad y las personas. Todo eso es responsabilidad humana; son los talentos para que el hombre y la mujer los multipliquen y los ennoblezcan, y los pongan al servicio del bien común. En la práctica de todo esto está la mayoría de edad evangélica del cristiano.

El Reino de Dios, que también es de este mundo y no solo del más allá, se realiza y crece en la convivencia humana cuando el Señor encuentra colaboración del hombre y de la mujer que responden a Dios. Creer es comprometerse y asumir consecuentemente la propia responsabilidad y el proyecto personal y comunitario cristiano. Vivir como personas no es simplemente vegetar, sino realizar en nuestra vida la obra confiada por Dios.

Esforcémonos para crecer como personas y como cristianos, porque esa es la regla evangélica del reinado de Dios, esa es la ley de crecimiento a todos los niveles. Que el Señor nos abra los ojos para vernos tal cual somos. Que Él nos conceda el espíritu joven del Evangelio para amar y servir cada día más y mejor. Dios, que es muy espléndido, espera de nosotros tan sólo un atisbo de generosidad para darnos con creces y hacer fructificar nuestro esfuerzo. Gracias por aceptar este reto de conversión.

Con mi afecto y bendición.

+ Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Ángel Pérez Pueyo
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- Mons. Ángel Javier Pérez Pueyo, natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), nace el 18 de agosto de 1956. Es el segundo hijo del matrimonio (+) Rodrigo Pérez Fuertes (1.III. 1924 – 1.III.2012) y (+) Carmen Pueyo (21.II.1929 – 19.IV-2005). Su hermana, (+) Mª Concepción (19.V.1954 – 27.VII.1998), se queda paralítica cuando tenía catorce meses como consecuencia de una poliomielitis aguda. - A los 10 años de edad ingresa en el Seminario Metropolitano de Zaragoza. De 1966 a 1971 cursa sus estudios de bachillerato en el Seminario Menor. En 1972 pasa al Seminario Mayor donde estudia COU y como es demasiado joven para iniciar los Estudios Eclesiásticos los formadores le recomiendan que inicie la Etapa Introductoria y estudie Magisterio en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de Educación General Básica “Virgen del Pilar” que se hallaba ubicada en el mismo edificio del Seminario. En 1974 inicia sus Estudios Eclesiásticos en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). - En 1977 va a Salamanca al Aspirantado “Maestro Ávila”, ¾casa de formación que los Sacerdotes Operarios tienen en España¾, donde cursa los tres últimos años de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Posteriormente realiza estudios de licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Civil de Salamanca. - A los 23 años, el día 19 de marzo de 1980, es ordenado sacerdote por Mons. Antonio Vilaplana Molina en Plasencia (Cáceres) donde había sido enviado por los Superiores de la Hermandad para realizar la Etapa de Pastoral como formador y profesor en el Seminario Menor de dicha Diócesis. - Al finalizar el curso 1979/80 es destinado al Seminario de Tarragona. Desde 1980 a 1985 desempeña su labor formativa en el Seminario Menor como responsable de los seminaristas y como tutor y profesor del Colegio-Seminario. - En 1985 es nombrado Rector del Aspirantado Menor de Salamanca. Colabora como profesor y tutor en el Colegio “Maestro Ávila” impulsando el trabajo de pastoral juvenil y vocacional con los alumnos y profesores del mismo colegio. - En julio de 1990, en la XVIII Asamblea General, es elegido miembro del Consejo Central y se le responsabiliza de la Coordinación Pastoral de la Hermandad. Durante este tiempo coordina la preparación y dirección de los Cursos para Formadores de Seminarios que se impartieron en Buenos Aires (Argentina), en Caracas (Venezuela), en Lima (Perú); colaboró en el diseño del Curso para Formadores de Seminarios organizado por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española que se viene celebrando durante el verano en Santander; y colabora como profesor en el Curso para Formadores de Seminarios de lengua española-portuguesa, organizado por la Congregación para la Educación Católica, que se imparte en el Pontificio Colegio Español de San José y en el que participan formadores de diferentes países Lati­noamericanos. En 1994 participa en Itaicí (Brasil) en el I Congreso Continental Latinoame­ricano de Vocaciones. - En julio de 1996, en la XIX Asamblea General es elegido Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios hasta el año 2002. En 1997 participa en el Congreso sobre secularidad del presbítero diocesano organizado por la Comisión Episcopal del Clero de la Conferencia Episcopal Española. – En julio de 2002, en la XX Asamblea General, celebrada en el Pontificio Colegio Español de San José de Roma (Italia) es reelegido por mayoría absoluta en primera votación. −El pasado 22 de mayo de 2008 la Hermandad ha recibido de la Santa Sede la aprobación como Asociación Sacerdotal de Derecho Pontificio, tal como soñó desde el comienzo Mosén Sol. Y en julio de 2008, por coincidir con el 125 aniversario de la Fundación de la Hermandad y el I Centenario de la muerte del Beato Manuel Domingo y Sol, se celebrará en Tortosa la XXI Asamblea General. – En septiembre de 2008, al concluir su mandato como Director General, es nombrado Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. – El 2 de agosto de 2013 es nombrado Rector del Pontificio Colegio Español de San José en Roma por la Congregación del Clero. – El 27 de diciembre de 2014 es nombrado por el Papa Francisco Obispo de Barbastro-Monzón.