La unidad de los cristianos, plegaria y camino

Mons. Francesc Pardo i Artigas           Del 18 al 25 de enero oramos muy especialmente por la unidad de todos los cristianos. Durante ocho días, de una manera especial, somos más conscientes del escándalo de las divisiones entre los que creemos en Cristo, pero sobretodo oramos para que el Señor nos conceda avanzar hacia la unidad. Así mismo, durante estos días, debemos dar gracias por todos los avances que se van consiguiendo mediante el movimiento ecuménico.

Asumimos la plegaria de Jesucristo que figura en el evangelio de Juan: “No solo por ellos ruego, sino también por los que no creen en mi por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 20-21).

El papa Francisco, en la exhortación “La alegría del Evangelio”, nos recuerda que la credibilidad del anuncio cristiano sería mucho mayor si los cristianos superásemos nuestras divisiones y la Iglesia realizase “la plenitud de la catolicidad que le es propia, con estos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el Bautismo, están, también, separados de su plena comunión”. El compromiso por una unidad que facilite la acogida de Jesucristo se convierte en una gran señal del Evangelio como Buena Nueva para toda la humanidad.

Cabe señalar que en el camino hacia la unidad, el ecumenismo, se han producido avances muy notables, tanto en los signos como en las declaraciones conjuntas. Los resultados alcanzados con las iglesias ortodoxas y con las comunidades eclesiales surgidas de la reforma de Lutero son notables: valorar las riquezas de los otros para un mejor conocimiento mutuo, mayor fraternidad y solidaridad, convergencia en  las reflexiones teológicas, y trabajar conjuntamente por la justicia y la paz.

Ciertamente que el deseo de reencontrar la unidad de todos los cristianos es un don de Cristo y una llamada del Espíritu Santo, pero al mismo tiempo es una búsqueda o camino que se ha de recorrer con firmeza y esperanza.

Por ello nos es necesario:

*  Una renovación permanente de las iglesias y comunidades, una mayor fidelidad a su vocación y la conversión de corazón de todos los bautizados. Cuanto más sea vivido verdaderamente el Evangelio, y no únicamente proclamado, más cerca estaremos de la unidad. Es del todo necesaria la conversión del corazón, porque es la infidelidad al Evangelio, aquello que ha causado las divisiones y las mantiene.

Si tú, yo y nosotros somos más fieles al Evangelio caminaremos hacia la unidad.

*  La plegaria en común y la plegaria personal. Hay que orar constantemente y sin desfallecer. Como señala el Vaticano II: “las plegarias públicas y privadas por la unidad de los cristianos se han de mirar  como el alma de todo ecumenismo, y con total derecho se pueden llamar ecumenismo espiritual”.

*    El conocimiento recíproco y fraterno. Son muchas las cosas que nos unen y que podemos aprender los unos de los otros. Somos peregrinos y peregrinamos juntos.

   El diálogo entre teólogos y también los encuentros entre cristianos de distintas iglesias y comunidades.

*    La colaboración entre cristianos de diversas confesiones en todo aquello que sea un auténtico servicio a la comunidad: trabajar por la paz, la no violencia, la justicia entre los pueblos y en los servicios a ofrecer a las personas más frágiles y necesitadas.

Sigamos caminando juntos con esperanza.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.