Dios ama la disciplina

Mons. Francisco Pérez               Los grandes sabios dejan siempre grandes reflexiones que nos ayudan a vivir la verdad. Decía San Agustín: “Dios ama la disciplina; y el educador ha de observarla e imponerla” (Com. Sal 50, 24). Y tiene toda la razón. La palabra disciplina filológicamente significa fiel discípulo que viene del latín: discipulus. Y no hay mejor discípulo que el que es disciplinado. Lo podemos comprobar cuando la anarquía se convierte en una forma de vida. ¿Qué ocurre? Todo se desordena y se deprecia. ¡Hay caos! La razón es muy sencilla: las líneas torcidas nunca pueden armonizar un cuadro o la construcción de una casa. Sólo lo recto recrea la armonía y lo torcido lo manipula y deteriora. Ya Isaías prevenía ante esta tendencia: “Una voz grita: En el desierto preparad el camino del Señor, en la estepa haced una calzada recta para nuestro Dios. Todo valle será rellenado, y todo monte y colinas allanados; lo torcido será recto, y los escarpado, llano…” ( Is 40, 3-4). Quien sigue los consejos y enseñanzas del Señor se convierte en discípulo y como consecuencia en disciplinado.

Uno de los grandes obstáculos que nos impiden ser disciplinados es la medida que usa la persona y donde sólo busca su propio interés. No hace mucho me encontré en el avión, camino de Roma, con una persona sabia y con sentido común. En la conversación salió este tema de la falta de disciplina y después de una larga conversación llegamos a la misma conclusión: Cuando las leyes no se cumplen, y de modo especial no tienen en cuenta los Diez Mandamientos porque se dejan en el baúl de los recuerdos, las consecuencias suelen ser muy nefasta.

Por otra parte se tiene la desfachatez de dulcificar con palabras engañosas la dureza de la realidad: Ante el aborto que es un asesinato se le llama interrupción del embarazo; ante la falta de respeto a la persona en lo más íntimo que tiene que es el lenguaje de la sexualidad se le denomina agresión sexista cuando siempre se ha considerado ético y moral el no cometerás actos impuros y respetarás el cuerpo como un regalo de Dios y no adulterarás; ante la corrupción del soborno o el robo se le denomina tráfico de influencias o apropiación indebida, lo cual queda bien pero no cambia la esencia; ante la corrupción moral sobre la prostitución de lujo se le denomina servicio de acompañamiento y si es adulterio se denomina relaciones impropias. Y muchos más eufemismos se pueden seguir añadiendo.

Es curioso comprobar que cuando nos queremos justificar utilizamos eufemismos (esa manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonantes). Claro está que Dios nos ha concedido un lugar donde él nos habla y es la conciencia y a la postre ella nos delata y nos juzga con luz propia. Por eso cuanto más justifiquemos la mentira, al final sale la verdad y como dice el refrán: “La mentira tiene patitas muy cortas”. De ahí que la disciplina en sentido positivo es aprender a ser responsables, respetuosos y miembros de una comunidad familiar o social para llenarnos de recursos y actuar en consecuencia con madurez mental, afectiva y de reciprocidad mutua en amistad y fraternidad. Incluso hemos de utilizar los errores como oportunidades de aprendizaje. Una sociedad que fomenta en la educación la sana disciplina es una sociedad que trabaja por un futuro armónico y más humano. Lo que se ha aprendido de pequeños se convertirá en frutos dulces o en frutos amargos. No olvidemos que la disciplina auténtica integra y dignifica; por el contrario la anarquía desintegra y deteriora la relación humana.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 346 Articles
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).