Ver la estrella

Mons. Julián Ruiz Martorell              Queridos hermanos en el Señor:   Os deseo gracia y paz.     El día 6 de enero, en la homilía de la Misa en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Francisco dijo: “podríamos preguntarnos, ¿por qué sólo vieron la estrella los Magos? Tal vez porque eran pocas las personas que alzaron la vista al cielo. Con frecuencia en la vida nos contentamos con mirar al suelo: nos basta la salud, algo de dinero y un poco de diversión. Y me pregunto: ¿Sabemos todavía levantar la vista al cielo? ¿Sabemos soñar, desear a Dios, esperar su novedad, o nos dejamos llevar por la vida como una rama seca al viento? Los Reyes Magos no se conformaron con ir tirando, con vivir al día. Entendieron que, para vivir realmente, se necesita una meta alta y por eso hay que mirar hacia arriba”.

No podemos ser buscadores de estrellas porque hace mucho tiempo que ya no las vemos. En las ciudades, la contaminación lumínica hace imposible ver las estrellas. Y es preciso salir al campo o visitar otras localidades menos iluminadas para distinguir las luces que embellecen el firmamento.

Además, apenas solemos alzar la mirada al cielo. Hay demasiadas cosas que orientan nuestros ojos hacia el suelo. No aspiramos a los bienes de arriba porque buscamos afanosamente otras realidades. Vivimos el ajetreo de cada día y nos contentamos con no tener demasiados achaques. Sabemos que el dinero no da la felicidad, pero buscamos con avidez tener cada vez más cosas. Nos aburrimos y anhelamos cualquier brizna de efímera diversión.

De esta manera, nos acorazamos ante la novedad de Dios que se comunica con nosotros y nos trata como amigos. No prestamos atención a la novedad gozosa del Evangelio. No nos dejamos sorprender por las maravillas que Dios realiza en la creación y en la historia. No nos admiramos, con el regocijo característico de la infancia espiritual, ante la cercanía del Señor.

No es lo mismo ver que mirar. Vemos muchas cosas a nuestro alrededor y apenas les prestamos atención. Conseguimos mirar cuando vemos con detenimiento, sorpresa, gratitud y admiración. En los evangelios se concede mucha importancia a la mirada de Jesús, que percibe más allá de lo aparente y superficial. La mirada de Jesús es envolvente y penetrante. Él mira y acaricia; mira y ama; mira y perdona; mira y sana; mira y anuncia; mira y envía.

Hay un proverbio que dice: “Si quieres arar recto, ata tu arado a una estrella”. Solamente fijando una meta estable podremos tener la seguridad de no equivocarnos en el sendero. ¡Cuántas personas han encontrado orientación y sentido en sus vidas cuando han caminado decididamente hacia un objetivo!

En 2005 la Jornada Mundial de la Juventud tuvo lugar en Colonia, ciudad en la que, según la tradición, reposan los Magos de Oriente. El Papa Benedicto XVI dijo en aquella ocasión: “En el viaje de retorno, los Magos tuvieron que afrontar seguramente peligros, sacrificios, desorientación, dudas… ¡ya no tenían la estrella para guiarlos! Ahora la luz estaba dentro de ellos. Ahora tenían que custodiarla y alimentarla con el recuerdo constante de Cristo, de su rostro santo, de su amor inefable”.

Si la luz está dentro de nosotros, nos convertiremos en personas-luz, capaces de acompañar y de iluminar a los demás. Seremos testigos de la luz que viene de lo alto y orientaremos la mirada de quienes están a nuestro lado hacia arriba, hacia los bienes que no perecen.

Dios no se esconde detrás de las nubes de un misterio impenetrable, sino que habla todos los lenguajes, hasta el lenguaje de las estrellas, para comunicarse con nosotros, para guiarnos en nuestra vida.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.