«Todo militar creyente tiene derecho a ser atendido en sus necesidades espirituales»

El domingo 7 de enero el espacio El día del Señor que se emite en La 2 de TVE retransmtió la Santa Misa correspondiente a la Solemnidad del Bautismo del Señor desde la Catedral Castrense, una Eucaristía que estuvo presidida por Mons. Juan del Río.

 

Reproducimos, a continuación, la homilía pronunciada en la mañana del primer domingo de este año por el Arzobispo Castrense.

Queridos telespectadores de TVE (2), hermanos y hermanas.

“El Señor bendice a su pueblo con la paz” (Sal 28,1).

“Los cielos se abrieron y se oyó la voz del Padre: Éste es mi Hijo, el amado, escuchadle” (Mc 9,6)

1. Como viene sucediendo años anteriores, en este domingo de la solemnidad del bautismo de Jesús, nuestro Arzobispado Castrense de España reflexiona sobre el mensaje pontificio de la 51 Jornada Mundial de la Paz que tiene como lema: Migrantes y Refugiados: Hombres y Mujeres que buscan la Paz.

2. El Papa Francisco ha querido recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados que buscan un lugar para vivir en paz. Ellos son el rostro permanente del hambre, las guerras, la violencia organizada y el deterioro del medio ambiente. Ante esta dura realidad no cabe quedarse en el puro sentimiento que pueden producir las cifras y las imágenes de los desplazados. Es necesario trabajar duro y constante, en la dirección que marcan los cuatros verbos que configuran el verdadero compromiso hacia los migrantes y refugiados:

*Acoger: equilibrar la preocupación por la seguridad nacional con la protección de los derechos humanos fundamentales. (cf. Hb. 13,2).

*Proteger: reconocer y garantizar la dignidad inviolable de los que huyen (cf. Sal 146,9).

Promover: apoyar el desarrollo integral de los migrantes y refugiados, porque “emigrantes fuisteis” (Dt 10,18-19).

Integrar: que los refugiados y migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que le acoge, porque no son “extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios” (Ef 2,19).

El Santo Padre nos indica que las migraciones globales seguirán marcando nuestro futuro. Algunos las consideran una amenaza y utilizan el miedo con fines políticos para sembrar violencia, discriminación social y xenofobia. Sin embargo, Francisco nos invita a pensar todo lo contrario: “a contemplarlas con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz”.

3. Nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado están palpando esta sangrienta realidad, tanto en el territorio español, como fuera de nuestras fronteras en las 20 misiones internacionales, donde se encuentran desplegados más de 2.800 españoles. Casi todo los días vemos las tareas de salvamento que realizan los efectivos de la Guardia Civil con tantos migrantes que quieren llegar a nuestras costas. La labor de la Policía Nacional evitando que las mafias urbanas no exploten a los que han llegado a nuestro país buscando “un futuro estable y en paz”. A ello hay que añadir la tarea de los militares pertenecientes a Tierra, Mar y Aire en las distintas misiones internacionales, que de una manera u otra tocan de lleno la tragedia de los migrantes y refugiados. Pongamos algunos ejemplos: la operación Atalanta ha rescatado en el mar a más de 40.000 inmigrantes. Al igual sucede con la operación Sophia en su lucha contra el tráfico de seres humanos y previniendo la pérdida de vidas en el Mediterráneo.

4. Cerca de estas acciones humanitarias de nuestros militares, guardias civiles y policías, no falta el acompañamiento de los capellanes castrenses que realizan su tarea pastoral de manera abnegada, silenciosa, asumiendo “las peculiares formas de vida” de la milicia, haciendo presente el Evangelio de Cristo y de su Iglesia, siendo “los primeros servidores de los servidores de España”. El Servicio de Asistencia Religiosa a las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado existe en todos los Ejércitos de nuestro entorno democrático. No es ningún privilegio del pasado, sino que viene demando por el derecho que tiene todo militar creyente a ser atendido en sus necesidades espirituales. Porque como dijo Benedicto XVI: “hay muchos hombres y mujeres en uniformes llenos de fe en Jesucristo, que aman la verdad, que quieren promover la paz y que se comprometen como verdaderos discípulos de Jesús en el servicio a la propia nación, favoreciendo la promoción de los derechos fundamentales de los pueblos” (22.10.2011). La religión no es incompatible con un ejército profesional en una sociedad secular. La libertad religiosa es un derecho fundamental del hombre. Solo un sectarismo intencionado desearía silenciar la voz del “Príncipe de la paz” entre los reconocidos y admirados “guardianes de la paz”.

5. Al celebrar esta Eucaristía desde la Catedral Castrense de España, tenemos muy presentes a nuestros militares que realizan su labor en misiones internacionales, en los establecimientos y organismos europeos, así como en la geografía española. También recordamos, ante el Señor de la Vida y la Muerte, a los militares, guardias civiles, policías y capellanes fallecidos durante el pasado año, así como a los soldados de todos los tiempos que dieron su vida en servicio a la Patria. Con esta celebración, deseamos contribuir a potenciar la cultura de la solidaridad y de la paz. Al inicio de un nuevo Año, os deseamos: “paz a los de cerca, paz a los de lejos, Cristo es nuestra paz” (Ef 2,14).

6. ¿Cómo nos ha bendecido el Señor con su paz en Cristo? El poema de la primera lectura tomada del profeta Isaías, nos habla de un hombre, un siervo de Yahvéh, que ha sido elegido y ungido, para establecer la justicia entre las naciones, no de manera violenta, sino con la fuerza de la mansedumbre. Dios lo guiará para que sea luz de los pueblos y libertador de los encarcelados. Pasará por este mundo, como ha dicho el Libro de los Hechos: “haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (10,38). Su venida nos ha traído una paz  muy diferente a la que da el mundo, porque no es el resultado de consensos de intereses, sino que es una paz fruto “justicia divina”, de la misericordia y fidelidad de Dios hacia los hombres.

7. Antes que comenzara la vida pública el profeta de Galilea, los evangelios sitúan el episodio del Jordán, donde Jesús aparece como el Elegido y el Ungido por Dios para llevar la misión redentora del mundo: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mac 1,11). Cristo no necesitaba ningún bautismo de purificación. El que no tenía pecado por su condición divina, se solidariza con nosotros pecadores. El Espíritu Santo que descendió sobre la cabeza del Mesías, en forma de paloma, transformó aquellas aguas de muerte, en aguas de gracia que nos conduce a la vida eterna. Por lo tanto, son figuras del bautismo cristiano.

8. La consecuencia principal de aquel hecho salvífico es la llamada hoy vivir nuestros compromisos bautismales. Así mediante la fe en Jesús de Nazaret, participamos en el Misterio de su Muerte y Resurrección. Por este acontecimiento esencial del cristianismo: se nos perdonan los pecados, participamos en el sacerdocio de Cristo y nos hace miembros vivos de su Iglesia. Convertidos en “hijos en el Hijo” y “hermanos universales”  somos urgidos a ser: “artesanos de la paz”, según el modelo del “Príncipe de la Paz”, Jesucristo, en un mundo en conflicto donde se ha instaurado la cultura del descarte. En ella, hay tantos hombres y mujeres que ya no cuentan, que vagan sin futuro por tierras que no les pertenecen, ni los acogen: estos son los migrantes y refugiados que buscan la paz y no la encuentran. Por eso con palabras de Papa Francisco pedimos:

Señor, Dios de Abraham y los Profetas, Dios amor que nos has creado y nos llamas a vivir como hermanos, danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz; danos la capacidad de mirar con benevolencia a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino. Haznos disponibles para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos que nos piden transformar nuestras armas en instrumentos de paz, nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón”. Amén

+Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

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