El bautismo de Jesús

Mons. Gerardo Melgar      Queridos diocesanos:         La fiesta del Bau­tismo de Jesús que hoy celebramos es un acontecimiento real­mente importante en su vida, porque significa el comienzo de su vida pública y la realización de la misión para la que había sido en­viado por el Padre.

 

El anuncio de la salvación a todos los hombres, que era para lo que ha­bía sido enviado por el Padre, Jesús lo hace realidad a partir del momen­to de su bautismo, por medio de la predicación de su mensaje y por la entrega de su propia vida y su resu­rrección, para que nosotros tuviéra­mos vida eterna y llegáramos a ser verdaderamente hijos de Dios.

La celebración de la fiesta del Bau­tismo de Jesús nos recuerda y evoca nuestro propio bautismo, como un acontecimiento realmente importan­te en la vida de cada uno de nosotros

El bautismo para cualquiera de nosotros es el sacramento por el que nos hacemos hijos de Dios y miem­bros vivos de la gran familia de los hijos de Dios que es la Iglesia.

Nosotros, en virtud del pecado original, nacemos con la marca del pecado. Por el bautismo recibimos la gracia, la vida de Dios y la amistad con él, por lo que llegamos a ser Hijos de Dios. Cristo, el hijo de Dios, con su muerte y su resurrección, nos ha ganado para que también nosotros podamos ser hijos de Dios. A ser hi­jos de Dios accedemos por el sacra­mento del bautismo.

Por el bautismo nos compromete­mos a vivir como auténticos hijos de Dios y como miembros de su familia, la Iglesia.

Son estos dos compromisos los que resumen la esencia de nuestra identidad como seguidores y discí­pulos de Jesús.

Somos hijos de Dios, que quie­re decir que Dios es nuestro Padre, el mejor de los padres, que es capaz de comprender y perdonar nuestras equivocaciones y salidas del camino que Él nos marca.

Ser hijo de Dios supone aceptar a Dios en nuestra vida y tratar de vivir de acuerdo con lo que nos pide, y vi­vir lo que Él nos pide.

Ser hijos de Dios significa querer a nuestro Padre y que Él ocupe un lugar importante y privilegiado en nuestra vida.

Ser hijo de Dios supone estar en contacto permanente con ese Padre, como con alguien a quien necesita­mos para vivir lo que Él nos pide, porque sin Él no seríamos capaces de comportarnos como buenos hijos.

  • Supone hablar y contar con­tinuamente con Él y con su ayuda, abriéndole nuestro corazón.
  • Supone darle continuamente gracias por todo lo que nos da cons­tantemente.
  • Supone pedirle perdón por las veces que, guiados por nuestra po­breza personal, nos salimos del ca­mino que Él nos señala, y corremos por otro camino buscando la felici­dad al margen de Él.

Nosotros, por nuestro bautismo, lo mismo que Él fue ungido por el Padre para traernos la salvación, he­mos sido ungidos para ser discípulos y seguido­res del Se­ñor.

Hemo s sigo ungi­dos también para una misión muy importante: ser testigos de Cristo y de los valores del evangelio en el mundo, para que con nuestro testi­monio acerquemos a los hombres a Dios y Dios a los hombres.

Al recordar hoy nuestro propio bautismo, hemos de preguntarnos si vivimos como verdaderos hijos de Dios, si Dios es tan importante para nosotros como lo debe ser siempre un padre para un hijo; o más bien Dios es para nosotros un padre del que no nos acordamos, del que des­confiamos, al que no queremos por­que vivimos al margen de lo que Él nos pide.

Como bautizados hemos de pre­guntarnos por nuestra misión de ser testigos suyos en nuestro mundo. ¿Somos realmente sus testigos, o es­tar bautizados no significa realmen­te casi nada para nosotros? ¿Somos miembros vivos de la familia de los Hijos de Dios, que es la iglesia, o so­mos miembros muertos, porque vi­vimos en la indiferencia.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.