Don Marcelo

Card. Ricardo Blázquez          Basta el nombre para que los vallisoletanos y en general los españoles con cierta edad y conocimiento de la Iglesia sepamos a quién nos referimos. Ocupó un lugar destacado en nuestra historia durante varios decenios. Hoy quiero recordar a D. Marcelo, porque el día 16 de enero se cumplen 100 años de su nacimiento en Villanubla. En la parroquia se conserva el báculo pastoral donado por él que yo he utilizado para presidir la Eucaristía. Es para nosotros motivo de orgullo honrar su memoria. Fue hijo eminente de nuestra provincia, de nuestra diócesis y miembro de nuestro presbiterio diocesano.

Unas fechas para precisar su itinerario: Ordenado Presbítero en Valladolid el 29 de junio de 1941 después de terminar los estudios en Comillas; Obispo de Astorga de 1961 a 1966; Arzobispo de Barcelona desde 1966 hasta 1972, años turbulentos tanto en el orden eclesial del postconcilio como político, durante los cuales el rechazo inicial se mantuvo con dureza hasta el final. Fue trasladado al Arzobispado de Toledo, donde desplegó sus dotes extraordinarias de pastor. Murió el 25 de agosto de 2004. Yo tuve particular relación con D. Marcelo siendo obispo de Palencia, ya que en vacaciones vivía en Fuentes de Nava, donde él y su hermana Angelita tenían una casa. Recuerdo con honda gratitud el ánimo que me transmitió en la celebración del inicio de mi ministerio episcopal en la catedral de Bilbao. Siempre experimenté su afecto y apoyo.

Deseo subrayar tres aspectos de la actividad de D. Marcelo, que me parecen sobresalientes. Fue delegado arzobispal de Cáritas Diocesana desde 1941 hasta 1961. Fundó el Patronato de San Pedro Regalado para obras sociales; la impronta caritativo-social de la fe le caracterizó siempre. En sintonía con esta veta apostólica fue elegido por los obispos para diversos encargos en la Conferencia Episcopal. Fue un orador excelente, hasta el punto de que muchos iban a escucharle los domingos en la catedral. Armonizó la elocuencia del predicador, el atractivo de la belleza literaria en el decir, la adaptación a la capacidad receptiva de los contenidos por parte de los oyentes que sosegadamente y sin esfuerzo seguían la exposición, la potencia de la voz y los recursos para suscitar y sostener la atención del auditorio. Tuve la oportunidad de escucharle en bastantes ocasiones, sobre todo en Ávila.

Un tercer aspecto de su largo ministerio episcopal es el siguiente: Cuando D. Marcelo llegó a Toledo la situación del Seminario era de decaimiento, como muchos en aquellos años. Pues bien, en poco tiempo remontó la debilidad y adquirió un vigor admirable, acertando en la elección de los formadores y acompañando de cerca al Seminario. Pronto la sólida formación teológico-espiritual, la intensa pastoral vocacional que ha continuado los años siguientes, la serenidad en la vida cotidiana de los seminaristas, el entusiasmo por el ministerio sacerdotal, hicieron que de muchos lugares recibiera candidatos el Seminario de Toledo. Es comprensible que varios presbíteros formados en aquel Seminario hayan recibido el ministerio episcopal.

Durante muchos años presidió la fiesta de la Transverberación de Santa Teresa de Jesús en el Carmelo de la Encarnación de Ávila. Quien fue capellán del Monasterio desde el año 1966 hasta el final de su ministerio por motivos de enfermedad, D. Nicolás González, tuvo el acierto de reunir en un volumen las 27 homilías pronunciadas por D. Marcelo en esa fiesta celebrada el 26 de agosto (Card. González Martín, Véante mis ojos. Santa Teresa para los cristianos de hoy, Edibesa. Madrid, 2003). El libro fue prologado por el Card. Antonio Cañizares, Obispo de Ávila desde el año 1992; más tarde sería sucesor de D. Marcelo en Toledo y continúa presidiendo la fiesta de la Transverberación. Merece la pena leer las homilías, y, si el lector escuchó predicar a D. Marcelo, podrá entre líneas oír el eco de su voz. En cada homilía apreciamos cómo la memoria de Santa Teresa proporciona luz para enfocar la vida cristiana, la situación de la Iglesia y otros acontecimientos de la sociedad.

¿En qué consistió y qué significa la Transverberación del corazón de Santa Teresa de Jesús? En “El Libro de la vida” (29, 13) narra la visión de un ángel con un dardo de fuego atravesándole el corazón; es una visión de orden espiritual. La gracia del dardo aconteció por primera vez hacia el año 1560. “Me dejaba toda abrasada en el amor de Dios”. En el retablo de la capilla de la Transverberación se encuentra un cuadro que es copia del grupo escultórico de L. Bernini “Éxtasis de Santa Teresa”, que se encuentra en la iglesia de Santa María della Vittoria en Roma, de patetismo barroco e intensidad dramática. Esta representación de Santa Teresa aparece también en la basílica subterránea de Lourdes. ¿Por qué no poner mejor para recordar a Santa Teresa en el santuario mariano el retrato auténtico pintado por Fr. Juan de la Miseria, en lugar del cuadro de gran teatralidad imaginativa del Bernini?. En todo caso en la iglesia del convento de la Encarnación hay una capilla denominada de la Transverberación; es un hecho de carácter místico que experimentó la Santa varias veces y que recuerda en diversos escritos.

El dardo viene de Dios por un ángel; no es producto de su imaginación. Le causa al mismo tiempo “dolor grandísimo” y “suavidad excesiva”. Este “episodio cumbre” significa que “la presencia de Cristo se ha unificado, concentrado y desbordado” en la experiencia intensa del amor de Teresa (T. Álvarez). Desea morir para ver al Señor y gozar eternamente de su presencia. El amor se le convierte en surtidor de deseos que la distancia en su pleno cumplimiento hace inefablemente doloroso.

Con frecuencia D. Marcelo lo recuerda: “Ya es tiempo de verte, mi Amado” (p. 163). “El Señor se deja adorar por los hombres que le aman” (p. 226). “Quiero llegar a la cumbre del amor hasta la muerte” (p. 232). El dardo que hirió el corazón de Teresa le dio valor para afrontar todos los trabajos y pruebas de la vida (cf. p. 245).

Celebramos con gratitud los cien años del nacimiento de D. Marcelo. ¡Qué Dios le premie su vida entregada y fecunda! .

Cardenal Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)