Nacido de mujer (VI)

Mons. Agustí Cortés            San Pablo cuando quiso subrayar que Jesucristo era verdaderamente hombre como nosotros, no encontró otra expresión más apropiada que esta:

Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, sometido a la ley de Moisés, para dar libertad a los que estábamos bajo esa ley, para que Dios nos recibiera como hijos” (Gal 4,4-5)

El título primero y fundamental del Hijo de Dios al hacerse hermano nuestro es “haber nacido de mujer”. Estas palabras dicen mucho de Dios y de su Hijo. Pero no dicen menos de la mujer. Queremos fijarnos, por eso, no sólo en la mujer que hizo posible esto, sino en todas las mujeres – madres, capaces concebir, llevar en su seno y dar a luz un nuevo ser humano.

He aquí que por una mujer, María, la madre de Jesús, nos vino la libertad.

Pero no podemos compartir la alegría de esta maravilla, sin ponerla en contraste con algunas manifestaciones sobre la maternidad que escuchamos hoy. Hace unas semanas leíamos un artículo de Laura Freixas, titulado “La maternidad sale del armario”. Quería ser un alegato contra la maternidad “forzada”, fruto de la construcción cultural, básicamente masculina, interesada y opresora, una mitificación de la maternidad cargada de un lastre de sufrimientos y molestias. Una maternidad que frecuentemente ha sido un obstáculo injusto para la autorrealización de la mujer.

Repasando una larga lista de obras literarias y ensayísticas, la autora reconoce que está mirando la maternidad desde su lado oscuro. Pero la verdad es que no aparece en todo el artículo ningún atisbo de luz en el hecho de ser madre.

Sin duda estamos de acuerdo con la constatación de ese lado oscuro, que tantas veces es causado por el menosprecio de una sociedad, que no solo no apoya a la maternidad, sino que le pone trabas a su ejercicio. Si “salir del armario” aquí significa llamar la atención sobre el problema que sufren hoy las madres, por el mero hecho de serlo, nos sumamos a esta denuncia. También estamos de acuerdo con este artículo en la afirmación de que hay muchas formas de ser madre: siempre hemos reconocido en las mujeres consagradas, incluso en las contemplativas, una verdadera maternidad.

Pero lo que más entristece en el argumento de este artículo es descubrir el motivo de su protesta: ser madre, afirma, priva de libertad, oprime y sobrecarga las espaladas de las mujeres con sufrimientos de todo tipo.

En efecto, ¿quién negará los sufrimientos de la maternidad? Sería como negar el sudor del trabajo (cf. Gn 3). Pero nadie niega el valor del trabajo…

En la Diócesis hemos centrado nuestra atención en el objetivo de “dar fruto”, según el mandato de Jesús. Es inevitable que pensemos en esta cualidad que marca tan profundamente la fecundidad humana como es la maternidad. Las madres suelen decir o sentir, cuando miran a sus hijos e hijas: “es fruto de mis entrañas”. Quieren expresar que sus hijos, no solo son consecuencia de un proceso fisiológico de fecundación y desarrollo, sino que ante todo son fruto de “su amor entrañable”. El hijo es fruto de ese amor insoslayable, profundo y absolutamente generoso. Adivinamos en esta expresión una referencia callada al posible sufrimiento que cuesta a una madre dar a luz y educar a los hijos, aunque este sufrimiento sea compañero de un gozo único.

El Papa Pablo VI, cuando hablaba de sus vivencias infantiles, siempre recordaba a su madre:

“Tenía en mi dorada infancia, por desgracia muy efímera, tres maestros: un jardín, un cura viejo, y mi madre”

Sin duda el magisterio de su madre fue para él el más importante: fue maestra de vida, de fe y, sin pretenderlo ella, también de su vocación. María, Madre de Jesús en el amor que sabía sufrir sin dejar de rebosar de alegría en su Magníficat.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.