Los militares extremeños en Líbano sienten nuestra cercanía y oración en Navidad

El pasado mes de noviembre partían para El Líbano un destacamento de la Brigada Extremadura XI. Allí trabajan para pacificar una zona que forma parte desde hace tiempo de un ramillete de enclaves “calientes” que existen en nuestro planeta. Este año sus navidades y las de sus familias será diferente, aunque tal vez pocas veces sus navidades hayan tenido un sentido tan profundamente navideño: vivirán el nacimiento de Jesús trabajando por la paz.

Entre los soldados encontramos a Carlos Manjón, el capellán, que además lleva la atención pastoral de la Guardia Civil en Extremadura y la Escuela de Tráfico de Mérida.

¿Es la primera misión que realiza fuera de España o ya ha estado en Irak, Malí o el propio Líbano?

También estuve en El Líbano en el 2012.

¿Qué misión realizan ahí las tropas españolas?

Una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas otorgó a los militares españoles el control de un territorio, un área de seguridad al sur del Líbano. El objetivo de esa resolución es consolidar la paz en esa zona; es una extensión muy grande de territorio entre El Líbano e Israel que en los próximos meses controlará la Brigada Extremadura XI. Por aquí han pasado ya 28 brigadas españolas desde el año 2006.

¿Es una zona peligrosa?

Hay una calma tensa porque en cualquier momento puede saltar el conflicto. Hay algunos puntos en la frontera que son “zona caliente”.

¿Cuál es la tarea del capellán castrense?

Yo siempre digo que lo nuestro es lo divino y lo humano, no solamente lo sacramental, sino también acompañar a los militares en el día a día porque es donde realmente se les conoce a ellos, las necesidades que tienen. La presencia del militar en una misión, en este caso en El Líbano, tiene dos pilares. El primero es el propio de la Brigada, como celebrar la eucaristía diaria y la misa dominical en varias posiciones: la Base Miguel de Cervantes, dos posiciones más donde tenemos militares nuestros, y otra en el Cuartel General de Naciones Unidas. Además de la celebración de la eucaristía, está impartir con frecuencia el sacramento de la confesión, la formación. Hay una parte de cara al exterior, la tarea caritativa. La propia Brigada cuenta con una unidad que actúa en población. A través de ella se afrontan obras, las necesidades que tiene la población en la que nos encontramos… Cuando yo estuve en mi primera misión se les llevó luz, alcantarillado, hay mucha actividad de carácter caritativo.

¿Cuál es el segundo pilar?

Es de carácter institucional. El “Pater” acompaña al General, que hace cabeza del contingente, en este caso es Francisco Javier Romero Marí. Lo que hacemos es mantener una cercanía con las distintas confesiones religiosas donde se encuentran los militares españoles.

En Líbano hay una presencia importante de cristianos.

Sí, donde nos encontramos se le conoce como el corredor cristiano, hay mayoría cristiana. Tenemos a la Iglesia Maronita, que es la mayoritaria en la zona, hay Melquitas, ortodoxos, algún pastor protestante… Recuerdo una anécdota. Ahí reside el Arzobispo Melquita, en la zona de Majayún, y visitándolo con el General, nos abrió el Anuario Pontificio muy orgulloso y señaló su diócesis como la primera diócesis de la cristiandad. Era Cesarea de Filipo, donde el Señor le dijo a Pedro que sobre él edificaría la Iglesia y le daría las llaves del Reino de los Cielos. El obispo Melquita está muy orgulloso de ser esa primera diócesis del mundo.

Que haya diálogo ecuménico e interreligioso debe contribuir a poner las cosas más fáciles para todos los que estáis allí.

Sí, sí, sí, sin duda.

Vosotros sois una especie de representación, no oficial, pero sí real, de España en el territorio.

Claro, le damos el toque español a nuestra misión, que también lo agradecen mucho. En este sentido existe, por ejemplo, el Programa Cervantes, a través del que se les ense- ña a la población el castellano, y en el que participan miembros de la Brigada como profesores en las distintas poblaciones. La verdad es que hay una relación muy buena con la población y eso es clave.

En zonas de conflicto, donde hay peligro real, deben aflorar muchos planteamientos existenciales. Además de la celebración de los sacramentos, ¿qué cosas demandan los soldados del capellán?

Cuando estás en misión te das cuenta que el dejar la comodidad de la casa, estar lejos de la familia, de las personas que quieres, te acerca de alguna manera más a Dios. Cuando llevamos aquí cierto tiempo, la gente está ya un poco baja de ánimo por las preocupaciones de casa, siempre tiran del capellán como amigo, pero sobre todo como sacerdote. En la anterior misión viví alguna situación de dificultad, algo que parece una anécdota pero que puede traer problemas muy serios: una vaca cerca de la posición pisó una mina y se produjo un conflicto que podía haber ido a más pero que se controló. Ese día me tocaba la misa y la capilla estaba llena. Cuando la vida aprieta y estás lejos de los tuyos, uno se agarra a lo más sagrado.

Habrá vivido buenos momentos desde el punto de vista de la fe.

Sí, he visto grandes conversiones, en mi primera misión se confirmaron 59 militares y la formación la daba un guardia civil que estudió Teología. De alguna manera se crea parroquia, se crea diócesis castrense, a veces siento esto más aquí, que cuando estamos en territorio nacional. También he visto muchos esfuerzos de los soldados que, tras terminar un servicio largo y pesado en temporada de lluvia y frío, vienen a la capilla y no dejan de asistir a misa. Se valora mucho el esfuerzo por ponerse a tiro de Dios. Eso me ha llenado mucho como sacerdote, como capellán.

¿Sentís la cercanía de la gente que nos quedamos aquí, la comunión con la Iglesia de la que partís?

Sí. Cuando preparo las misiones aprovecho para pedir la oración en los conventos de clausura de la tierra y he sentido la cercanía de esa oración, colegios de están enviando cartas para felicitarnos la Navidad… son gestos que te llenan.

(Juan José Montes – Iglesia en Camino, Archidiócesis de Mérida-Badajoz)

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