María, icono del Adviento

Mons. Jesús García Burillo          Queridos diocesanos:        El pasado 8 de diciembre celebramos solemnemente la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, con la tradicional vigilia, preparada por la Pastoral Juvenil de la Diócesis, en el convento de La Santa, en el marco del Año Jubilar Teresiano. María Santísima, es figura central en este tiempo litúrgico, ya que en ella confluyen la espera del Mesías y las esperanzas de la humanidad.

Durante el tiempo de Adviento la Liturgia recuerda frecuentemente a la Santísima Virgen, sobre todos los días feriales del 17 al 24 de diciembre y, más concretamente, el domingo anterior a la Navidad, en que hace resonar antiguas voces proféticas sobre la Virgen Madre y el Mesías, y se leen episodios evangélicos relativos al nacimiento inminente de Cristo y del Precursor. De este modo, los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza, para salir al encuentro del Salvador que viene» (Pablo VI, Marialis cultus, 3-4).

En la fiesta de la Inmaculada celebramos que María, por un don particularísimo de Dios fue concebida sin pecado original, para ofrecer a su Hijo una “digna morada”, a modo de “nueva Eva”. La Virgen María es modelo del hombre nuevo, de la nueva creación que Dios realiza en Cristo e icono perfecto de la Iglesia, porque –en palabras de san Pablo- en Cristo hemos sigo elegidos «antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor» (Ef 1, 4).

La liturgia del Adviento vive intensamente la esperanza en Cristo Jesús, que ya ha venido en la plenitud del tiempo y vendrá al final de los tiempos y, «uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio cultual, que puede ser tomado como norma para impedir toda tendencia a separar, como ha ocurrido a veces en algunas formas de piedad popular el culto a la Virgen de su necesario punto de referencia: Cristo. Resulta así que el Adviento debe ser considerado como un tiempo especial para el culto a la Madre del Señor» (id.).

En este tiempo debemos esperar con María y dejarnos imprimir el alma y el corazón con su imagen (icono). Porque, así como en ella mediante la encarnación

del Verbo, del Hijo de Dios, se realiza un “admirable intercambio” por el que ha compartido la vida misma de Dios, así todos los cristianos estamos llamados a vivir y a introducirnos cada día más, por la gracia del Espíritu Santo, en la vida divina. Dios se ha hecho hombre, se ha hecho uno de nosotros, para que nosotros vivamos una vida nueva, una vida en Cristo, vida de la gracia.

El Adviento nos recuerda que en el desierto de nuestra vida y de nuestro mundo existe la esperanza: «El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo» (Is, 35, 1-2). En la oscuridad de las dificultades, en la enfermedad, los problemas y los sufrimientos, surgirá una luz: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria vendrá sobre ti» (Is 60, 1-2).

Queridos amigos, contemplando a María, este es mi deseo para este Adviento: que nadie se sienta solo o decepcionado en el desierto de las dificultades y los problemas, en la oscuridad del pecado, porque el Señor amanecerá sobre ti, te iluminará con su resplandor, te guiará por sus sendas, él es tu consolación y tu paz duradera. María nos acompaña en el camino del adviento.

Con mi bendición y afecto.

+ Jesús García Burillo

Obispo de Ávila

Mons. Jesús García Burillo
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Nació en Alfamén, Provincia y Archidiócesis de Zaragoza, el 28 de mayo de 1942. Tras finalizar la carrera de Profesor de E.G.B., inició los estudios eclesiásticos en Valladolid, ciudad a la que se trasladó desde muy joven, terminándolos en la Universidad de Comillas de Madrid. Fue ordenado sacerdote en Valladolid, el 25 de julio de 1971. En la misma Universidad de Comillas obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología y en 1977 el Doctorado en Teología Bíblica. Ha desempeñado el cargo de Vicario Episcopal en la Diócesis de Madrid, de la Vicaría III (1985-1996) y de la Vicaría VIII (1996-1998). Fue preconizado Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante el 19 de junio de 1998. Recibió la Ordenación Episcopal en Alicante el 19 de septiembre del mismo año. Preconizado Obispo de Ávila el 9 de enero de 2003, tomó posesión de la diócesis el pasado 23 de febrero de 2003, domingo. CARGOS DESEMPEÑADOS: Capellán de la Residencia Universitaria Torrecilla (Valladolid, 1971-75); Coadjutor de la parroquia de San Andrés de Villaverde (Madrid, 1977-79); Dir. de la Residencia Divino Maestro (Valladolid, 1964-66); Dir. de la Revista "Ekumene" (1966-71); Coordinador del Movimiento "Ekumene" en Andalucía (1966-71); Secretario General de la Vicaria III (Madrid, 1979-85); Vicario Episcopal de la Vicaría III (Madrid (1985-96); Vicario Episcopal de la Vicaría VIII (Madrid (1996-98). Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante (1998-2002) CARGOS EN LA CONFERENCIA EPISCOPAL: Miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1999-) y Relaciones Interconfesionales (1999-). ACTIVIDADES: Profesor de E.G.B. (1962-64); Prof. titular en Estudio Agustiniano (Valladolid, 1972-74); Colaborador del C.S.I.C. (1974- 76); Profesor del Instituto Internacional de Teología a Distancia (Madrid, 1977-98); Profesor de Radio ECCA (1977-98). PUBLICACIONES: Destacan entre todas ellas: Catequesis de primera comunión, en colaboración (Madrid: Studio 1968); su Tesis doctoral El ciento por uno. Historia de las interpretaciones y exégesis, (Madrid: C.S.I.C. 1977). Ha colaborado en el Departamento de Producción del Instituto Internacional de Teología a Distancia (1977-1998).