Domingo de alegría

Mons. Gerardo Melgar                 El tiempo de Adviento nos traza a través de todos los domingos que constitu­yen el mismo un itinera­rio a recorrer, en espera del Salvador.

Durante los tres domingos que llevamos de este tiempo de Advien­to hemos recibido diversas llamadas desde la palabra de Dios, que hemos proclamado en cada uno de ellos, como distintos pasos en ese itinera­rio a recorrer durante todo el tiempo de Adviento.

El primer domingo nos hacía una llamada a estar despiertos y vigilan­tes para descubrir lo que sucede en nuestro entorno, en nosotros mismos, y ver lo que tenemos que cambiar para, desde ese conocimiento, al co­mienzo del tiempo de Adviento, ha­cer nuestro plan para vivirlo mejor.

El segundo domingo nos llamaba a preparar positivamente el camino al Señor que llega. Para ello, nos po­nía como modelo de lo que hay que preparar lo que piden los profetas a su pueblo y lo que hizo y pedía Juan el Bautista ante la inminencia de la venida del salvador.

En este tercer domingo nos invita, desde la figura de Juan el Bautista, a confesar nuestra auténtica identidad, con verdad y valentía. A la pregunta de los judíos que le envían emisarios a preguntarle directamente quien es, él confiesa claramente su identidad: no es ni el Mesías, ni Elías, ni el pro­feta que ellos esperaban. Es solo la voz que clama en el desierto: «Prepa­rad el camino al Señor».

Nuestro mundo laicista e incre­yente también nos pregunta a noso­tros los cristianos: «¿Tú quien eres?» Y nosotros tantas veces no nos atre­vemos a confesar lo que somos. Vi­vimos nuestra identidad cristiana como en la sombra, nos da vergüen­za manifestar abiertamente que no­sotros somos creyentes, discípulos y seguidores de Jesús, porque hoy no está bien visto, porque tenemos mie­do a que se mofen de nosotros y lo ocultamos por vergüenza, vivimos nuestra fe llenos de complejos.

Desde el ejemplo de Juan debe­mos sentirnos impulsados a confe­sar abiertamente nuestra fe, nuestra condición de seguidores de Jesús, sin complejos, caiga quien caiga y nos oiga quien nos oiga.

Nuestra vida, nuestra forma pe­culiar de vivir, debe ser un testimo­nio claro que exprese nuestra iden­tidad de discípulos y seguidores de Cristo, porque vivimos nuestra vida desde el estilo y los valores de Jesús.

Este tercer domingo de adviento es el domingo llamado «de la ale­gría». En la segunda lectura, san Pablo, en la carta a los Tesaloni­censes nos invita a «estar siempre alegres, no dejando de orar y man­teniéndonos en continua acción de gracias, porque esto es lo que Dios quiere de nosotros como cristianos (Tes 5, 16).

La alegría es una actitud y una virtud propia del cristiano. Dice el refrán cas­tellano que «un santo triste es un triste san­to». El cristiano debe vivir su fe y su identidad cristiana con alegría, por­que la vivencia de la fe produce ne­cesariamente alegría y gozo, porque el Señor no solo está cerca, sino que está dentro del creyente que trata de vivir su fe en Él.

Por eso el papa Benedicto XVI, cuando proclamó el Año de la Fe, de­cía claramente que reavivando nues­tra fe tendremos la oportunidad de experimentar la alegría de la fe y el gozo de ser creyente y de transmitir ese gozo y esa alegría a los demás, para que también ellos puedan expe­rimentarla.

Vivimos en un mundo lleno de tristeza, pobreza, heridas y laceracio­nes, aunque muchos traten de ocul­tar su tristeza y heridas detrás del bullicio y del ruido del mundo.

Nosotros debemos sorprender e impactar por nuestra alegría, no la que surge del bullicio y el ruido de la sociedad, sino por la alegría interior de quien siente que tiene a Dios en su vida.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.