Vivid contentos

Mons. Francesc Pardo i Artigas         El tercer domingo de este tiempo de Adviento es conocido como el domingo de la alegría. El fragmento de la carta de San Pablo que escucharemos en las misas empieza precisamente con esta exhortación: “Hermanos, estad siempre alegres. Sed constantes en el orar. Dad gracias en toda ocasión… No apaguéis el espíritu… Examinadlo todo: quedaos con lo bueno. Guardaos de toda clase de mal”.

Uno de los motivos de esta invitación es, ciertamente, la proximidad de la Navidad, pero la alegría es una virtud que ha de ser inherente a la vida cristiana.

Sin embargo, la virtud de la alegría no puede confundirse con “ponerse alegre” o con una reacción ante algún hecho o experiencia. Es una actitud permanente con la que afrontamos la vida.

Hay personas que por su naturaleza y carácter ya son alegres y poseen este don. Pero vivir con alegría es una llamada a todo cristiano, independientemente de nuestro carácter o capacidades.

Hay que hacer notar que la virtud es un hábito o actitud que no se improvisa, sino que es un proceso que se adquiere con constancia y paciencia.

¿Qué preguntas se nos presentan? ¿Por qué y donde se fundamenta esta virtud de la alegría?

Nos podemos preguntar si, constatando la problemática que vivimos ahora y aquí y, en un aspecto más global, contemplando a la humanidad, podemos vivir contentos. Somos conscientes de la cantidad de sufrimientos físicos y morales que viven muchos de nuestros hermanos: hambrientos, víctimas de guerras estériles, desplazados, perseguidos, sin que sean reconocidos sus derechos… Experimentamos una cierta incapacidad para planificar una sociedad más humana.

Y también somos conscientes de las angustias y sufrimientos personales: enfermedades, experiencia de la muerte de personas, fracasos, soledad…

Nos damos cuenta de que con frecuencia nos faltan bienes materiales, el confort, la seguridad material. Pero la aflicción, la tristeza, la angustia, la soledad, la sed de amor… también nos asedian.

Pues bien: sin esconder la dura realidad y todas estas constataciones, somos llamados a vivirlas y afrontarlas con alegría. Eso sí: una alegría humana, frágil, imperfecta, pero verdadera.

La alegría tiene un origen y fundamento espiritual, y más concretamente por medio de la presencia de Jesucristo, que ha venido, viene y vendrá constantemente a nuestra vida. Él es nuestra alegría.

La presencia de Jesús en nuestra vida nos permite contemplar el bien tantas veces escondido bajo la envoltura del mal. Por ello, cuando estamos en presencia de los males de nuestro mundo, no estamos alienados o somos inconscientes de ellos, sino que los vivimos con la fuerza del Señor y por ello los podemos afrontar sin perder la más honda alegría.

Podemos aprender a saborear las múltiples alegrías humanas que Dios sitúa en nuestro camino: la alegría de la existencia de la vida; la alegría del amor auténtico; la alegría de la naturaleza y del silencio; la alegría, con frecuencia austera y esforzada, del trabajo bien hecho; la alegría del deber cumplido; la alegría de la pureza de corazón, del servicio, del saber compartir; también la alegría exigente del sacrificio.

Para conseguirlo, tal como escribe Pablo, no apaguemos el Espíritu… “Examinadlo todo; quedaos con lo bueno. Guardaos de toda clase de mal”.

+  Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.