La hermosura de un niño es Navidad

Mons. Francisco Pérez             Es interesante constatar que la experiencia humana va desarrollándose por caminos insospechados y siempre hay un punto central que realiza la auténtica realidad humana: el amor. Decía San Agustín: “Cada hombre es lo que ama”. Estamos preparándonos para celebrar la Navidad y existe el peligro de convertir estos días en algo tan festivo que causa un letargo o nos puede llevar a desvirtuar su sentido más profundo y primigenio, su profundidad, su mensaje inicial. La Navidad, con el espíritu franciscano, es humildad, es paz, es intimidad, es gozo, es dulzura, es esperanza, es benignidad, es suavidad, es aurora, es bondad, es amor, es luz, es ternura, es amanecer y es silencio. La Navidad tiene a un personaje central que muestra todos los aspectos positivos de la vida y elimina, con su esplendor, todos los aspectos negativos: Es el Hijo de Dios que nació en Belén. Lo más hermoso de la Navidad es este Niño que con sólo mirarle nos enamora por su bondad.

Los hombres construimos armas de todo tipo para destruir al contrario, sin embargo la Navidad es el mejor reflejo de la Paz. “Cuando me preguntan sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas: la paz” (Einstein). Y la paz se hace presente cuando hay un amor que es más fuerte que el odio. Este amor potente y arrollador se manifiesta en Jesucristo que nació en Belén, padeció, murió y resucitó. Es un amor que tiene como esencia la bondad, una bondad que nunca acaba y siempre abraza, una bondad que mira de frente y siempre levanta, una bondad que nunca expira y siempre inspira, una bondad que no es pesimista y siempre es esperanzadora, una bondad que elimina el mal porque ella es siempre bien.

Ante esta Navidad creo que hemos de dar un paso mucho más profundo y es el de creer que Dios nunca falla y nunca falta a nuestra cita. “Cuando todos te abandonan, Dios se queda contigo” (Ghandi) y es la verdad puesto que lo hemos comprobado alguna vez en nuestra vida. Recuerdo a una persona que había sido presa de una fuerte depresión. Su mirada estaba fijada en el infinito. Sus manos frías no expresaban apertura sino parálisis. En medio de tanto dolor nos pusimos a rezar, sus ojos se encendieron y bañados en lágrimas un susurro se expresaba en su voz: “¡Señor confío en Ti!”. Las manos se alzaron y la mirada se convirtió en alabanza. Nadie puede consolar tanto como la fe en el amor de Dios que es bondad y paz.
La Navidad mueve el corazón de una forma especial y no sabemos, con cábalas racionalistas, descifrar su causa. Hay un querer interior que supera todos los discursos y todas las manifestaciones por muy poéticas que estas sean. Es un Amor que está pleno de Bondad y Paz. Este Amor se denomina el Niño Dios que nace en nuestro corazón como nació en Belén. Es un gran misterio que ni la ciencia, ni los mejores pensadores, ni los mayores escritores, ni los más audaces investigadores… pueden poseer en su alto saber. ¿Es posible comprender que en un Niño frágil y sin fuerzas se manifieste como Dios, es más, que Él es Dios? ¿Es posible comprender que en este Niño se pueda pensar que estaba presente el Salvador del género humano? ¿Es pensable que un Niño pueda restablecer la reconciliación en el ser humano? La fe me asegura que este Niño siendo Dios restaura todo y llena el universo de la bondad de Dios.

En la experiencia de nuestras vidas podemos situarnos al margen de este misterio o al lado del mismo. “Un cobarde es incapaz de mostrar amor; hacerlo está reservado para los valientes” decía Ghandi. No le faltaba razón, puesto que él mismo lo pudo comprobar a raíz de su entrega en favor de la paz. Fue un activista de la paz y del amor a todos. Creo que hoy la crisis tiene sus raíces en la falta de amor que brilla por su ausencia en muchas circunstancias. En esta Navidad nos podemos situar dentro o fuera de este gran misterio, ahora bien nadie podrá afirmar que el amor es inútil. ¡Con amor se vence! ¡Sin amor se pierde y deprecia el ser humano! Deseo que estas fiestas sean muy felices porque CREMOS EN EL AMOR. ¡Feliz Navidad y Año 2018!

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).