Para cuidar tenemos que cuidarnos

Mons. Francisco Cerro         ¿Quién cuida a los cuidadores? ¿Quién educa a los educadores? Quien quiera cuidar y tener caridad con los demás tiene que aprender a cuidarse, a no quemarse, a no ir más allá de lo que podemos, porque, si no, nos pasa factura tarde o temprano. Aprender a cuidarse es un arte que siempre, como resultado, revierte en un mejor servicio.

San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, veía el peligro de que se “corrompa el sujeto” a los que tratan de ayudar. Si no saben discernir, es fácil dejarnos engañar. Debemos aprender a cuidarnos, a no pasarnos, porque muchas veces esto nos lleva a que, cuando nos inutilizamos, ya dejamos de ayudar a los demás y pasamos nosotros a necesitar ser cuidados, cuando se podría haber evitado, si con madurez evitamos pasarnos.

¿Quién cuida al sanador para ayudar a sanar? ¿Quién ayuda al pastor para cuidar a las ovejas? Propongo tres claves de sabiduría evangélica para que no olvidemos de cuidarnos, porque, como me decía mi primer párroco, como se muera la vaca se acaba la leche y los navarros dicen que: donde no hay mata, no hay patata. Son expresiones de una sabiduría evangélica, no egoísmo refinado, sino sentido común, que a veces para muchos es el menos común de los sentidos.

  1. Sabiduría de que, quien no sabe descansar, no descansa a los que están a su alrededor. Cuidarse no es un egoísmo cansino, es sencillamente tener un sentido común iluminado por la fe que nos lleva a saber que nadie puede dar lo que no tiene. El camino ordinario de nuestra vida es que, para dar, siempre hay que recibir y acoger el don para mejor servir. Descansar es siempre invertir en un mejor servicio. Sabiduría de que solo comunica paz el que la tiene. Este es el camino ordinario que nos tiene que llevar a vivir siempre con la alegría de saber que la paz solo se puede transmitir cuando por dentro se vive la PAZ con mayúscula, que es Jesús Vivo en nuestro corazón.
  2. Sabiduría de quien sabe pararse, para después volver a la entrega generosa. Existe como una luz roja que se enciende cuando no estamos parados y vivimos en un peligro de quemarnos. Es un más allá de lo que debíamos hacer. Es cuando la gente percibe que estamos como “idos”, o cuando nos dicen que estamos reaccionando mal, como muy desproporcionados, como si nuestro carácter o forma de ser se fuera agriando. Estas dos realidades: estar como “idos” y que el carácter se nos agríe son la señal más clara de que hay que pararse y descansar.
  3. Crecer más en el ser que en el hacer. Muchos se creen que con ellos empieza y acaba todo. Debemos hacer todo lo que podamos, pero saber que la clave es que la fecundidad está más en el ser que en el hacer. Recuerdo que San Juan de la Cruz y el hermano Rafael decían a los predicadores, y a los que hablan mucho, que más les valdría dedicar la mitad del tiempo a la reflexión y a la oración, que seguramente sus vidas y su predicación serían mucho más fecundos y eficaces. Tenemos que ahondar más en el ser que en el hacer.

+ Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

 

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.