El Pan de la Palabra

Mons. José María Yanguas          El tiempo de Adviento que estamos viviendo durante esta semana nos presenta a dos de las grandes figuras de este tiempo. El viernes celebrábamos la Inmaculada y la liturgia nos ofrecía a María como modelo de la persona que encarna las actitudes con las que esperar y acoger al Señor que se manifestará al final lleno de gloria, pero que ahora viene a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y para que demos testimonio por el amor de la espera dichosa de su reino. Ella es la mujer que, frente a Eva y Adán que le dicen no a Dios y se cierran a su proyecto, acoge con su sí decidido al Dios que viene, como siempre, por caminos poco trillados y un tanto insólitos.

La otra gran figura es la de Juan el Bautista que aparece en el horizonte en este segundo domingo de Adviento. El Bautista, a su manera, desde el desierto, lugar de encuentro consigo mismo y con Dios, es capaz de otear el horizonte y descubrir en uno de sus discípulos al que es más grande que él, al que viene de parte de Dios a traernos su salvación.

Si el primer domingo de Adviento nos invitaba a estar con la mirada despierta y atenta, a vigilar y velar, porque el Señor viene, este segundo domingo de Adviento pone el acento en el cambio necesario, en la preparación del camino del Señor, porque está viniendo. Ciertamente, estos temas aparecen en las lecturas que nos ofrece la liturgia:

+ el profeta Isaías, otro de los personajes del Adviento, invita al pueblo que se encuentra en el destierro, a preparar un camino al Señor en medio del desierto, para que Dios se haga presente en medio de su pueblo y pueda guiarlo de nuevo, como cuando el éxodo, hasta la tierra prometida. La llegada de Dios es sinónimo de consuelo para el pueblo que en el destierro vive sin esperanza y sin futuro.

De este modo el profeta Isaías nos invita a mantener la esperanza, a avivar nuestra espera, porque el Señor viene y va revelar su gloria. El problema es que hay que otear el horizonte con un corazón despierto y atento para descubrir la gloria de Dios que siempre se manifiesta paradójicamente: en un recién nacido colocado en un pesebre. Ahí se va a cumplir lo que el heraldo grita desde lo alto de un monte: aquí está vuestro Dios. Nuestro Dios es el Dios de lo inaudito y lo imposible: es capaz de abrir un camino en el desierto, es capaz de presentarse en un niño recién nacido, envuelto en pañales, y de ese modo traer una salvación que alcanza hasta lo más hondo del ser humano y está destinada para todos.

+ El salmista nos invita a dirigir nuestra aclamación a Dios y pedirle que nos muestre su misericordia y nos dé su salvación, una salvación que está cerca de sus fieles. Le pedimos que su gloria, la que no deslumbra, la que se manifiesta en cualquier momento y circunstancia, habite en nuestra tierra y nosotros sepamos descubrirla.

+ El apóstol Pedro interpreta el retraso en que el Señor cumpla su promesa de volver en gloria como signo de su paciencia con nosotros, quien no deja de darnos la oportunidad de convertirnos. En esta misma dirección, Juan, en el desierto, predica un bautismo de conversión, para prepararle el camino al Señor que viene. A ese Dios que viene a instaurar un cielo nuevo y una tierra nueva, hay que esperarlo, pero también hemos de apresurar su venida.

+ En el inicio del evangelio de Marcos, el evangelista nos invita, citando al profeta Isaías, a adentrarnos en la buena noticia de Jesús, Mesías e Hijo de Dios. Jesús, como Mesías e Hijo de Dios, se va a presentar por un camino que hay que preparar, por unos senderos que hay que allanar, puesto que son caminos y senderos poco habituales. Juan, que intuye que el Mesías está cerca, se retira al desierto, y lleva una vida austera, porque necesita estar atento, sin que nada le distraiga, ante la llegada de alguien que va a presentarse de un modo novedoso. Por eso su predicación invita a la conversión, al cambio, a la preparación ante la llegada de uno que es más grande que Juan y que trae un bautismo con Espíritu Santo. Juan, que ha vuelto a hacer sonar la palabra profética en medio de su pueblo, anuncia de este modo la llegada del Mesías, el cual derramará el Espíritu Santo sobre todos.

Que la invitación del profeta Isaías y de Juan el Bautista a preparar el camino del Señor que está cerca y viene con su salvación que es consolación para todos nos empuje a descubrir qué sendas hemos de enderezar y en qué debemos convertirnos para que realmente podamos acoger la gloria de Dios que se revela y así nuestra vida se llene de esperanza.

 ¡¡¡Feliz domingo en familia!!!

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
Acerca de Mons. José María Yanguas 132 Articles
Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).