Nacidos para la esperanza

Mons. Àngel Saiz Meneses           Comenzamos hoy un nuevo año litúrgico con el primer domingo de Adviento. Tiempo de esperanza, de una esperanza vigilante y responsable que nos mantiene preparados para la venida definitiva del Señor y también para el encuentro con él en los pequeños acontecimientos de la vida diaria.

No faltará quien se pregunte si es posible mantener la esperanza mientras tienen lugar tantas situaciones injustas en nuestro mundo: graves conflictos armados en distintos lugares; el terrorismo, que sigue siendo una amenaza para la paz y seguridad; la pobreza, el hambre, la falta de acceso a agua potable, que continúan siendo una lacra; otro grave problema es la conculcación de derechos humanos y la discriminación por diferentes motivos, o la explotación infantil; recordamos también a los refugiados y desplazados forzosos; y la lista podría seguir con las diferentes pandemias, el maltrato, las dificultades de acceso a la vivienda, la precariedad laboral, y tantas otras situaciones complejas en las que estamos inmersos. No es extraño que se pierda la confianza en el ser humano y que cada vez haya más personas que están de vuelta de todo.

Cada uno en su circunstancia concreta ha de batallar con dificultades y crisis personales que pueden llevar al desencanto, a la desilusión. El desencanto es un sentimiento amargo producido porque no se alcanzan las expectativas que se habían generado en los distintos ámbitos de la vida: personal, familiar, eclesial, político y social. Según los datos que con regularidad publican diferentes agencias y consultorías, se va extendiendo por todo el mundo, especialmente en los países occidentales, el desencanto y la desconfianza respecto a los líderes políticos, económicos y sociales. En el ámbito eclesial se hace presente a veces cuando queremos que la Iglesia funcione con criterios meramente humanos, olvidando que es una realidad teológica, o en otras ocasiones a causa de las fragilidades y pecados de sus miembros.

Como nos recordaba el papa Benedicto XVI en la carta encíclica Spe salvi (cf. nn. 30-31), el ser humano concibe muchas esperanzas a lo largo de su existencia. Grandes y pequeñas; infantiles, juveniles y adultas; unas se refieren a realidades materiales y otras son de tipo cultural y espiritual; la esperanza de un amor grande y definitivo para formar una familia, de un proyecto profesional relevante, la adquisición de conocimientos, etc. Se convierten en centros de interés que aparentemente llenan las aspiraciones del corazón. Sin embargo, cuando estas expectativas llegan a cumplimiento, se comprueba que el corazón sigue insatisfecho. Ello es debido a que el ser humano necesita una esperanza que vaya más allá, que sea capaz de saciar su sed de infinito.

En la peregrinación de la vida necesitamos motivaciones, centros de interés, proyectos, ideales, esperanzas que en el día a día nos mantienen activados. Pero también las dificultades se hacen presentes con fuerza y son capaces de quebrar la ilusión y sumirnos en el desencanto. Por eso nuestras pequeñas esperanzas han de estar ancladas en una gran esperanza que sólo puede ser Dios; una esperanza que ilumina el camino, que ensancha el horizonte, que aporta una visión integral que nos permite ir entendiendo los misterios de la vida y acercarnos al gran Misterio. Dios es el fundamento de la esperanza; el Dios que ha creado todas las cosas, que se ha revelado, que ha salido al encuentro del ser humano. Con él podemos vivir la seguridad de que hemos nacido para la esperanza.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.